Yo llegué a Pequeños Gigantes, porque Tony Navia, la directora del programa, me vio en un concurso intercolegiado de coros al que asistí con el colegio Sagrado Corazón de La Salle de Cúcuta. A mí me tocaba hacer un solo de una canción de Edith Piaf, y Tony quedó impresionada con mi talento y me pidió realizar un programa de televisión con cuatro canciones. Tenía nueve años y mi camino a la fama empezaba en ese momento.

Mis padres me apoyaron y nos vinimos a vivir a Bogotá. Dentro de los actores de esa época de Pequeños gigantes me encontré con personalidades como Carlos Vives, Mile, Fernando Garavito, Luis Fernando Ardila, y entre los pequeños estaban Carolina Sabino, Lina Díaz, Roberto Cano y Juan Sebastián Aragón. La experiencia de casi una década como integrante de ese elenco me sirvió para mejorar mis cualidades artísticas y para darme cuenta de que no crecí como un muchacho normal. Los ensayos eran extenuantes y grabábamos hasta los sábados. Muy temprano sentí lo que era la vida laboral.

El programa terminó al inicio de la década del 90 y Tony Navia ya tenía en mente la creación de Oky Doky.

Siempre fui muy vago en el colegio y terminé mi bachillerato en un centro de validación. Me decidí por estudiar dirección y producción de televisión, tenía 20 años y dentro del elenco de Oky Doky, era el mayor. Recuerdo que cuando me dijeron que me tocaba el sobrenombre de Coco me pareció curioso que todos nos llamáramos como frutas o verduras, pero yo era el líder del elenco y lo asumí bien.

La trama era sencilla: un grupo de muchachos se reunía en una casa para grabar un disco, y yo, por ser el "adulto", era el encargado de firmar los contratos. Bailábamos y cantábamos, y tratabamos de enviar un mensaje para incentivar a la juventud a hacer cosas buenas, ser buenos seres humanos, mantener la comunicación con los padres y amar el núcleo familiar.

Oky Doky fue un gran éxito, hicimos giras por todo el país y visitamos Ecuador. Todo el día teníamos que estar juntos y la convivencia siempre fue buena, nunca tuvimos problemas con la fama y puedo decir que la experiencia me dejó grandes amigos, como Lina, la hija de Tony Navia, quien hoy vive en Los Ángeles; Carolina Cuervo, que trabaja y le va muy bien en teatro en Bogotá, y Tomillo, una persona a quien le ha tocado duro.

De igual forma me pasaron cosas malas. Soy tímido y pasaba siempre por creído. Iba a una rumba y me querían pegar y levantar, la gente se tomaba a pecho los personajes, luego me conocían y la imagen cambiaba. Pretendían que uno fuera por la calle saludando a todo el mundo, yo evitaba problemas y me iba con mis amigos a las fincas a tocar guitarra frente a una chimenea y a estar con mi novia.

Luego de cinco años de vida de Oky Doky me cansé de jugar al adolescente y busqué otro rumbo. Desde hace ocho años vivo en Miami, me olvidé de la televisión, he hecho de todo y pude romper muchas estupideces que tenía en la cabeza por haber vivido el mundo de la farándula.

Actualmente estoy casado y tengo un niño de cinco años que se llama Gonzalito. Me convertí a Dios y voy a una iglesia cristiana hace algunos meses, en donde canto en el coro. Con un amigo trabajo en una empresa de limpieza de tapetes y pisos.

Aún la gente me reconoce y me saludan por mi sobrenombre de Coco, no me molesta y me recuerda que hice una carrera bonita, rodeado de gente buena y con cosas positivas.

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