1.Nairo tiene una generosidad inmensa. Aunque da la impresión de ser hipertímido, nervioso, enfadado, siempre está dispuesto a firmar un autógrafo, a charlar, a hacerse una selfie con algún aficionado. Durante los entrenamientos, cuando cuando para en un pueblo por café, la gente aparece de la nada, y él tiene tiempo para atenderlos a todos. (Lea también: La bicicleta de Nairo)

A veces termina con dolor de espalda, porque lo cogen muy duro y tiran de él. En carreras es diferente: hay tanta gente, tanta pasión, que le pueden hacer daño. Recuerdo que al terminar la quinta etapa del último Tour de San Luis, en Argentina, estábamos en el punto de llegada cuando vimos a un niño que se acercaba corriendo. Entonces Nairo, quien había sufrido una caída y estaba muy adolorido, me dijo al oído: “Que no me toquen”. Y yo frené al chico, que iba con impulso a abrazarlo. La gente estaba brava, todos creían que no queríamos dejarlo saludar a su ídolo, no entendían lo que pasaba realmente. Esto se debe al delirio que despierta Nairo, a la emoción que hay a su alrededor.

Él es una estrella que no solo pertenece a Boyacá y a Colombia, sino al mundo entero.

2.Desde la primera vez que lo vi, noté que es un hombre predeterminado. Fue en abril de 2011, en Estella, un municipio de Navarra, en España. Al día siguiente se corría el Gran Premio Miguel Indurain, y yo, que iba precisamente a entrevistar al ya retirado Indurain —ganador cinco veces del Tour de Francia—, aproveché para saludar a mis amigos del equipo Colombia es Pasión.

Cuando llegué, estaban en plena comida Víctor Hugo Peña, Harlinson Pantano, Darwin Atapuma y el resto de sus compañeros. Y al lado, Andy Schleck, quien había ganado el Tour de Francia el año anterior. Todos lo miraban con curiosidad, querían ver cómo se comportaba el campeón, qué hacía. Bueno, no todos: Nairo no volteó la cabeza; se quedó comiendo, estaba concentrado, tal vez enfocado en la carrera. Al terminar, se paró y se fue a dormir. Eso demuestra que siempre ha sido un ciclista consciente de su valor. (Conozca el libro ‘Reyes de las montañas‘ de Matt Rendell)

3.Pocos saben que a veces Nairo se pierde por alguna callecita escondida apenas cruza la meta, después de una etapa muy dura. Necesita dos minutos para relajar el cuerpo, para bajar pulsaciones, para digerir lo que acaba de pasar. Hay que entender que él puede adentrarse profundamente en el dolor, tiene una resistencia profunda, una tolerancia muy alta al cansancio, y ese es su momento de recuperación; necesita privacidad y respeto.

Les dejo una escena, para que se den una idea de lo lejos que puede llegar en el esfuerzo: en la durísima etapa del Mont Ventoux de 2013, Nairo llegó de segundo, detrás de Froome, y, al cruzar la línea, solo alcanzó a decir “agua” antes de caer desmayado.

4.Nairo es tan fuerte que es capaz de competir al máximo nivel hasta enfermo. Ganó el Giro de Italia de 2014 estando al 80 %, pues tuvo gripadurante parte del recorrido. Y en la Vuelta a España del año pasado, quedó de cuarto a pe- sar de tener otro resfriado muy fuerte; eso fue tan heroico como haber quedado de primero.

Pocos entienden lo difícil que es enfermarse durante una carre- ra y no perder tiempo; pedalear durante cientos y cientos de kilómetros a un ritmo brutal con las defensas bajas y un malestar tremendo, para después, si se recupera bien, atacar. (Lea también: Así es un día de entrenamiento de Nairo Quintana)

5.En el Giro de hace dos años, Nairo ganó la etapa del Stelvio a pesar de que hacía un frío indescriptible en la bajada y, según contó alguno de sus coequiperos, hasta pensó en bajarse de la bicicleta porque sentía que se congelaba. Esa victoria tomó por sorpresa a muchos. ¿Cómo un tipo de un país tropical podía ganar en medio de un frío terrible? Es que mucha gente en Europa piensa que en toda Colombia la temperatura es de 40 grados, que el país entero es como Honda; no entienden que los ciclistas colombianos compiten en los Llanos, a temperaturas sofocantes, y en el Alto de Letras, con un clima opuesto.

Tampoco comprenden que Nairo creció en Tunja, donde puede hacer 4 grados en la madrugada, y 30 al mediodía. La verdad es que él tiene un don: si cae nieve, gana, pero si hace un calor de 45 grados, también.

6.Nairo  suele  atender a los periodistas con amabilidad, pero a veces hay unos muy pesados. Creo que las entrevis- tas después de las etapas son como un intercambio de regalos: el ciclista se toma el tiempo para responder, pero los periodistas deben hacerle preguntas válidas. En la última semana del Tour de Francia del año pasado, por ejemplo, los re- porteros le hicieron a Nairo la misma pregunta 60 veces seguidas: ¿Cuándo va a atacar al líder, Froome, para tratar de quitarle el liderato? Él trataba de responder con cortesía, pero la verdad es que no sabía la respuesta; nadie la sabía. Nairo, que es superinteligente en competencia, es consciente de que solo puede atacar cuan- do su físico le dice que está bien y las condiciones de carrera están dadas para hacerlo. Es como si le preguntaran a un futbolista cuándo va a hacer un gol, esperando que responda: en el minuto 53 del partido… y de cabeza.

7.Nairo nunca es cumplido, hay que aceptarlo. Si le dices que hay que estar en una conferencia de prensa a las 4:00, él llega a las 4:45. ¿Por qué? Porque apenas sale de la casa o del hotel, se pone a firmar autógrafos y a tomarse fotos con los fanáticos que lo abordan. Por su forma de ser, le importa más la gente sencilla que lo para en la calle que aquella que lo espera con micrófonos y cámaras. Imagínese cómo fue para un inglés como yo, que va siempre con el reloj, lidiar con eso. Al final, nos reímos del tema.

8.Cuando su hermano menor, Dayer, quedó campeón del Tour de San Luis, Nairo se veía más feliz que si él mismo lo hubiera ganado. De hecho, en esa misma competencia, el día de la caída de Nairo, apenas llegó, lo primero que hizo, antes de pedir que lo atendieran, fue preguntar si su hermano también se había accidentado y si estaba bien. Él es muy familiar.

9.La etapa del Terminillo, en el Tirreno Adriático  de 2015, terminó en la nieve. Nairo la ganó y, cuando nos montamos al carro para ir a la conferencia de prensa, le comenté: “Le hiciste a Contador lo mismo que él a ti el año pasado…”. Nairo sonrió y respondió: “El año pasado se reían de mí, ahora no”. Resulta que en la etapa del Passo Lanciano de 2014, Alberto Contador, uno  de  los  mejores  pedalistas del mundo, lo había atacado de la siguiente manera: aceleraba, se alejaba unos 40 metros,  se volteaba a mirarlo,  como invitándolo a perseguirlo, y cuando Nairo ya lo iba a alcanzar, aceleraba de nuevo.

Esa vez, Nairo lo siguió como 4 kilómetros, hasta que no pudo más. Pero en 2015 era Nairo el que se alejaba 50 metros, lo invitaba, y se le volvía a escapar, hasta que se fue del todo y ganó. Esto demuestra la inteligencia de Nairo: le pueden hacer un truco de ese estilo solo una vez, porque él no solo lo aprende, sino que lo estudia, lo mejora y lo pone en práctica.

10.Un dato final: a Nairo le gusta un coctel con aguapanela y roncito que venden en Tunja. Él claramente no es buen bebedor, por razones obvias, pero alguna vez fuimos a un bar allá y se tomó uno. Lo que no les puedo contar es cuántos se tomó el amigo inglés que firma esta nota, eso es secreto clasificado.

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