Primero lo primero: ¿Qué significa Estado Islámico (EI)?
Es importante entender que el Estado Islámico (o Isis, por su sigla en inglés) es mucho más que un grupo terrorista, a pesar de que por estos días haga temblar a Occidente por cuenta de distintos atentados en Europa. De hecho, que tenga la palabra “Estado” en su nombre hace ya una gran diferencia con grupos como Al Qaeda, pues implica que está establecido en un territorio y que busca expandirse por medio de la fuerza. Ese modelo se llama califato.

¿Y qué es eso de califato?
Es una forma de Estado dirigido por quien, en teoría, debe ser el líder político y religioso de los musulmanes en el mundo. Para que lo entienda mejor, el califato es un sistema de gobierno que se estableció tras la muerte de Mahoma, en el año 632, para continuar el sistema religioso instaurado por el máximo profeta del islam. Ha habido seis gobiernos de este tipo; el último de ellos, en Turquía, fue abolido en 1924. Por supuesto, el del Estado Islámico no es reconocido legalmente, sino que es, digamos, una especie de Estado paralelo, ubicado entre Irak y Siria.

¿Cuándo empezó a sonar el Estado Islámico?
Desde el 29 de junio de 2014, cuando Abu Bakr al-Baghdadi, de 45 años, se proclamó califa —o líder máximo— del nuevo Estado Islámico y exigió la obediencia de los musulmanes en todo el mundo. EI empezó invadiendo la ciudad de Samarra, en Irak, el 9 de junio de 2014, y ese mismo día se apoderó de la cercana Mosul. Desde entonces, el EI ha venido expandiendo su territorio al invadir y controlar ciudades como Tikrit, Faluya y Tal Afar, en Irak, y Raqqa, en Siria. En los últimos meses, el grupo ha sufrido algunos reveses por cuenta del ejército sirio, que, apoyado por países de Occidente, viene recuperando ciudades como Palmira y Al Hawl. De hecho, hace apenas unos días, Estados Unidos anunció que había “dado de baja” en un bombardeo al número dos de la organización, Abd ar-Rahman Mustafá al-Qaduli.

¿Y qué es lo que busca el EI?
Para ser concretos, su objetivo declarado es unir bajo su control todas las regiones habitadas por musulmanes, y por eso sus líderes han prometido “romper las fronteras” del Líbano y Jordania para “liberar a Palestina”. Y eso es apenas el principio…

¿Por qué son tan violentos sus miembros?
Lo que pasa es que el Estado Islámico se caracteriza por una interpretación fundamentalista del islam. Por eso impone sin piedad la Sharía (su código de conducta) y ordena desde ejecuciones públicas —entre ellas, esas terribles decapitaciones que circulan por internet— hasta crucifixiones masivas de cristianos, adultos y niños, que se niegan a convertirse al islam.

Mejor dicho, quieren imponer a la fuerza el islam…
Por ahí va la cosa, y por eso Occidente es motivo de su odio. Tenga esto en cuenta: desde hace varios años, el Estado Islámico lanzó una yihad global, lo que en términos sencillos significa una “guerra santa para extender la ley de Dios” y defender el islam. Para los fundamentalistas islámicos (ojo: no todos los musulmanes son fundamentalistas, así como no todos los colombianos somos narcos), los occidentales son vistos como “infieles” y su forma de vida es despreciada, repudiada y condenada.

¿Pero en qué momento el EI se convirtió en una amenaza tan miedosa?
El Estado Islámico no es nuevo. La historia es larga, pero para hacerla fácil digamos que apareció en 2003 como un grupo que, junto a Al Qaeda, ayudó a combatir a los gringos en la invasión a Irak. Entonces se llamó Organización para el Monoteísmo y la Yihad. Con el tiempo se estableció en Irak, pasó a llamarse Estado Islámico de Irak, y más adelante, durante la guerra siria, Estado Islámico de Irak y el Levante. En 2014 llegó Abu Bakr al-Baghdadi (¿se acuerda?, el que se autoproclamó califa) y radicalizó la vaina. Otra forma de llamarlos es Daesh, que molesta a los terroristas por su carácter despectivo ya que, en árabe, puede significar “algo que aplastar o pisotear”.

¿Qué tan fuerte es, entonces, el Estado Islámico?
Es difícil decirlo con certeza, pero según cálculos del Soufan Group, un instituto de inteligencia con sede en Nueva York, el Estado Islámico tiene ya más de 27.000 combatientes (casi cuatro veces el número de guerrilleros que tienen las Farc). Lo sorpresivo es que durante el último año se le ha unido gente proveniente de ¡86 países!, entre ellos —sí, créalo— Estados Unidos, Inglaterra y la mismísima Francia. Ahora, si hablamos de armamento, hay que decir que están muy bien dotados.

Un momento… ¿de dónde sacan tanto billete para financiarse?
Básicamente, de tres frentes: actividades criminales como la extorsión, el contrabando y el secuestro; los “impuestos” que les exigen a los habitantes, y el petróleo y el gas que tienen en los territorios que controlan. Hay distintos cálculos sobre su extensión, pero se sabe que oscila entre 40.000 y 90.000 kilómetros cuadrados en Irak y Siria; para que se dé una idea, un país como Suiza tiene 41.000 kilómetros cuadrados. Se calcula que el EI tiene un patrimonio de más de 2000 millones de dólares en efectivo.

Entonces, ¿qué va a pasar? ¿tenemos que seguir muertos de miedo?
Aunque el ejército sirio ha comenzado a replegar al EI con el apoyo de Occidente, los ataques terroristas son muy difíciles de impedir: ni siquiera los controles policiales más estrictos han logrado prevenirlos. Tal y como va la cosa, el futuro no es muy alentador. Por desgracia.

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