Pocas experiencias son más gratificantes que las de un viaje. Pero si además se trata de un paseo con amigos y hasta en moto, la cosa es digna de contar. ¿Cómo es recorrer más de 10.000 kilómetros en un mes? SoHo habló con el polista colombiano Felipe Márquez, quien hace poco vivió esta experiencia.

Márquez vive la mitad del año en Bogotá y la otra mitad en Buenos Aires. Tiene 31 años, es jugador de polo profesional y puede darse el lujo de jugar en la liga más competitiva que existe: la argentina. Ahí ya lleva cinco años codeándose con los más grandes de este deporte, algo que lo ha llevado a consagrarse como el mejor polista de Colombia con un hándicap actual de ocho goles (los mejores del mundo tienen diez, el mayor número posible). (Las 5 motos más veloces del mundo).

Su afición por el polo inició cuando era muy pequeño y se pasaba horas viendo a su papá jugar. Siempre le apasionó este deporte, así que, además de jugarlo, decidió montar una escuela que busca enseñarles a todos los aficionados los secretos para competir a un nivel profesional. Pero Márquez también tiene otra pasión: las motocicletas. Por eso, junto con dos amigos de toda la vida –que también son moteros aficionados–, se le midieron a un paseo inolvidable: irse de Bogotá hasta Buenos Aires en moto.

El objetivo era claro: llegar, por tarde, el primero de octubre. La temporada de polo iniciaba después de esa fecha, así que Márquez, Luis Fernando Cuéllar y Martín Bleier decidieron salir con buen tiempo. La travesía empezó justo un mes antes: el sábado 2 de septiembre, una estación de gasolina en el sur de la capital fue el punto de partida. Las motos estaban aceitadas y revisadas a la perfección y la poca ropa que llevaron y los elementos necesarios estaban guardados en las alforjas laterales de las motos… todo listo. 

Primera parada: Popayán, a unos 600 kilómetros de Bogotá. La decisión de llegar hasta la capital del Cauca el primer día fue pura improvisación: unos días antes estudiaron todo el camino y, aunque tenían claro unos lugares donde sí o sí debían y querían pasar, no sabían bien dónde los iba a coger la noche ni por dónde pasarían. Y eso, al fin y al cabo, hacía parte de la emoción. A medida que iban teniendo más claridad de por dónde pasarían, fueron reservando un cuarto de hostal para asegurar un lugar donde dormir.

El segundo día la llegada fue a Ipiales, en Nariño, y al tercer día cruzaron la frontera con Ecuador para llegar a Quito, la capital. Luego bordearon la playa ecuatoriana para llegar a Máncora, una ciudad al norte de Perú. También bordearon la costa peruana hasta llegar cerca de Lima, donde se quedaron unos días donde unos amigos de ese país. Continuaron bajando por Perú y cruzaron a Bolivia para llegar a La Paz. Luego de unos días en Bolivia, llegaron a San Pedro de Atacama, en Chile, para después cruzar a Jujuy, en Argentina, y ahí pasaron por la provincia de Córdoba para finalmente llegar a Buenos Aires. El domingo primero de octubre llegaron a la capital argentina. (Cuatro destinos exóticos y muy baratos para visitar este año)

El paseo además sirvió como la perfecta excusa para irse de turismo, pasar por lugares impresionantes y untarse de la cultura que tiene este continente. Entre los sitios más destacados conocieron el volcán de Cotopaxi, cerca a Quito; Machu Picchu, en Perú, y el lago Titicaca y el salar de Uyuni, en Bolivia. Así, cuando no estaban montados en una moto, caminaban y conocían un poco sobre cada destino.

Salvo una varada cerca de Lima, causada por un daño en el alternador de una moto, y un par de pinchazos en el camino, las motos respondieron muy bien y aguantaron todo el trajín diario. En total fueron 30 noches, seis países, todos los paisajes que usted se pueda imaginar y una experiencia para toda la vida. Márquez ya piensa en su próximo desafío y, en diciembre, cuando regrese a Bogotá, quiere hacerlo, en la misma moto, esta vez por Brasil. (Yo recorrí Latinoamérica en moto)

Cinco consejos si quiere meterse un paseo largo en moto

  • A menos que quiera hacerlo solo, la compañía es clave. Un viaje largo como este vale la pena realizarlo con personas muy cercanas con las que uno, además de saber que hay un buen ambiente, tenga la confianza para hacerles saber si algo no le gusta o anda mal.
  • La moto tiene que ser confiable y, ojalá, poderosa. Es su compañera de viaje, así que más le vale tener una que no lo vaya a dejar botado en la mitad. Asegúrese de que tenga un cilindraje alto –1200 sería óptimo– y que pueda soportar superficies como piedras, trochas, arena, todo tipo de terrenos, siempre con una buena tracción.
  • Péguele una revisada completa a la moto antes de salir. No solo le hablamos de aceite –que a propósito se debe cambiar cada 5000 kilómetros–, también fíjese en la suspensión, los frenos y, por supuesto, las llantas, que si ya están cerca de superar los 20.000 kilómetros, lo mejor es cambiarlas.
  • Aunque sí es importante tener una ruta planeada, no lo piense tanto y esté dispuesto a improvisar y a desviarse de ser necesario, tanto en tiempo como en lugares. Parte del éxito pasa por jugar con las rutas y las carreteras que puede conocer.
  • Tenga una meta clara y fije un presupuesto para el paseo. Sí, está bien improvisar, pero hay límites: lo peor que le puede pasar es quedarse sin plata y sin rumbo. Haga bien las cuentas antes del viaje.

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