Alonso Sánchez Baute/El caballo alado Cuando despierta, Giovanni no recuerda nada. Sus amigos le cuentan que se comió tres pepas -Matrix, para ser más exacto-, que aspiró pupers, que fumó bareta, que conoció el k.
  
  
Julio Paredes/El regalo Nora se cruzaba con Ruth una o dos veces al día. Por lo general, se encontraban en el ascensor, de bajada al primer piso, o, al final de la tarde, en el vestíbulo de la entrada. Ruth vivía en el apartamento exactamente encima del suyo y en cada encuentro saludaba a Nora con una efusividad idéntica, como si llevara mucho tiempo sin verla.
  
  
Miguel Méndez/El emperador no tuvo noche buena Miró con desconfianza el sobre que en letra femenina decía ‘personal‘, y no traía remitente. Parecía una tarea colegial, por la caligrafía, y por los nombres y apellidos precedidos del respetuoso tratamiento de Honorable Magistrado Alejandro Severo Torres García.
  
  
Gonzalo Mallarino/Navidad en cali La Navidad en tierra caliente es distinta. Por mi barrio pasaba un río. Para empezar. Y los niños eran salvajes. Desaforados. Estaban en la calle todo el día y aprendían a valerse por sí mismos desde muy temprano. Desde chiquitos veíamos lagartijas. Arañas. Hormigas rojas. Y el río. Y las mujeres que lavaban en el río. Las mujeres negras.
  
  
Ricardo Silva Romero/Todo un magistrado de la corte Mi tía me ha contado esta historia unas seis veces. Y siempre que me la cuenta (porque, por supuesto, siempre olvida que me la contó), le agrega escenas inéditas, personajes desconocidos, determinantes efectos de sonido.
  
  
Óscar Collazos/Navidad en Estocolmo Salí de La Habana con 20 grados, temperatura benigna en una temporada ‘invernal‘ azotada por los vientos fríos del norte. Al llegar a Madrid, la temperatura oscilaba entre 10 y 5 grados centígrados. El viaje en tren de Madrid a París me iba envolviendo en una progresiva capa de frío.
  
  
Efraim Medina/El nombre del enemigo Habían pasado tres meses y catorce días desde que las vieron por última vez. Los testigos habían dicho que tres sujetos fuertemente armados habían obligado a su esposa y a su pequeña hija a entrar a un automóvil rojo y que la niña había perdido uno de los zapatos.
 
 
Carlos Castillo/La Navidad termina Nadie se pudo imaginar qué pensaba Ramón mientras pasaba horas enteras frente al pesebre de su casa, sentado en la silla enana para niños, que le había regalado su madrina.

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