Llegó desde Caquetá hace ocho años para estudiar Fisioterapia y Danza en Bogotá. Tal fue su dedicación al baile, que entró a participar en una convocatoria del Instituto Distrital de Cultura y se llevó el premio como mejor bailarín de danza afrocolombiana. Esta victoria lo inspiró para seguir estudiando este tipo de baile, que incluye movimientos muy bien calculados y con mucho ritmo.
 
Ese es su único entrenamiento, porque no le gustan los gimnasios. Bailar no solo es una forma de vida, pues es profesor de la escuela Zajana Danza, donde enseña danza afrocontemporánea, sino una manera de mantenerse sereno y sano. Es también director del grupo Tangola Danza, que le ha hecho reflexionar sobre un nuevo proyecto: enseñarles a niños de bajos recursos, como forma de combatir los malos hábitos. A sus 26 años tiene energía suficiente para no solo bailar en sus clases sino en la rumba salsera, que es la que más disfruta. ¿A quién no le gustaría tener un profesor así?.

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