¿Cuándo se inicia en el mundo del periodismo?

Yo trabajaba como técnico de histopatología (la persona que prepara las muestras de las biopsias para el médico patólogo) en un hospital de Tuluá. Un día se presentaron dos vacantes en las emisoras de RCN en esa ciudad y me metí como locutor control, en 1976. Desde entonces he estado en varias emisoras del país. Estuve en una de Zipaquirá, donde parte del sueldo era leche de una vaca que yo mismo tenía que ordeñar. Desde hace 23 años me vinculé al diario El País como su corresponsal en Buenaventura. Colaboro con periódicos locales y el diario Q'HUBO. Actualmente en radio realizo un espacio de humor político llamado El abejorro; a pesar de los problemas que me ha traído, lo mantengo al aire, metiéndole autocensura.

¿Cuál ha sido el momento más difícil en su profesión?

Con la llegada de los paramilitares a los barrios de Buenaventura la situación de orden público se complicó mucho. Las amenazas e intimidaciones fueron constantes. Me llamaban, me esperaban a la salida de mi casa, me abordaban en la calle o llegaban hasta las oficinas del periódico.

¿Qué les molestaba?

El cubrimiento de sus hechos sangrientos. Han sido muchos los asesinatos cometidos, más de 2.500 desde el 2002, que yo he estado denunciando públicamente. No solo denuncio las masacres de ellos sino también de otros actores como la guerrilla de las Farc o el narcotráfico. Un día publiqué una lista de paras capturados por la Armada, y al otro día los tipos estaban sueltos. Lo primero que hicieron fue declararme objetivo militar.

¿Cómo eran las amenazas?

Además de llamarme colaborador de la guerrilla, de insultarme, o de amenazarme, hubo momentos en que temí por mi vida. Una vez en que salía de mi casa hacia la emisora —eran como las cinco y media de la madrugada— dos tipos en una moto se me atravesaron y me sacaron una arma. Ese día me salvé porque una persona que era como amiga de ellos les gritó "dejen al periodista, que él no tiene nada que ver". En esos días denuncié el caso ante la Fiscalía e iniciaron algunos operativos.

¿Hubo momentos críticos?

Recibí tantas amenazas que entidades como la Flip conocieron mi caso y me ayudaron con el Ministerio del Interior para entrar a un programa de protección a periodistas, en el cual me colaboraban con un subsidio económico, se me dotó de un radio Avantel y hasta de un chaleco antibalas. La ayuda no se volvió a dar, pues según un estudio técnico del Ministerio del Interior se consideró que yo no corría ningún riesgo.

¿Ha pensado en retirarse del oficio?

Nunca. Es difícil no poder desplazarse libremente en Buenaventura, pero hago hasta lo imposible para conseguirme la información. En un momento dado acudí a pedir refugio en la embajada canadiense pero no terminé aplicando, pues según ellos no había una justificación verdadera.

¿Qué piensa del Premio al coraje que le otorgó Publicaciones Semana?

Sentí una gran emoción, me impactó, sobre todo porque siempre he tenido por Orlando Sierra una admiración por su valentía al escribir en La Patria de Manizales. Pero también me asusté, pues no lo tenía en mis planes, yo solo participé con un trabajo en la modalidad de prensa.

¿Por qué se asustó?

Por esa notoriedad de la que he querido estar alejado y que ahora me llegaba, porque se pueden despertar los odios hacia uno como periodista de parte de personas que se han sentido afectadas por el cumplimiento de este sagrado oficio de informar.

¿Qué sigue ahora?

Seguir trabajando, tratando de hacer un buen periodismo. Lo del premio es un estímulo, una motivación a protegerme, a mantener un contacto con otros periodistas del país.

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