El 9 de octubre de 1996 es una fecha muy importante en mi vida de arquero porque ese día marqué mi primer gol como profesional. Fue jugando para Venezuela contra Argentina por las eliminatorias del Mundial de Francia. Perdíamos 1-4 y faltaban 15 minutos para el final. Se produjo un tiro libre a favor y el director técnico, Rafael Santana, me hizo señas para que lo ejecutara, a sabiendas de que yo perfeccionaba mi remate durante los entrenamientos.

Para sorpresa de muchos en el estadio Puerto Nuevo de San Cristóbal, la puse en un ángulo imposible para el arquero, Pablo Cavallero. Pese al resultado final adverso (perdimos 2-5) mi gol de tiro libre tuvo mucha trascendencia en los medios. En esos años, Higuita y Chilavert marcaban la pauta en cuanto a arqueros goleadores y durante la semana posterior al partido varios periodistas me incluyeron en esa lista selecta.
A los dos días regresé a Bogotá para jugar con Santa Fe contra Envigado por el torneo local. Apenas llegamos al Campín me di cuenta de que se había despertado una expectativa mayúscula en la afición santafereña en torno a mi nueva faceta de goleador. Recibía felicitaciones y aliento para que marcara otro tanto. 
El partido se terminaba, Santa Fe ganaba 3-2 y el árbitro pitó un tiro libre cerca del área. Con la confianza que me tenía no dudé ni un instante. Fui corriendo a patearlo sin siquiera pedir autorización al técnico, Pablo Centrone. Me sentía ‘el nuevo Chilavert’, capaz de convertir desde cualquier posición. El arquero de Envigado era Néstor Lotártaro, quien armó una barrera nutrida con seis jugadores sobre el arco sur del estadio. Ansioso por gritar mi segundo gol consecutivo, me afirmé sobre el pie derecho pero cuando inicié la carrera hacia el balón me invadió la duda…¿seré realmente capaz de repetir la hazaña
 Eso fue fatal: le pegué tan mal que la envié al saque de banda. El hhhuuuuyyyyy de la tribuna aún retumba en mi mente. ¡Qué pena con la fanaticada! Mi reacción fue instantánea: correr hacia mi portería y rogar al cielo para que el juego terminara cuanto antes. Por suerte ganamos aunque luego en el camerino mis compañeros me llenaron de burlas y bromas. 
Ese fue el último tiro libre que pateé en mi carrera. Evidentemente contra Argentina me había equivocado y una semana después, ante Envigado, volví a la normalidad. 

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