El 2 de mayo de 2007 es una fecha que, a mis escasos doce años, no voy a olvidar jamás. Como integrante de la escuela de fútbol de Atlético Nacional soy recogebolas de los partidos profesionales que se disputan en el estadio Atanasio Girardot de Medellín.

Ese día, Nacional vencía dos por cero al América con cierta comodidad. Yo estaba ubicado en la pista atlética sobre el lado occidental, muy cerca del banco del cuadro verde. Recuerdo que se armó un contragolpe y el arquero del América, Milton Patiño, se salió del arco y se fue contra la raya lateral para evitar que la pelota le llegara a un jugador verdolaga. El arquero de la visita sacó largo y se salió por la raya lateral, muy cerca de donde yo estaba. Yo tenía otro balón en mi mano y de inmediato se lo pasé a Jairo ‘el Viejo‘ Patiño, él hizo un saque de banda largo que le llegó a Aldo Leao Ramírez, quien definió con el arco vacío. Mientras tanto, el arquero del América lanzaba desesperado el balón que había ido a recoger y veía con impotencia cómo yo, un recogebolas, me había avivado y había iniciado una jugada que terminó en el tercer gol de Nacional.

El primer jugador que se me acercó y me alzó fue Elkin Murillo, luego me vi sostenido por una muralla de jugadores de Nacional que me decían: "¡Muy bien, pelao, eso es viveza, un duro!". También la barra de Los Del Sur empezaron a corear: "¡Recogebolas, recogebolas!". De igual forma, en la tribuna de occidental la gente me gritaba, me ovacionaba y todo se completó cuando el técnico Óscar Héctor Quintabani me hizo un signo de felicitación levantando su dedo pulgar.

Yo estaba en éxtasis, la alegría me impedía pensar con tranquilidad todo lo que había hecho. Al término del partido me decían desde el banco verde que levantara los brazos, yo lo hacía y de nuevo la gente en las tribunas me aplaudía.

Luego me mandaron llamar al camerino y Aldo Leao Ramírez, el autor del gol, me regaló su pantaloneta y me dio un gran abrazo. Recuerdo que los periodistas me rodearon con sus micrófonos y al fondo veía a mi padre, que trabaja en Nacional manejando el servicio al cliente, con una cara de orgullo impresionante. Cuando llegué a mi casa mi mamá, que había visto el partido por televisión, me abrazó y me dio una gran felicitación. Esa noche no dormí, reviví cada momento de esa jugada y recordé las palabras del director de los recogebolas y de la escuela de fútbol, Jaime Henao, de estar siempre muy atentos y vivos en todas las jugadas.

A partir de ese momento en el colegio los profesores y amigos me vieron como un héroe, me volví más popular con las compañeritas de curso y en todos los entrenamientos de Nacional los jugadores me saludan y le mandan abrazos a mi familia.

Aún sigo de recogebolas y juego para Nacional en el Pony Fútbol. Nunca he pensado que lo que hice estuvo mal, fue un acto de auténtica viveza y cumplí con mi rol de pasar el balón rápido. Soy hincha de Nacional y el día del título celebré como nunca, al fin y al cabo parte de la novena estrella tiene un pedazo de mí, al haber hecho el mejor pasegol de la temporada. Ojalá se acuerden de mí siempre.

(Vea el video en Youtube. Busque así: gol recogebolas Nacional).

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