Una avanzada cámara que puede tomar la cara de dos personas y predecir cómo sería un hijo de ambos a los cinco años; un robot que dibuja a un humano con la misma técnica de un pintor renacentista; un sistema que puede disminuir los accidentes de tráfico al descifrar a dónde mira el ojo de un humano mientras maneja un carro y habla por celular. Cosas que en otros lados de la tierra no hemos visto, pero que en Corea del Sur son una realidad.

La coreana es una civilización fundada dos mil años antes de Cristo, que ha sido ocupada por extranjeros, dividida en Norte y Sur por el paralelo 38, que ha vivido guerras que la han desgarrado y que hace cuarenta años tenía un PIB inferior al de Colombia. Hoy es la decimotercera economía más grande del planeta, el tercer país con mayor número de usuarios de internet y el líder mundial en construcción naval. Corea del Sur fabrica carros, productos para el hogar, televisores, celulares, computadores y cuanto aparato electrónico exista o vaya a existir.

Costumbres en el paralelo 38

En Corea del Sur está Shinsegae, la tienda por departamentos más grande del mundo según Guinness; la edad de una persona se empieza a contabilizar desde el día en que fue gestado; es tan difícil encontrar un pordiosero como una basura en la calle o alguien que pite. Los carros son en su mayoría blancos, negros o plateados, señal de buen gusto. Así, un auto rojo es una rareza. Los coreanos son aficionados al karaoke y al cigarrillo, tanto que un fumador promedio puede fumarse hasta cuatro paquetes al día. El adulterio es tan mal visto que un infiel es protagonista de todos los diarios y puede terminar en la cárcel. Beso se dice popo y galleta, caca, así que no hay que sorprenderse si un coreano pide un popo y una caca.

Seúl, su capital, es una ciudad de doce millones de habitantes —poco menos del doble de Bogotá— con la tranquilidad de una villa y donde no se ve un trancón vehicular. Un apartamento para dos personas puede costar medio millón de dólares y el edificio principal de la oficina de correos es una construcción tan imponente como moderna, pese a que la gente prefiere cada día más el correo electrónico a las cartas.

Con sus 237 metros, la torre de Seúl es la décima más alta del mundo y desde su cima se domina toda la ciudad. En los inmensos ventanales están inscritas las distancias a las que están las principales ciudades del planeta. Según la torre, Pyongyang, la capital de Corea del Norte, está a 193,6 kilómetros, y Bogotá se encuentra a 14.848. Ni uno menos.

En Corea está también el paralelo 38, hijo de la Guerra de Corea, 151 kilómetros de frontera militarizada que separa el norte del sur. Mientras en el sur la gente tiene bienestar, en el norte se mueren de hambre. Pero como todos son coreanos al fin y al cabo, los del sur mandan todos los meses ropa, alimentos enlatados, medicina y dinero a sus necesitados compatriotas del norte.

El orgullo coreano

Corea del Sur se ha hecho grande gracias a multinacionales que venden millones de dólares al año en todo el mundo. Una de ellas, LG, a la que todos conocen por su eslogan, Life‘s Good (la vida es buena). LG nació en realidad de dos empresas, Lucky y Goldstar. La primera creció a fuerza de jabones y crema dental, la segunda se enfocó en aparatos eléctricos y fabricó el primer radio hecho en Corea (1959), el primer televisor (1966) y la primera grabadora (1973).

En su planta de Paju fabrica LCD en un área totalmente robotizada del tamaño de seis canchas de fútbol y operada por apenas 17 personas. Paju tiene 4,5 kilómetros cuadrados de área y está a 16 kilómetros del paralelo 38. Desde unos telescopios instalados en el último piso se puede ver la frontera dividida, varias garitas y las banderas de Corea del Sur y del Norte.

El centro de investigaciones es un búnker al que no se permite la entrada con cámaras ni celulares. Adentro han montado una casa con todo tipo de productos, desde aspiradora hasta hornos, todos marca LG, y laboratorios para desarrollar, entre muchas otras cosas, un sistema de televisión en tercera dimensión sin necesidad de ir a cine, ni de usar unas ridículas gafas con un lente azul y otro rojo. Naves espaciales que se salen de la pantalla, puñetazos que hay que esquivar; 3D para todos.

La sala de ocio de quienes inventan todo es como una inmensa juguetería con sillas y mesas de colores, y un inmenso árbol artificial del que cuelgan fotos polaroid, dulces y bombas infladas. Más formal que el cuartel de los inventores, la sede principal de la empresa son dos sobrias torres gemelas en las que trabajan unas 10.000 personas. Está frente al río Han, que parte a Seúl en dos y es el más importante del país.

Hace unos años, nadie quería algo hecho en Corea porque era de dudosa calidad. No es necesario aclarar que ahora sucede todo lo contrario. Basta con entrar a la casa, o al garaje, y ver cuántas cosas de las que tenemos han sido fabricadas allá. Pura calidad de vida. ?

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