A mis tres hijas las he adorado y siempre me he llevado muy bien con ellas. Viviana es la de la mitad y recuerdo que desde pequeña siempre fue una niña muy juiciosa, cumplidora con el estudio, organizada y obediente. Yo siempre me mantenía pendiente de ella, que primero estudiara y que cumpliera las reglas de la casa. En su adolescencia se la pasaba con las amiguitas del barrio e iba a las fiestas de la cuadra. La hora de entrada era a las doce de la noche y en eso nunca falló. De mis tres hijas, Viviana es la más respetuosa. Siempre dejé que el aspecto de amistades y novios lo manejara mi esposa. Creo que ella tiene más ojo para eso. Yo apoyaba a mi esposa cuando le decía que un hombre no le convenía, y yo era el diplomático para mediar en esa situación. Lo que sí puedo decir es que mi hija siempre ha sido muy selectiva en sus amistades.

Nosotros vivíamos en el barrio Las Brisas de Medellín y los miembros de la Junta de Acción Comunal la eligieron para que representara a la comuna Noroccidental. Viviana ganó el concurso y clasificó para el Reinado de las Flores, en el que quedó segunda. Su belleza es innegable, y entiendo que se apoye en ella para crecer más y más.

Mi hija se volvió famosa y le empezaron a salir contratos para carátulas de discos y folletos de ropa interior. Yo tengo sesenta años, soy antioqueño y no soy machista. La clave para sobrellevar todo esto es que siempre he sido una persona con un pensamiento liberal, a diferencia del pensamiento hipócrita que se maneja en la sociedad. En este país criticamos que una persona salga en una revista con los senos al aire, mientras que permitimos que nos invada la corrupción en la Iglesia, la política y otros ámbitos.

Mi hija se fue a vivir a Bogotá y eso me dio muy duro. Soy consciente de que ella tenía que hacer su vida. Un día me dijo que la habían llamado para ser la Chica Playboy y a mí eso no me sonó por los prejuicios que tenía con esa revista. Con el tiempo fui asimilando la situación. Cuando miré por primera vez las fotos de Playboy me impresioné pero quedé tranquilo al ver que eran artísticas y no vulgares. Ya empezaban a hablar de ella por todo lado. En el barrio me decían que veían a mi hija en revistas y publicidades, pero nunca noté malicia y me hablaban con respeto. Al tiempo llegaron amistades distintas, de más plata, ya no eran los amigos de la cuadra. Pero siempre he confiado en mi hija y sé que ella sabe con quién anda.

Viviana nunca se agrandó y no ha dejado de ser la mujer noble, humilde y tierna que siempre he conocido. Todos los días nos llama y a nivel económico les ayuda a sus hermanas y a su mamá. Como padre me siento muy orgulloso de ella. La admiro porque ha sido berraquita y ha salido adelante por sí sola, incluso ahora va a lanzar una línea de ropa para dormir. No ha sido fácil, los hijos crecen y forjan su camino, pero en el caso de mi hija, puedo decir con tranquilidad que cumplí bien con la misión de padre.

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