Puedo decir que la parte que más me gusta del día y la que más me emociona solo comienza cuando cae la noche hasta tipo 2:00 o 3:00 de la mañana. Soy astrónomo sin título y todo lo que sé sobre el espacio lo he aprendido por mi cuenta, leyendo todo tipo de libros y estudiando el cielo noche a noche desde hace más de 18 años. Trabajo como docente universitario de Astronomía durante el día, y por la noche dirijo visitas guiadas en el observatorio astronómico del desierto de la Tatacoa, en el Huila.

Esta noche, por ejemplo, tuve un grupo de 15 turistas, colombianos y extranjeros, que vinieron con la idea de ver el cielo que cubre esta parte del país, que, sin duda, es uno de los mejores puntos para ver estrellas en Colombia. El cielo aquí siempre ha sido alucinante, pero las visitas de turistas solo comenzaron a darse con frecuencia desde hace 14 años, cuando se inauguró el observatorio astronómico del desierto después de muchos esfuerzos, aunque hoy sigue inacabado.

Sin embargo, eso no ha sido un impedimento para que se pueda disfrutar del espectáculo del firmamento nocturno. Por el contrario, con el tiempo las visitas han aumentado y el observatorio está incluido como un plan obligado en guías como Lonely Planet, que consultan la mayoría de turistas actualmente. En ocasiones vienen grupos de más de 100 personas, pero si llega uno de dos o cinco, también los atiendo.

Hoy, como de rutina, empecé a eso de las 7:00 p.m. con un recorrido breve para mostrar el lugar. Luego, en la terraza, miramos las estrellas durante dos horas mientras explico cada uno de los fenómenos estelares más frecuentes: las novas, las supernovas, las nebulosas, los sistemas solares. Generalmente, hablo de conceptos básicos de la observación del cielo, su nomenclatura y sus medidas. También, sobre cosmología, evolución estelar y la edad de las estrellas, y terminamos con mitología, que fue el principio griego de la cartografía celeste.

Después, a eso de las 10:00 de la noche, comenzamos a ver los astros más taquilleros gracias al telescopio, como la Luna, Saturno con sus anillos o la inmensidad de Júpiter. Puede parecer acartonado, pero en realidad no lo es: cualquiera que mire el cielo de la Tatacoa por un momento queda fascinado. Los turistas siempre terminan satisfechos, como en esta noche. Luego, me tomo un descanso para un café. Si alguno quiere acompañarme, puede quedarse a fotografiar el firmamento y medir el nivel de oscuridad del área por medio de un sistema llamado Sky Quality Meter.

Al otro día tendré que madrugar para estar a tiempo dando clases a las 7:00 de la mañana, en Neiva, que queda a una hora del desierto, pero no importa. Lo que más espero es volver a observar el cielo y ver si ha cambiado en algo, o si sigue como lo dejé la noche anterior.

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