Es la hora del descanso. El técnico que, más bien, es como el jefe de obra, nos dice que prefiere que sus muchachos jueguen y no que lleguen con sueño después del almuerzo a la segunda parte de la jornada.

No hay charla técnica, pero el jefe es el jefe y ordena que se distribuyan como quieran. Al más bajito lo dejan de arquero, le dicen “el Viejo”. Con sus ganas de jugar va a la puerta sin protestar. Tiene botas pantaneras y casco, no debe medir más de 1,50. El más grandote está del otro lado, 1,90 de estatura y unos 100 kilos de peso. Pienso por un momento en un mano a mano entre esos dos y prefiero esperar que la divina providencia no permita una catástrofe.

En el “calentamiento” ensayan tiros al arco y uno que otro le pega bien, pero la técnica es tan escasa como enorme el entusiasmo. Miro alrededor y me pregunto cómo puede haber una veintena de desprevenidos aficionados pendientes del inicio del partido. ¿Acaso están ahí por el partido? O también están tomando su descanso aunque a ellos nadie les critique que lleguen con sueño a sus trabajos.

Comienza el partido, y me llama la atención que cada uno ocupa un puesto en la cancha sin que nadie les diga dónde hacerse. El técnico está más preocupado por lo que hacemos nosotros afuera, que por sus dirigidos en el terreno de juego.

Por un momento, más parecía un partido de tenis sin raquetas, la pelota iba de un lado al otro pateada o empujada, no importaba. De inmediato pienso en lo que significa un balón de futbol en la vida de un ser humano. No hay que entender mucho para saber que este es un juego que consiste en meter ese balón en el arco contrario y no dejar que entre en el de uno.

No importa el orden, tampoco la técnica, mucho menos sabrán que es un sistema táctico. El balón es lo único que vale, lo demás no cuenta. Y entonces escucho: “Dele hasta que le salga callo, mijo”, “échela, échemela a mí”, “péguele un taponazo”... y de pronto hacen caso y llega el primer gol. No hay celebración, toca sacar rápido para hacer más goles, no hay tiempo que perder.

Le pregunto al técnico quién lo hizo y me dice: “Édgar, el del mármol”. Édgar ahora cojea. No fue un encontronazo con el más grandote, pero seguro el taponazo le sacó callo en una pierna y lo dejó engranado. Se queja pero no se sale. “El partido sigue y desprotegido en defensa recibe dos goles más. No aguanta el “dolor” y pide cambio. Sale cojeando. El técnico le dice, para darle ánimo, “es que usted no calienta, teniendo aquí este parque al frente y no viene a hacer ejercicio”. Sonó a vaciada. El viejo se sienta y como no hay masajista le toca a él mismo. La escena me conmueve. El viejo había ido a descansar del trabajo jugando y ahora podía haberse quedado sin trabajo. Nadie se da cuenta, el partido sigue.

Y como no hay normas, ni tiempo, ni puntos en juego, el técnico, o sea el jefe, dice que se acabó el recreo y que solo hay tiempo para la foto. Ni siquiera el momento histórico de ser fotografiados para una importante revista les saca de su interés en el juego y en pegarle a la pelota.

En una de esas, el desbordante entusiasmo hace que uno de ellos dispare a la puerta y la saque del estadio. Entre impaciente y preocupado, observo la trayectoria de la pelota. En ese momento pensé lo peor. Carros, motos, transeúntes por montones y edificios vecinos podían ser los receptores de semejante pelotazo. Milagrosamente la pelota rebota en el cemento y en un abrir y cerrar de ojos ya la tiene uno de nuestros jugadores que había ido a recogerla.

Pero ya no había tiempo, y como dice “mi compañero compañero”, se acabó “el toque-toque y final-final no va más”.

Después de ocho Mundiales de Fútbol, cinco Copas América, Suramericanos, Copas Libertadores, partidos de Champions, no me había tocado ver y comentar en serio un partido igual de serio que todos los anteriores.

Me quedó la misma sensación de siempre que veo fútbol; no hay otro deporte que produzca más pasión ni en el que lo ve ni en el que lo juega.

Jimmy Cuadros

Profesión: Instalador de ascensores

Posición: Delantero o, en su defecto, todero

Hincha de: Millonarios

Ídolo: La Gambeta Estrada

Alberto ‘el Chamo’ Currueda

Profesión: Celador

Posición: Arquero o delantero

Hincha de: Millonarios

Ídolo: James Rodríguez

Édgar Rodríguez

Profesión: Contratista

Posición: Mediocampista

Hincha del: América

Ídolo: Pelé

Giovanis ‘el Niño’ Julio

Profesión: Instalador de mármol

Posición: Delantero

Hincha del: Deportivo Cali

Ídolo: James Rodríguez

Gustavo Castellanos

Profesión: Instalador de ventanería

Posición: Arquero

Hincha de: La cerveza después del partido

Ídolo: El que más polas se toma

Alberto Ramírez ‘Pocancho’

Profesión: Electricista

Posición: La que le toque

Hincha de: Atlético Nacional

Ídolo: James Rodríguez

Germán Sánchez

Profesión: Técnico de ascensores

Posición: Multiusos

Hincha de: Millonarios

Ídolo: Juan Gilberto Funes

John Camacho

Profesión: Electricista

Posición: Delantero

Hincha de: Atlético Nacional

Ídolo: El Pibe Valderrama

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