Seis relatos y una novela breve componen este volumen, del que ya publicamos un adelanto en el número anterior de SoHo ('Nuestro Melrose'). Están llenos de humor y de buena onda, de narradores y narradoras creíbles y graciosos, como esa mujer que cuenta la historia de su padre, un bacán irresponsable, en 'El gran Rafa': "Agarré una fama terrible en el barrio porque una pendeja llamada Natalia Viveros se puso de su lado y me hizo la guerra. Las dos se encargaron de decirle al mundo entero que yo era una gata, una perra, una zorra, un gurre y una babilla". Estos narradores son todos como buenos amigos que nos están contando sus anécdotas en una tarde mientras compartimos con ellos una cervecita: mantienen un tono amable, con guiños a quienes estamos por encima de los 30. Y ese tono nostálgico, además del humor y el ritmo ágil, es la otra gran virtud de esta colección de historias: recordamos costumbres de barrio, juegos adolescentes, reuniones familiares... esa época cuando los papás todavía tenían pelo y las mamás gozaban de otra oportunidad sobre la tierra para rehacer la vida después de la separación o la viudez. Si me preguntan por mi pieza favorita me demoraría porque todas me gustaron (quizá la que menos sea 'Retrato de familia con Papá Noel', aunque también tiene su gracia), pero escogería la novela breve que cierra el volumen y le da su título: la historia de una señora entrada en los 50 que trabaja como empleada doméstica en una casa de ricos en Miami es una verdadera obra maestra. Bien por Antonio García, y no alabo su libro porque el autor sea columnista de esta casa: lo hago porque ha confeccionado un muy sabroso libro de relatos.


Pecar como Dios manda
Roberto Palacio
Planeta

Este libro se inscribe en la tradición del inteligente y puntilloso ensayo inglés clásico, que tan bien cultivaron William Hazlitt, Oscar Wilde o George Bernard Shaw: erudito al tiempo que claro, humorístico al tiempo que profundo. Se revisan aquí las costumbres sexuales en tiempos prehispánicos, el comercio sensual de los conquistadores mientras iban descubriendo y arrasando este pobre continente y los correveidiles de alcoba en épocas coloniales. Roberto Palacio ha leído cantidades asombrosas de libros de historia colombiana, documentos antiguos, relatos y crónicas de Indias y de blancas para construir esta deliciosa historia sexual de los colombianos. Las descripciones que algunos cronistas de Indias hicieron sobre las mujeres que encontraron acá, las cartas donde los conquistadores hablan de sus concubinas —que todos las tenían y las portaban en sus expediciones—, los versos de letrados y las cartas del clero y de laicos se citan con profusión y en el lugar preciso para condimentar y mostrar lo que el autor va afirmando. No todo era como pensábamos: los conquistadores no eran tan apóstoles, los sacerdotes no eran tan piadosos, las indias no eran tan putas. Creo que todos hubiéramos querido que la historia de nuestro país se nos hubiera contado de esta manera en el colegio. Y hay más: en la introducción el autor nos cuenta que prepara otros dos volúmenes.


Maestros del arte
Popular colombiano
VVAA
Suramericana

Este libro de gran formato comienza con una historia breve y amena del trabajo artesanal en los periodos prehispánico, colonial y republicano, a cargo del antropólogo Édgar Bolívar. Luego, separados por especialidades, se incluyen testimonios y fotografías de artesanos así como una muestra amplia de su trabajo. Barniz de Pasto; talla en madera del Amazonas y el Putumayo; cestería de Córdoba, Sucre, Cesar y Atlántico; orfebrería de Mompox y Santa Fe de Antioquia; alfarería y cerámica de todo el país, entre otros, están bien descritos aquí por algunos cultivadores, casi siempre olvidados o no reconocidos. Esta obra, editada por Suramericana como parte de la celebración de sus 65 años, funciona como libro decorativo, ilustrativo y al tiempo como catálogo o guía: quien quiera va a encontrar aquí ideas para decorar, lo mismo que muestras de trabajo artesanal que pueden ayudarle cuando quiera comprar algo. Y no creo que decir esto sea pordebajear el libro, al contrario: es considerarlo útil. Es de lamentar, eso sí, la baja calidad de algunas reproducciones fotográficas, así como el diseño, la tipografía y la corrección: faltó algo de cuidado, y se le escapan a los textos y a algunas fotos unos errorcillos que no deberían estar en un libro tan suntuoso.

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