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Son las 7:00 de la noche y, como de costumbre de lunes a viernes, el padre Diego Jaramillo hace su arribo presidiendo un austero fondo azul en el que dos ramas hacen las veces de cruz. No es la misma cruz que usó el sacerdote eudista Rafael García Herreros durante casi 40 años, sino una réplica. La original, improvisada por un trabajador de Inravisión un día en que no pudieron usar el estudio donde estaba la cruz de siempre (hecha, literalmente, como Dios manda) se encuentra en el museo dedicado a García Herreros, en el barrio que lleva el nombre de esa enorme corporación surgida a punta de minutos de reflexión televisiva —más o menos 15.000 en 58 años al aire— y de Banquetes del Millón, cena de recaudo compuesta por el caldo y el pan más caros del mundo.

El programa de hoy se remite al creciente número de alumnos que alberga de manera presencial y a distancia la Universidad Minuto de Dios, alrededor de 100.000 almas. “Dios trabaja de manera que supera los cálculos más optimistas”, dice el sacerdote. Las palabras han sido grabadas en formato de video 5x5 el lunes inmediatamente anterior a su emisión. Esa tarde, para el segmento de otro día, el padre Jaramillo habla de los 3000 albergues temporales que han erigido para los afectados por el invierno, con alguna explicación por la demora en su instalación.

En total se han grabado 11 minutos 16 segundos de los cuales hay que extraer cinco minutos, uno por emisión. Por cada programa hay dos tomas, entre las cuales se elige la mejor. Y eso también es literal: El minuto de Dios puede ser el único programa en el mundo que por 59 años siempre se ha hecho y emitido en un único plano secuencia. Hitchcock se mordería un codo.

Aquellos tiempos en que el programa se alargaba más de lo que prevé su nombre —un minuto de Dios equivalía en tiempos del telepadre García Herreros a unos cinco— se han acabado por cuenta de un lineamiento muy específico de la desaparecida Comisión Nacional de Televisión. El recuerdo de aquella emisión que duró media hora en la década del noventa, cuando García Herreros medió en la entrega de Pablo Escobar y buscó acercarse al ELN hablándole a la distancia al cura Manuel Pérez, es ahora eso, recuerdo.

En el claustrofóbico cuartico estudio de la productora Lumen 2000, en el barrio que lleva el nombre de esta iniciativa hecha corporación, apenas caben el camarógrafo y el padre Jaramillo. Son jornadas de premura si se las compara con las holgadas tardes de emisión en vivo en las que García Herreros comenzó, en enero de 1955, a llevar un breve mensaje diario de reflexión y paz, en un espectro que iba del “Jesús dijo amaos los unos a los otros” al “yo les pido a los jóvenes que no bailen Lambada”.

“En ese entonces, el padre llegaba temprano a los estudios de San Diego, hacía el programa y se quedaba viendo a Juan Guillermo Ríos en el Noticiero de las Siete”, cuenta René Rodríguez, productor de Lumen 2000, parte del equipo del programa desde 1987. Era otra época, se empleaba un teleprompter hechizo con un retroproyector dañado sobre una cámara obsequiada por el periodista Arturo Abella.

Aparte de haber erigido un barrio completo con colegio, teatro, universidad y museo propios, la obra de la Corporación Minuto de Dios sigue siendo pródiga en obras y en buenos recuerdos del telepadre. El rictus solemne con el que aparecía en su espacio siempre le dio fama de ser hombre de irreductible seriedad. “Pero pocas cosas lo hacían reír más que ver a Hugo Patiño imitándolo en Sábados felices”, asegura el director de Lumen 2000, Tato Patiño. Y sí que lo sabe: por una casualidad celestial, este hombre, que va con el padre Jaramillo de arriba abajo, es, ni más ni menos, hijo del famoso Príncipe de Marulanda. “Una vez el padre se topó de frente con mi papá en Inravisión, disfrazado como él. Por supuesto, rompieron en carcajadas e intercambiaron ruanas”.

Hoy, el padre Jaramillo, quien asumió las riendas de la Corporación Minuto de Dios desde el fallecimiento de García Herreros en 1992, resuelve el programa con total practicidad: lee, repite y se va. Luego sus productores sacan copias en seis betacam para los canales privados, dos DVD para los canales HSB y Cristovisión, y copias adicionales para la señal de TV Familia de Venezuela, entre otras.

Ya no son las 7:00 de la noche. La lectura de esta nota acaso habrá tomado cinco minutos. Suficiente para plantar cara de nuevo ante el televisor. Ya se ha acabado El minuto de Dios y hay que enfrentarse con los horrorosos titulares de los no menos horrorosos noticieros privados. Es ahí cuando nos invade de nuevo esa necesidad de paz que nos lleva a poner en manos de Dios este día que ya pasó y la noche que llega.

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