La primera vez que hice una ‘cabañuela’ fue cuando tenía 14 años. Desde niño, cuando jugaba con mis amiguitos del colegio, me encantaba hacer jugadas acrobáticas: saltar en el aire y adornar los cabezazos, hacer tijeretas, taquitos, en fin, todo lo que hiciera más espectacular un gol, eso me llamaba la atención. La jugada la fui perfeccionando con el tiempo y consistía en levantarse en el aire, muy parecido a ‘la chilena’ o a ‘la chalaca’, pero de medio lado, para empalmar el balón con la derecha. Nunca con la izquierda. Siempre pateaba con la misma pierna, antes de la pirueta previa que me hizo muy famoso en el mundo.

Fue en el América de Cali donde la practiqué con mayor regularidad, en aquel equipo de grandes figuras que dirigía Gabriel Ochoa Uribe. Me acuerdo que terminaba los entrenamientos y siempre les pedía a mis compañeros que me tiraran unos cuantos centros para practicar la jugada. Con Juan Manuel Battaglia ensayaba mucho y sus centros desde la derecha eran muy precisos y la jugada era casi infalible. Lo mismo que Wíllington Ortiz, era un gran puntero y me tenía la medida.

No tengo la cifra exacta de cuántos goles hice con mis ‘cabañuelas’, ese dato lo debe tener el periodista Adolfo Pérez, pero sí me acuerdo de la que más me gustó: fue una tarde en el estadio de Cúcuta, en un partido muy cerrado, cuando de repente me llegó el centro, la paré de cabeza de tal manera que el balón siguiera en el aire y antes de que cayera me levanté e hice mi acrobacia favorita. Ganamos uno a cero, pero para mala fortuna mía no hay registro de televisión, ¡justo esa tarde no había cámaras! El último gol de ‘cabañuela’ que hice fue en 1989 cuando jugaba en el Brest de Francia. Allí hice como cuatro goles con esta jugada.

Curiosamente, el mejor gol de mi carrera no fue de ‘cabañuela’, sino de taquito. Lo hice en el 83 jugando en el Cosmos de Estados Unidos, después de un tiro de esquina que cogí de espaldas al arco, rematando a todo el ángulo. Fue un gran gol. Todo lo que fuera acrobático me encantaba.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Me alegra que en Colombia me recuerden todavía. Me considero ciento por ciento colombiano, pues vivo en Cali con mi esposa desde hace más de veinte años. A veces me meto a YouTube y veo mis goles en América y me da una nostalgia de la buena. El fútbol es lo más grande de la vida.

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