El reportero gráfico tomó estos retratos, que mezclan a quienes se fueron con quienes los extrañan, y se ganó el Premio Colombo-suizo de Fotografía. Imágenes para la memoria.

La región del Catatumbo, en Norte de Santander, guarda en sus tierras secretos que el mundo desconoce. Guarda rostros del pasado, memorias rasgadas por la violencia y testimonios vivos de una tierra que sangra. Allá, en las lomas llenas de petróleo, coltán, esmeraldas y carbón, encontré a las víctimas eternas del conflicto colombiano: esas personas que llevan años llorando a un muerto o esperando a un desaparecido que probablemente nunca regresará.

¿Qué hacer con ellos entonces? Investigar, hablar, ganarse su confianza. Saber qué piensan, qué sienten, cuál es su dolor. Acercarse, escucharlos, mirarlos. Y después de todo un proceso, tomarles una foto. Este trabajo consiste en fusionar a quienes se fueron con quienes los extrañan: tomé imágenes antiguas de muertos y desaparecidos, las imprimí, las rasgué y usé los retazos para que sus familiares posaran con estos, como si fueran parte de ellos… que lo son.

Antes de presentarles a los verdaderos protagonistas de esta historia, les comparto mis deseos: que esta guerra no hubiera dejado tantos silencios ni tantos llantos, que terminara este conflicto en un abrir y cerrar de ojos, que yo no tuviera motivos para hacer un trabajo como este. Entiendo que la restauración, la reparación y la memoria necesitan tiempo, y mi única contribución a este propósito es cada disparo de mi cámara.

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