Muchas situaciones nos hacen añorar a nuestra pareja y una de ellas es la distancia temporal. Puede ser la de un viaje o tener la brevedad de lo que dura ir y volver del trabajo. Lo cierto es que la tecnología ha ayudado a acortar trechos.

Pocos podrían decir que no tuvieron alguna vez sexo telefónico, y ni hablar de lo que puede ser un intercambio de correos o una buena sesión de messenger. Pero si me preguntan qué tipo de contacto virtual prefiero cuando no estoy cerca de mi novio, remito la respuesta al gadget que me cambió la vida.

Desde hace un año tengo mi propio blackberry. Ese adminículo portátil —que es teléfono, receptor de correos, agenda y cámara a la vez— me ha abierto las posibilidades del mensaje inesperado y la insinuación casual al otro lado de la línea.

No necesitas estar frente a un computador, porque en el momento más inesperado recibo mensajes que me hacen sonrojar o enloquecer.

Yo lo retribuyo con una foto de un hombro destapado, un tacón alto, un escote o una rodilla; luego, de seguro, recibo en contraprestación una foto de sus abdominales... Y cada uno se va armando su propio mapa en la imaginación.

Encender la llama con un blackberry es de lo mejor que se puede hacer en pareja: es el sexo más seguro posible, ejercita el cerebro, puedes decirlo todo sin miedo y no hay sudores ni olores. Eso lo dejamos para después.

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