Aproveché entonces que el gerente de Caracol en Cali, un señorazo llamado Eduardo Rueda Santos, había sido amigo de mi papá para decirle que yo quería aprender de radio y especialmente de radio deportiva. Me presentó a Óscar Rentería, que era el director de deportes, y comencé a ir a la hora del almuerzo a un programa que se llamaba La cancha. Me ofrecía para lo que fuera, hacer turnos de noche, trabajar en Semana Santa, el 31 de diciembre, en fin, hacerme un espacio de cualquier manera y poco a poco lo fui logrando.

Pero lo verdaderamente emocionante comenzó cuando me dijeron que fuera al estadio a ayudar en los camerinos. Estamos hablando de finales de los setenta y el Pascual Guerrero de Cali era un escenario vivo, con mucho público cada semana, y sobre todo con el hábito que era común en aquellos momentos de llevar radios grandes al estadio y escucharlos a todo volumen.

Me tocó, además, comenzar con el Combo deportivo que era una especie de Dream Team radial de la época, con lo cual prácticamente todos en el estadio escuchaban nuestra emisora y había una amplificación de facto durante las muchas horas que duraba la transmisión.

Claro que eso tenía sus consecuencias no siempre buenas, como una vez que en un partido de la Libertadores con el estadio lleno me equivoqué en el nombre de un jugador y me gané una rechifla que ni el más desgraciado de los árbitros había recibido.

Un técnico uruguayo, Washington Etcha-mendi, murió delante de mí minutos después de haberlo entrevistado, cuando un disgusto ante una decisión arbitral le produjo un infarto fulminante. Era la época dorada del Deportivo Cali, la de Álex Gorayeb como presidente y Carlos Bilardo como técnico. Estuve, muy asustado, en la goleada que le metió Boca en La Bombonera la primera vez que un equipo colombiano llegaba a una final de la Copa Libertadores.

Viví el cambio del América, equipo chico y eterno perdedor al primer título con el doctor Gabriel Ochoa Uribe, sin intuir que era el comienzo de una época ganadora pero muy controversial que todavía no termina.

Me gané una "vaciada" de Yamid Amat al aire cuando después de tener listo a un entrevistado durante más de una hora, este no estaba pendiente en el momento en que Yamid se acordó de darme el cambio desde Bogotá. La suerte me volvió a ayudar ya para consolidarme como comentarista. Una opinión casual de Oswaldo Zubeldía después del Mundial de Argentina hizo que se fijaran en mí. En ese momento comencé a entender lo de los "generadores de opinión".

También tuve la fortuna de participar en la mejor etapa de La polémica con Hernán Peláez, Jaime Ortiz, Perea y Wbeimar. Las discusiones entre Cali y Barranquilla eran tan fuertes que cuando íbamos allá nos registrábamos en el hotel con nombres falsos por precaución.

Lo cierto es que nuestros domingos eran absurdos, trabajábamos desde las ocho de la mañana hasta la medianoche, con el "intenso" Rentería cada vez exigiéndonos más. Fue una época dura en la que aguantábamos literalmente hambre, no porque no tuviéramos con qué comer, sino porque no había forma de interrumpir la transmisión.

Desde esa época me quedé en este mundo de los medios. Después he pasado gran parte de mi vida al frente de importantes medios como Caracol Radio, Caracol TV, RTI Televisión y Ecuavisa de Ecuador. Cada día se aprende, pero lo de esa época fue una capacitación que no tiene precio.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.