Hace más de tres meses que voy al psicólogo. Psicóloga en realidad. Creo que me quiere abandonar. La estoy volviendo loca, seguro. Mis problemas vuelven loco a cualquiera. Yo tampoco sé cómo tratarme. También me voy a abandonar. Pero la culpa no es mía. Nunca es mía, obviamente. Ustedes, las mujeres, me han vuelto un paranoico.

Bueno, ustedes y mis amigas. Esas arpías chismosas y envidiosas que vienen a hablar mierda de sus amigas y a contarme sus miserias con los hombres.

“¡Uy! Si José hablara con una mujer en una discoteca y no conmigo, ya le hubiera terminado hace rato”, me cuenta una de ellas sobre el novio de una de sus compañeras de trabajo. La misma a la que el novio le ha puesto los cuernos en varias ocasiones y ella, a modo de venganza, cuatro veces por cada cacho. Eso sí, lo ha hecho (y lo seguirá haciendo) sin que él se entere porque así puede recriminarle por cualquier cosa cada vez que le dé la gana argumentando que él le fue infiel primero.

Lea a otro perdedor: ¡Abandonado y viviendo con la mamá!

Creo que la mayoría de mujeres que me rodean están tan aburridas con su vida que no ven el gran hombre que tienen delante (su novio o yo, según se mire) y solo buscan boicotearle y de paso boicotearme a mi también. Mi psicóloga me dice que a mi me pasa lo mismo. Lo llama “el síndrome de la insatisfacción crónica”.

Por ejemplo, el otro día hablando con una de ellas:

-”¡Ay, no! Quiero dejar a Camilo. Todo el rato hablando de fútbol y queriendo que le acompañe al estadio a ver un partido.

-¿Y eso no es bonito? Quiere compartir contigo su afición. Peor sería si no te lo propusiera, ¿no?

-No. Es un egoísta.

Fin de la conversación. Tratar de dialogar con ellas sobre lo que es egoísmo masculino y lo que no lo es es una pérdida de tiempo.

Luego están las que siempre acaban con hombres malos, a pesar de que yo les diga una que yo las voy a consentir mejor. Pues no, siempre acaban con ese hombre con cara de ñero que lleva un cartel luminoso en la espalda que dice: “Hola, me llamo Camilo, no quiero comprometerme, no quiero una relación y me gusta coquetear con todas. Te voy a hacer mucho daño porque me voy a ir con la primera que se cruce en mi camino si está más buena que tú”. Parece que ellas son las únicas que no ven que ese cartel, ¡bobas!.

Más pereza aún cuando, días después, viene tu amiga a llorarte por esta “relación frustrada” que de relación no tenía nada y de frustrada tampoco, porque todo estaba bastante claro, ¡boba!.

Le he contado esto a mi psicóloga una y otra vez. Ella me mira con cara de: ¡Andrés Felipe, deje de juntarse con esas arpías, que no todas las mujeres son malas, por Dios y sáquese una novia! Pero, ¿quién la cree? Malas, son malas. 

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