Y encima en el país de la silicona, del culto al cuerpo perfecto. Y conste que no tengo nada en contra del cuidado del cuerpo; de hecho, desde que tenía 18 años me acostumbré a ir al gimnasio, eso me ha ayudado a mantenerme bien a mi edad.

Pero aunque suene algo trillado, los años hacen de las suyas, por más que pensemos que estamos como de 20 cuando nos miramos al espejo. Yo estudié Psicología, y creo que como con la anorexia, donde se tiene una percepción del estado de gordura diferente a la realidad, debe existir un nombre para lo mismo pero referente al paso del tiempo. Porque la verdad yo no me siento tan diferente físicamente a cuando tenía 28 años. Pero sé que es así.

"¿Cómo vas a salir en SoHo?", "¿qué va a pensar la gente?", "una verdadera actriz no necesita hacer eso", fueron algunas de las frases que me dijeron amigos, y alrededor de las cuales nos enfrascamos en discusiones al amparo de algunas copas de vino. Todo es relativo, y una vez que tuve el beneplácito de mi esposo —quien más o menos me dijo: "Y usted, ¿por qué no hace eso de una buena vez?"— y el de mi hija, quien me abrió los ojos mientras decía algo así como "¡¿Tuuuuu

!", pasé a lo siguiente: mis papás.

Porque no importa qué tan "grande" sea, para mí su opinión sigue y seguirá contando. Mi mamá me dijo "Ah, ya", y mi papá murmuró algo que no entendí, pero conociéndolo sé que no era reprobación. Y es que desde muy joven he ido contra la corriente. He tenido la fortuna de estar rodeada de gente que me deja ser y entiende que soy obstinada. Creo que soy libre y eso me ha llevado a hacer y disfrutar de muchas cosas, aunque otros piensen que no está bien o que pueden ser riesgosas. Las hago porque quiero, porque puedo, y esa soy yo. Por eso hice estas fotos.

La edad me ha regalado muchas ventajas: a veces digo cosas que ni yo las creo después, por lo francas y directas. Pero es que ya no trago entero y digo lo que pienso. Lo bueno es que no siento remordimientos, cosa que sí pasaba cuando tenía 20.

Aunque mal haría en querer representar a todas las mujeres de más de 40, sí creo que puedo hablar por algunas. No he sido perfecta físicamente y tampoco lo quiero ser ahora. Siempre le he dicho a mi hija que la perfección es aburrida. Un gordito aquí, un diente torcido allá, los aplaudo. La belleza debe tener una pizca de imperfección. Y créanme que escondo algunos de mis defectos, tampoco es que los ande mostrando a todo el mundo. Pero me siento bien en mi piel, conmigo misma y con lo que soy. Eso no lo sentía a los 20.

En fin: me cuentan que de todas las cuarentonas que contactaron para la que iba a ser una edición especial, la única que aceptó fui yo. ¿Por qué? No lo sé, me gustaría pensar que fui la única que tuvo el apoyo de los suyos y el temple, aunque sé que es una situación puramente coincidencial. Eso sí, pensé que si iban a ver mis fotos por lo menos deberían conocerme algo, deberían saber lo que pienso.

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