Yo no entendía realmente quién era Sinatra, es decir, sabía que era cantante y famoso, pero para mí era solo uno más de los amigos de mi papá. Ahora lo recuerdo y pienso. “Dios mío, qué locura”. Pero esa es la belleza de los niños, que no se impresionan.

A los 9 años era famosa, al menos en América Latina y Europa. La balada On My Own, que cantaba mientras mi papá tocaba el piano, me lanzó a la fama. Don Costa, mi padre, era músico y productor, trabajó con Sinatra y Paul Anka. Desde pequeña estuve rodeada de artistas. Nací en Japón porque mi papá estaba participando en el Tokyo Music Festival y mi mamá, que estaba embarazada, quería estar a su lado. Así que se montó en un avión para acompañarlo y allá me tuvo. He estado de gira en Japón y me fascina.

La mayor parte de mi carrera infantil la hice con mi papá. Luego crecí, él murió y tuve que decidir qué tipo de artista quería ser y dedicarle tiempo y trabajo para continuar. Y eso es lo que he estado haciendo durante los últimos, no sé, trillones de años. Creo que a algunas personas les cuesta trabajo aceptar mi “yo adulto” porque les encantaba mi “yo infantil”. Les gustaba ese tema medio inocente de la niña cantando con su padre. Pero, al mismo tiempo, hay fanáticos nuevos que llegaron sin saber nada de mi carrera anterior, así que todo se balancea. He ido evolucionando: de las baladas que cantaba cuando chiquita he ido pasando por varios géneros, como el rock, el soul, el funk, el blues… No he tenido problema para sacudirme esa imagen infantil. Tiene que ver también con la larga pausa que hice, de unos diez años, entre mi producción de niña y la de adolescente, cuando empecé a escribir mis propias canciones.

Cuando era niña definitivamente quería descansar del trabajo, ir al colegio, estar con mis amigos, y hacer todas esas cosas normales. Luego, cuando me gradué del colegio, tuve que decidir qué quería hacer con mi vida. ¿Entro a la universidad? ¿Consigo un trabajo de verdad o todavía quiero seguir haciendo música? Obviamente quería seguir con la música pero de una manera más integral, así que aprendí a tocar algunos instrumentos y a escribir letras de canciones. Hice giras en camioneta y todas esas cosas que no había podido hacer antes. Fue casi como volver al colegio.

Tuve suerte porque no fui famosa en Estados Unidos. Yo iba a Europa, Suramérica o Israel, por ejemplo, y era muy popular. No podía caminar tranquila por las calles. Luego volvía a mi casa y era una niña normal. En el colegio nadie sabía ni le importaba qué hacía cuando me iba. Fue un buen balance entre la fama y la normalidad.

Me mudé a Australia tras graduarme del colegio porque me casé con Justin Stanley, un músico y productor de ese país. Lo conocí durante una gira por Alemania. Unos cinco años después nos fuimos a Estados Unidos y desde entonces vivimos ahí con nuestros dos hijos, una niña de 7 años y un bebé de 3 semanas de nacido.

Quiero que mis hijos sigan sus sueños. A mi hija le gusta mucho la danza, el arte y la música. Yo le digo: “Puedes ser cualquier cosa que quieras”, pero no la pondría a hacer nada hasta que salga del bachillerato, porque no creo que trabajar sea la mejor manera de ser un niño. Sencillamente no es divertido.

Durante un año hice Nikka’s Box, una especie de programa semanal que montaba en YouTube. Fue idea de mi mánager: cada martes publicábamos algo: cosas cómicas, algunas sátiras, unas veces teníamos invitados y otras solo aparecía yo cantando. Ha estado en pausa por un tiempo, pero quiero retomarlo porque es divertido.

No sé cómo dejar de hacer música. Después de On My Own, que salió en 1981, saqué Fairy Tales, todavía de niña. En 1989 y 1996 lancé dos más y luego paré hasta 2001, cuando salió Everybody Got Their Something, que hice con mi esposo. Después grabé dos CD más. Durante el embarazo estuve escribiendo. Definitivamente tendré listo otro álbum para el año nuevo. En unos meses volveré al estudio. Siempre haré música, es parte de lo que soy.

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