La verdadera grandeza se conoce en la derrota. Toda victoria es provisional: la del amor, la del juego, la del éxito, la del poder. ¿Cómo saber si ante una caída podremos reponernos? Hay personas que han aprendido a enfrentar la suerte como venga, y han serrado la rama gruesa sobre la cual se asienta su comodidad. Uno de ellos es el ciclista antioqueño Rigoberto Urán. El destino le ha dado una lista larga de pretextos y adversidades ideales para victimizarse, pero él eligió ser héroe.

En entrenamientos y en competencias ha tenido caídas graves, con múltiples fracturas en los huesos e innumerables raspaduras en la piel y el orgullo, pero de todas ellas se ha levantado con más fuerza. Las cicatrices quedaron, pero Rigoberto siguió pedaleando. A los 13 años en su natal Urrao tuvo que vivir el asesinato de su padre a manos de paramilitares, pero justamente utilizó lo que aprendió de su viejo para enfrentar esa gran pena. Don Rigoberto le enseñó con ejemplo que no es útil renegar de los designios de la suerte, sino aprovechar las circunstancias de la vida para hacerse fuerte. Optó entonces por eludir el atajo infeliz de la venganza, y tomó el sendero glorioso de desquitarse en serio con la bicicleta.

Fue por cosas del azar que Rigoberto tuvo que heredar el negocio del chance de su padre. Lo aprovechó para mantener por un tiempo a su mamá y a su hermana, mientras descubría una habilidad innata para desplazarse de un sitio a otro a gran velocidad sobre una bicicleta. Con los primeros triunfos, Rigoberto empezó a reflejar la esencia del colombiano del común: sencillo, espontáneo, luchador, alegre y agradecido. Rigo ya se da el lujo de decir que obtuvo una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en la prueba de ciclismo de ruta, y dos subcampeonatos consecutivos en el Giro de Italia. Los triunfos de Rigo hacen preguntarse sobre el verdadero significado de esta nueva generación de deportistas que nos han devuelto la alegría y la esperanza. Nos hemos maravillado con las hazañas de tantos falcaos, marianas, jameses, caterines, nairos..., todos con historias heroicas similares a la del buen Rigo, y hemos comprendido una nueva definición de lo que es ser “patriota”. Tal vez, sin proponérselo, esta nueva generación de deportistas es la que más hace patria.

El patriota Rigoberto Urán, a los 27 años, entrando apenas en la mejor edad para el ciclismo, sabe que está en él la posibilidad de labrar su destino. Tal vez no sea motivado por una razón lógica o trascendental, sino porque, como dijo alguna vez John F. Kennedy Jr., “nada se compara con el simple placer de un paseo en bicicleta”.

Algunos piensan que con el segundo lugar en el Giro de Italia usted ya cumplió este año. ¿Cuáles son sus aspiraciones en la Vuelta a España, que empieza el 23 de agosto?

Voy a ganar la Vuelta. Si no, mejor me quedo en la casa. Me he preparado bien y tenemos un equipo fuerte. El objetivo es estar adelante, en el podio o entre los cinco primeros.

¿Cómo es su preparación para la Vuelta?

Tengo la base de entrenamiento de todo el año y una carrera de tres semanas como el Giro acumulados en las piernas. Así que el entrenamiento es distinto al que se hace al comienzo del año. Estoy haciendo trabajos específicos en el velódromo, entrenamientos de contrarreloj y salidas largas de cinco o seis horas en Bolombolo a 34 o 35 grados, una temperatura similar a la que vamos a tener en España.

¿Cómo es un día de entrenamiento?

No soy madrugador, de esos que salen a entrenar a las 6:00 o 7:00 de la mañana. Mi horario de oficina es de 9:00 a 5:00 de tarde. Generalmente desayuno una porción grande de arroz y cinco huevos. También como pan con una buena mermelada. Salgo a pedalear a las 10:00 u 11:00 de la mañana. Me acompaña en moto Wicho, un parcero desde niños en Urrao, que me asiste en los entrenamientos. Cada día es diferente, pero puedo recorrer entre 70 y 200 kilómetros, y entre tres y seis horas, dependiendo del trabajo que deba hacer. De resto, me gusta estar en la casa, oyendo música, leyendo o descansando.

El peso es clave en el ciclismo. ¿Cómo cuida su alimentación?

Tengo un metabolismo muy bueno y nunca me he preocupado por la comida. Me mantengo en 63 kilos comiendo de todo. Me gusta la comida casera, mucho huevo, plátano maduro, pasta y arroz. Y los fríjoles y arepas que no pueden faltar. En carrera me gusta llevar uno o dos bananos, también tomo geles energéticos y unos sánduches pequeños de mantequilla de maní, nutella y mermelada, entre otras cosas. 

¿Quiénes van a ser sus principales rivales en la Vuelta?

Froome, Valverde, Nairo y Purito Rodríguez.

¿Y cómo es su relación con Nairo?

En realidad no lo conozco mucho. Nos llevamos bien cuando nos encontramos en carrera, pero como vivimos en ciudades diferentes, no tenemos oportunidad para hacer una relación de amistad.

¿Por qué no corrió el Tour de Francia este año?

Analizamos el tema con el equipo y tomamos la decisión de no ir por varias razones: el Tour tenía este año una etapa muy complicada con 50 kilómetros de pavé. Con 63 kilos no tengo ni la técnica ni el cuerpo preparado para ese terreno. Es muy duro y no me convenía. Por otra parte, el equipo le apostó a Mark Cavendish, teniendo en cuenta que el Tour arrancaba en Inglaterra, y Cavendish es de allá. El equipo se armó en torno a él y sus características. Por último, es ideal tener un descanso después del Giro para llegar fuerte a la Vuelta, y luego correr el Campeonato del Mundo en Ponferrada, España. Para llegar bien al Mundial, es clave estar entre los diez primeros de la Vuelta.

¿Qué es lo que más le impresionó de participar en el Tour? (Rigo participó en el Tour en 2009, y ocupó la posición 52, y en 2011, la posición 24 de la general).

El nivel. En el Tour, todo el mundo va superfuerte, sea en llano o en montaña. Después, la afición: son miles de personas que arman camping para ver pasar el pelotón en cada etapa. Es muy colorido y alegre, lo viven de forma muy apasionada.

En el Tour de 2011 tuvo la camiseta blanca de líder entre los jóvenes, pero al final la perdió. ¿Qué pasó?

Yo iba entre los 10 primeros de la general, pero me dio una gripa muy fuerte. El Tour es muy duro... ¿Se imagina cómo será con las defensas bajas y sin fuerzas? Sufrí mucho, terminé pero al final no pude mantener la camiseta blanca, así es el ciclismo.

¿Qué le faltó para ganarle a Nairo?

El Giro lo perdimos en la bajada del Stelvio. Varios equipos interpretaron mal una información de la organización, pensamos que la bajada iba a ser neutralizada por una moto con bandera roja que sale al frente del pelotón por seguridad de los corredores. El piso estaba mojado y el descenso era peligroso; había montañas de nieve a los costados. Entendimos que podíamos mantener nuestra posición sin atacar. En la cima estaba nublado y la temperatura muy baja, me dijeron que me pusiera el impermeable y que estuviera atento. Empecé a descender, pero no vi ninguna moto. Más adelante vi llegar a otros corredores como Majka, pero no me di cuenta de que Quintana no estaba en ese grupo. Más adelante nos informaron que se había fugado y que la ventaja era significativa. Luchamos hasta el final, pero Nairo estaba muy adelante. En esa etapa me sacó 1:41 de ventaja. Pero esto es así, de suerte, en un error de comunicación se puede perder la carrera.

¿De qué hablan en el pelotón, en qué idioma hablan?

Se habla de todo, desde el clima hasta las estrategias. Los ciclistas hablan en su idioma, de acuerdo al país, yo además de español me defiendo muy bien con el italiano.

¿Cómo ha sido el cambio de un equipo inglés (Sky) a uno belga (Omega Pharma Quick-Step)?

Los dos son equipos muy profesionales, muy organizados y con muy buenos corredores. Tienen todo medido y calculado, no dejan nada al azar. La diferencia es que en el Omega Pharma es más fácil hablar con la gente del equipo. La comunicación es más directa. En el Sky tocaba dar vueltas con varias personas antes de poder hablar con alguien. Y en Omega Pharma confían mucho en uno. Me permiten hacer la preparación en mi casa en Medellín, en mi ambiente y cerca de la familia, y eso hace una diferencia muy berraca.

¿Y el cambio de bicicleta? Pasó de la Pinarello italiana del Sky a la estadounidense Specialized del Omega Pharma...

La Pinarello es muy bacana, pero la Specialized me ha gustado también. El año pasado esta marca me invitó a la sede principal en Morgan Hill, California, donde hicimos pruebas aerodinámicas con las nuevas bicicletas en el túnel del viento. Tienen una tecnología impresionante. Estuvimos haciendo una prueba biomecánica para ajustar a mi medida cada detalle de la bicicleta. Estos ajustes permiten al final que uno sea más rápido y eficiente sobre la bicicleta. De Specialized utilizo la bicicleta Venge para las etapas planas, la Tarmac para las de montaña y la Shiv para las contrarreloj. Ponen a disposición entre diez y doce bicicletas al año, y el acompañamiento es muy bueno.

¿Qué más hace en el túnel del viento?

En el túnel de viento se mide la eficiencia sobre la bicicleta. Se hacen pequeños ajustes en posición del ciclista y se mide si mejora la velocidad y la resistencia al viento. Ahí se pudo demostrar por ejemplo que los pelos de las piernas generan una pequeña resistencia, y que un corredor va más rápido si está depilado. No es la razón principal por la que un ciclista se depila, lo hacen porque en una eventual caída, no tener pelos hace más fácil que la piel sane y evita infecciones.

A pesar de ser quizá el deporte más exigente, el ciclismo no se caracteriza por grandes premios en dinero. ¿Cuánto gana en las competencias? Un tenista puede ganar un millón y medio de dólares por el título en un torneo de Grand Slam…

Todo depende de la carrera. Por ejemplo, en el Giro el premio por etapa es de 11.000 euros. Hay un premio de 115.000 euros por terminar primero en la clasificación general, y un premio de 6000 euros por cada día que porte la maglia rosa. Al final de la competencia se hace una bolsa con todos los premios, este año en el Giro fueron 150.000 euros para el Omega Pharma, de los cuales el 80 % se repartió entre los nueve corredores, y 20 % para los mecánicos y masajistas. Es un deporte de equipo y por eso los premios son para todos.

La medalla de plata en los Olímpicos de Londres 2012 era casi impensable. La distancia de 260 kilómetros y el terreno estaban diseñados a la medida de los corredores británicos. ¿Cómo la logró?

Nosotros no teníamos equipo para ganar. Éramos tres colombianos, Duarte, Henao y yo, peleando una etapa llana contra los mejores ‘sprinters’ del mundo. Logramos meternos adelante en una fuga de 24 corredores. Cuando faltaban 10 kilómetros, me sentí fuerte y me dio por atacar… No lo pensé mucho y ataqué muy fuerte. Al mismo tiempo atacó Vinokourov. Sacamos una pequeña diferencia con el resto del grupo de la fuga y empezamos a hacer relevos, a tope, porque la diferencia no era nada, apenas 8 o 10 segundos. Cuando faltaba 1 kilómetro pensé: “¡Ay, jueputa, aquí me puedo ganar una medalla olímpica y sin siquiera pensarla!”… Faltando 400 metros empezamos a ‘esprintar’. Miré hacia atrás para ver dónde venía el lote, y fue cuando Vinokourov

me arrancó por el otro lado. En ese punto ya venía sin piernas y no tenía forma de reaccionar. La gente es libre de opinar, pero quienes saben de ciclismo le dirán que en ese final, después del gran esfuerzo de la fuga, no tenía opción contra un corredor como Vinokourov, que es mucho más rápido que yo por sus características de velocista. Nunca sentí perder, al contrario, la medalla de plata fue una alegría la berraca.

Usted está lleno de cicatrices. ¿Cuál es la caída más grave que ha tenido?

En la cuarta etapa de la Vuelta a Alemania en 2007 me rompí la madre, por inexperto. Cuando uno es joven no cree en nada ni en nadie. Íbamos cuatro fugados en una bajada y tenía la opción de ganar la etapa. En una curva seguí derecho, choqué contra unas piedras y tuve cinco fracturas. Me jodí los codos, la muñeca, el cuello... sufrí una fractura delicada en el área cervical. Pero así es este deporte...

Hay etapas de montaña duras, con temperaturas extremas de frío o calor. ¿Qué siente al bajarse de la bicicleta luego de terminar?

En estas etapas hay momentos en que uno no puede más, va a tope y desde el carro le dicen “dele, dele...”. Uno termina medio agüevado, exhausto y con las piernas y el pecho muy adoloridos. Pero nos dan masajes al final de cada etapa, y la alimentación es preparada para el esfuerzo que hacemos día a día en esas carreras, todo eso junto ayuda mucho en la recuperación.

¿Y cómo maneja el cansancio al día siguiente?

Si uno está bien entrenado, el cansancio es manejable. La arrancada cuesta mucho hasta que el cuerpo se calienta. Pero fuera de la bicicleta uno no quiere caminar y prefiere estar sentado todo el tiempo. El dolor más común de un ciclista es en los cuádriceps. Son los músculos de las piernas que más trabajan en el pedaleo, y los que más esfuerzo hacen cuando uno está subiendo.

¿En qué cree? ¿Tiene cábalas o agüeros?

Creo en Dios y en los ángeles. Le pido a Dios que me proteja de las caídas. No le pido que me ayude a ganar el Tour, eso lo tiene que hacer uno, entrenando y dejando de güevonear… Rezo todos los días y tengo ángeles para todo. Por ejemplo, cuando estoy haciendo las cuentas de mi tienda Rigo Store, le pido al ángel financiero que me guíe con los costos, y así sucesivamente con lo demás. Es decir, tengo un batallón de ángeles ayudándome todos los días (risas).

¿De dónde nace la idea de su marca de ropa y de ser empresario?

Hace rato con mi novia, Michelle, queríamos sacar nuestra marca, que se llama Go Rigo Go. Pensamos en diseñar ropa bien bacana que reflejara mi manera de ser y la pasión por el ciclismo. Hace dos meses abrimos la tienda online Rigo Store, donde recibimos muchísimos pedidos cada día. Un día montando se me ocurrió que, con la fiebre de la selección de fútbol, podíamos sacar una camiseta de ciclismo con el 9 de Falcao en la espalda y los colores del uniforme. Y la mandamos a hacer. Hace poco le regalé una con el número 11 a Juan Guillermo Cuadrado. A la gente le ha gustado mucho la ropa. No esperábamos que nos fuera tan bien en tan poco tiempo.

¿Cómo es la historia de su familia adoptiva en Italia?

En una de las primeras carreras que hice en Bélgica, me caí y me fracturé la clavícula. Me tuvieron que operar y el equipo me mandó a Italia a descansar. Llegué a la casa de una familia muy querida en Brescia. La casa de Beppe y Melania. A ellos les dio mucho pesar verme así: bien “peladito”, sin hablar italiano y fracturado. Como no podía hacer nada por la fractura, ellos me cuidaron con mucho cariño. Me ayudaban con todo. Me enseñaron a hablar italiano, me acompañaban en las carreras, me llevaban a pasear por el norte de Italia. Cuando gané la primera carrera en Europa, una etapa en la Vuelta a Suiza, ellos estuvieron allá, felices. Beppe y Melania no tienen hijos e hicimos una relación muy especial. Han venido tres veces a Colombia y mi mamá los ha visitado en Italia. Puedo decir que son mis otros papás.

¿Qué es lo peor de ser ciclista?

No se puede rumbear mucho, algunas restricciones y que toca estar lejos de la familia y de Colombia.

¿Y lo mejor?

Me gusta la posibilidad de entrenar en Colombia y competir en Europa. También disfruto mucho todas las bicicletas nuevas que nos dan para entrenar y competir. La tecnología que se está aplicando al ciclismo, el túnel del viento... todo eso me gusta mucho.

¿Cuál ha sido su peor error en una etapa?

No coger la comida o la chaqueta. Sin comida para terminar la etapa uno pierde el ritmo, se le acaba la gasolina. Y sin chaqueta en etapas frías o con lluvia es un problema porque se pierde mucha energía. Hay etapas en las que uno está a -10 o -14 grados centígrados. En ese frío tan hijueputa, el cuerpo consume más calorías para calentarse y uno se queda sin fuerza.

¿Qué le gusta hacer cuando no está entrenando o compitiendo?

Me gusta estar en la playa en Barú, relajado tomando cerveza. También me gusta estar en la casa, escuchando música. Ahora estoy leyendo El olvido que seremos, de Héctor Abad.

¿Qué le falta a Colombia para que tengamos más campeones de ciclismo?

Faltan más personas y empresas que crean en el ciclismo. Se necesita confianza en el deporte, más organización y una inversión alta. Además deportistas que sepan trabajar en equipo; esa es la base del éxito en cualquier disciplina.

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