Siempre me ha gustado la plata. Por eso hace dos años me inscribí al programa Quién quiere ser millonario en Venezuela. Empecé a prepararme. Mediante enciclopedias e internet estudié temas relacionados de historia y actualidad. También leí muchos libros de autores conocidos, pero el problema fue que nunca me preocupé por cosas como la farándula y el espectáculo. Y yo sabía que lo que más me iba a costar eran las primeras preguntas, porque nunca escucho radio ni veo televisión.

Estando sentado entre los demás concursantes, el miedo escénico se apoderó de mí. Pero eso no impidió que clasificara para concursar directamente por el premio mayor: 200.000 bolívares (más de 230 millones de pesos colombianos). En la primera pregunta que me hizo el conductor, Eladio Lárez, no tuve problemas. En la segunda tuve que acudir a la llamada y, gracias a Dios, me dieron la respuesta correcta. Pero los problemas vinieron en la siguiente pregunta, con apenas dos comodines de reserva y completamente obnubilado por los nervios.

Entonces apareció la tercera: "La canción dice: No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el…". Tenía que completar el estribillo con alguna de las siguientes opciones: opción a, papirruqui; opción b, papá de los helados; opción c, rey; y opción d, alma de las fiestas. Aquí debo aclarar que el único género que me gusta es el electrónico. Del resto no sé nada. Pensé que la letra correspondía a una canción actual y decidí que podía ser reggaetón. Así las cosas, solo dos de las cuatro opciones me sonaban: el papirruqui y el alma de las fiestas. Para asegurarme usé el 50/50. Me quedaron como opciones el papá de los helados y el rey.

¿El rey? Esa no podía ser. En Venezuela existe un término para los arrechos, los machos cabríos. A esos los llamamos "los papás de los helados". Y como yo pensé que era reggaetón, dije, convencido, que la respuesta tenía que ser la opción b. Tenía sentido. El carajo no tiene trono ni reina, pero igual se las puede arreglar solo, porque se las sabe todas. Y como quería guardar una ayuda para llegar a la quinta pregunta (con la que se asegura un mínimo de dinero ganado), confirmé mi decisión. El resto es conocido: Lárez hizo que todo el público cantara la respuesta. Al escucharla caí en la cuenta de que sí la había oído antes. No sentí rabia sino muchísima pena.

Esto me dio fama y el video de Youtube.com, que subió un amigo mío, se ha encargado de mantenerla. En la calle me reconocen como el ‘papá de los helados‘. También me han hecho dos entrevistas, una para radio y otra para una revista, Hoy, a mis 23 años, sigo estudiando Economía, sigo trabajando como comerciante y no dejo de recibir de regalo discos con la bendita ranchera que nunca olvidaré.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.