[Las tumbas son pa’ los muertos y de muerto no tengo na’]. Ismael Rivera

Hace casi cuatro décadas, John Lennon y Paul McCartney pasaban las noches en el tristemente desconocido Indra Club, en la ciudad de Hamburgo, amparados bajo el poder alucinógeno que les ofrecían las anfetaminas y las cervezas frías que los clientes les obsequiaban de manera gratuita para que continuaran con su show beat en la tarima.
Los dos jóvenes de Liverpool, sumados a George y Ringo —que para entonces no eran ni siquiera un tímido asomo de lo que llegarían a ser sólo unos años después— soportaban la rumba estridente de la hostil Hamburgo gracias a las ‘Prellys’ que Rose (una anciana ‘amable’) les entregaba en frascos de dulces para que las ingirieran con locura, y así pudieran seguir tocando rock’n’roll toda la noche. Tomaban anfetaminas. Claro. Se refrescaban entre la música y la cerveza. Obvio. Pateaban traseros y evadían su realidad cantando. Cómo no hacerlo.
Era la década del 60. Los años felices en los que 30 gramos de marihuana costaban 15 dólares y una dosis de ácido apenas alcanzaba los cuatro dólares. Los años maravillosos en los que el LSD iba y venía sobre las cabezas de los consumidores con sus alas sicodélicas. Los años de la rumba en paz. Eso fue hace cuatro décadas.

Hoy, desde luego, no hay ‘Prellys’ rodando de mano en mano. Rose murió. Los Beatles son un recuerdo desdibujado por el marketing de los neoyuppies que exprimen su fama en lanzamientos absurdos. El Indra Club acaso ya no existe y el rock’n’roll le ha cedido el paso, degenerándose a sí mismo, al techno y al trance que suenan de manera estruendosa en los raves que se realizan en todo los lugares del mundo. No hay ‘Prellys’, es cierto, pero existe el éxtasis. Pepas Mitsubishi. Tampoco hay cervezas frías en las manos, pero sí vodka de todas las marcas, botellas de whisky de todos los tamaños que se consiguen a cualquier precio y, finalmente, bebidas energizantes que nos permiten bailar toda una noche, sin sentir la odiosa caricia del cansancio en la madrugada.

Rumba–pack

¿Han cambiado los tiempos de la rumba? Quizás no. La intensidad se mantiene intacta, y una prueba son las estadísticas que hoy en día demuestran cómo un vasto número de jóvenes y adultos continúan exigiéndole más horas a la noche. Más diversión a la diversión. Más demencia a la demencia. No hay tiempo para detenerse, y nadie quiere hacerlo.
Y es que la noche, en países como Estados Unidos, Colombia o Argentina —por citar sólo una minúscula porción de la geografía mundial— admite de todo. A pesar de que la indefinible lucha ‘moralista’ del Norte arroja resultados de decomiso de drogas en cantidades absurdas (en 1999, se recogieron 210 mil kilogramos de marihuana antes de que salieran a las calles), los amantes de la oscuridad en Manhattan o Los Angeles se las ingenian para conseguir la felicidad mediante pepas, jeringas o cigarrillos tacados con ‘bareta’.
En Colombia, más de 300 mil jóvenes ya han probado la droga y más de 80 por ciento de ellos consume alcohol más allá de los fines de semana. En Argentina, una persona puede alcanzar la cifra de 30 litros de cervezas tomados al año, y todo como si nada.

¿Por qué el afán de vivir la noche al extremo?
Para los sicólogos, aunque la tendencia de enrumbarse al límite no es algo nuevo, sí es preocupante. Desde el punto de vista del sicoanálisis —aseguran— existe un sentimiento de autodestrucción que no se puede controlar. “Aunque la persona es consciente del problema, en el fondo encuentra un gran placer en el momento en que bebe, fuma o se inyecta cualquier droga”.
Contrario a lo que sucedía con los Beatles en el Indra Club, cuando ingerían anfetaminas para soportar la noche y convertirse en músicos, hoy no existe una aparente justificación para extender las horas de rumba.

Sin embargo, para los protagonistas de la noche —aquellos que ven pasar las horas de sus relojes sin ningún tipo de estrés, y chocan sus vasos, y se la meten toda a la fiesta dónde sea y cómo sea— sí existe una posible justificación: apartar el sentimiento de soledad que a veces los invade.
“Lo que lo lleva a uno a esos extremos es la soledad. En esos momentos todo vale, los límites dejan de existir”, aseguran.
“La noche es mágica”, explican.
“Un momento de soledad, bien aprovechado y en un buen bar, pueden ser lo mejor”.

Diversión para todos
Si alguien decidiera hacer de la rumba un artículo noticioso, y le pusiera títulos de primera página, y se dejara tentar por el amarillismo, estas serían las frases que leeríamos: “¡140 millones de estadounidenses son bebedores!”; o “¡en cada borrachera se queman nueve millones de neuronas cerebrales que no se recuperan!”; o mejor aún, “el 56 por ciento de los argentinos toman bebidas alcohólicas!” Basta. Ya pare.

Si bien es cierto que los datos existen, y que las estadísticas pueden llegar a ser odiosas realidades, negar que el género humano tiende hacia la diversión sería tapar el resplandor de la rumba con una mano. Desde cantantes de salsa como Héctor Lavoe; músicos como Hendrix, Jagger o Charly García; artistas como Basquiat o Warhol; escritores como el norteamericano Charles Bukowski o el cartagenero Raúl Gómez Jattin; hasta actores que van desde la Monroe hasta el extra de Hollywood que con sus primeros dólares ganados se recrea tomando docenas de Budweiser, todos han visto en la buena rumba un complemento —a veces en exceso— de la realidad. ¿Dónde está el pecado? ¿Acaso existe? ¿Quién enjuicia nuestros actos?

Posiblemente nadie. Quien esté libre de una rumba demencial que bote la primera botella. Mientras el hombre exista y sea consciente de que su única realidad no es el trabajo, ni el cajero automático de donde sacará el dinero para pagar las cuentas, ni las vacaciones que obligatoriamente deberá tomar anualmente, podemos respirar tranquilos. Pero, cuidado: si queremos llegar rápido hay que comenzar por ir despacio. Entrar en el círculo autodestructivo de la rumba extrema puede no tener salida. Hay qué saber cuáles son los terrenos en los que nos movemos. La década del 60 ya pasó y las ‘Prellys’ ya no se consiguen. Los Beatles ahora aparecen en CD’s con cantos gregorianos y el Indra Club es un recuerdo que aparece en las biografías piratas de John, Paul, George y Ringo.
¿Rumba hasta la tumba? La decisión de entrar en el oscuro laberinto de la diversión extrema depende de usted. Anochecerá y veremos.

Daiquirís vs. ‘P
El trago del camino
“Si algo estaba claro para Hemingway es que cuando un hombre bebe, nadie tiene derecho a molestarlo. Por eso, solía descargar su puño sobre cualquiera que lo importunara en la barra del Floridita de la Habana mientras se enfrentaba valerosamente a la segunda docena de daiquirís sin azúcar y con doble dosis de ron. En definitiva, una manera más de desafiarse a sí mismo porque, por aquel entonces, ya se conocía ese coctel como Hemingway Special o Papá Doble, por mucho que él se empeñara en bautizarlo como “Daiquirí a lo salvaje”.
“(…) En el Floridita le proporcionaban un enorme vaso congelado, cubierto con una servilleta y lleno de daiquirí para que lo liquidara de vuelta a casa. Era el trago del camino”.
*Texto tomado de CD ron, de Miguel A. Barroso e Igor Reyes–Ortiz.

Las ‘Prellys’
“En el Indra (bar de Hamburgo) una anciana llamada Rose les vendía a los Beatles una prodigiosa cantidad de píldoras dietéticas alemanas llamadas Preludín, que guardaba en un frasco de dulces. Estos pronto comprobaron que necesitaban las ‘Prellys’ para seguir de pie durante largas noches de incesante interpretación. Las ‘Prellys’ les daban sed, lo cual a su vez les hacía beber más cerveza. Se hizo muy habitual que los clientes les mandaran cervezas al escenario y los animaran gritándoles ‘¡trinken, trinken!’ Con sus sistemas nerviosos electrizados por las anfetaminas, los Beatles podían hacer cualquier cosa”.
*Texto tomado de Los Beatles, biografía de Peter Brown y Steven Gaines.rellys’

FONDO BLANCO
Jim Morrison
(músico)
La mezcla de excesos del rey de los Doors fue algo legendario en cada uno de sus conciertos. A los 27 años murió víctima de las drogas y alcohol. Además de haber llegado a juicio por indecencia tras un concierto en Miami, imágenes como la de la película de Spielberg en la que el cantante recibe un blow job en pleno ascensor eran una constante en la vida de Jim.

Charles Bukowski
(escritor)
Bukowski, el autor de Fanctotum y La senda del perdedor, fue el rey de la cerveza por excelencia. Además de que su literatura tiene un honesto sabor a guayabo, quien haya visto la película Barfly —en la que Mickey Rourke interpreta a Bukowski— entenderá perfectamente por qué hoy en día hay una cerveza bautizada bajo su nombre en el mercado estadounidense.

Barney

(cartoon)
Aunque todo parece indicar que Barney es un tipo que disfruta su papel de borracho en el pueblo de Springfield, la verdad es que Barney es un verdadero party animal. Las tardes en las que usted lo ve acabado en el bar de Moe no son sino la forma en la que —sumergido entre una cerveza fría— Barney descansa de sus habituales noches de mujeres, sexo y rock and roll.

Hugh Hefner
(dueño de Playboy)
Con dos ex esposas y tres espectaculares novias trillizas, los anaqueles de las
fiestas de Mr. Playboy tienen invitados que van desde bandas de rock pesado como Limp Bizkit hasta viejas estrellas del cine como Bo Derek. La filosofía de Hefner (según la cual, la clase, el sexo y las mujeres deben ir de la mano) cambió para siempre la forma en la que el mundo mira la desnudez.

Truman Capote

(escritor)
El día en que Capote abrió una conferencia con la frase “soy drogadicto y homosexual” todo el mundo se escandalizó. ¿La razón? Nadie estaba al tanto de las noches de juerga del escritor de Nueva Orleans. Las cantidades exorbitantes de champaña y otros licores costosos que consumía el autor hicieron del periodista gótico uno de los estandartes de la colosal Studio 54.

Héctor Lavoe
(cantante de salsa)
“Cuando Héctor decía fiesta: era fiesta. Siempre había muchas mujeres, mucho trago y mucha madrugada. Había días en los que la rumba duraba hasta tres días a punta de vitaminas y booze. Eran los 60, la época del amor libre. A veces, cuando acabábamos de tocar, íbamos hasta el público y escogíamos a dedo cinco mujeres para llevárnoslas a la casa”. (Larry Harlow).

RUMBA A MIL POR HORA

Río
El carnaval de Río de Janeiro es la fiesta del desquicie por excelencia: 300 mil turistas, 14 escuelas de samba reconocidas y 30 flotillas de desfile con más de 100 percusionistas hacen parte del evento. (Tiquetes entre US$200 y US$700. 9 al 12 febrero. Sambódromo Avenida Marques de Sapuca, Río de Janeiro, Brasil. Tel: 5561 4297777. www.ipanema.com/carnival).

Mardi Gras
Mejor descrita como un Disney World para adultos, el Mardi Gras tiene algo para todos los gustos: desfiles mundialmente famosos —Zulu y Rex— son sólo algunos de los eventos que divierten a la ebria multitud. El próximo Mardi Gras empieza el 12 de febrero del 2002 New Orleans, Louisiana; Tel. 1 504 566 5011. www.mardigrassneworleans.com ).

Berlín Love Parade
Multicultural, impresionante y ensordecedor, tres palabras que intentan describir el Love Parade de Berlín. Desde que arranca la fiesta, 40 escenarios (iglesias, botes, etc.) abren sus puertas para que 100 participantes se sumerjan en un completo espíritu de bacanal. (Junio. Tel. 49 0 180 575 4040. www.lafete.com ).

Trinidad Street Party
Con un baile local que involucra altas dosis de movimiento pélvico, el festival de Trinidad y Tobago está catalogado como la fiesta callejera más grande del mundo. Muy ligeros de ropa o cubiertos con body paint los congregados esperan con ansiedad el momento en que la flauta de pan es interpretada por el monarca del carnaval. (Del 8 al 13 de febrero. Puerto España, Trinidad y Tobago, Tels: 1 868 623 1932/6022. tourism-info@tidco.co.tt ).

Salsa en La Chapelle
Si el ritmo electrónico no lo emociona y lo suyo es el ritmo latino, La Chapelle des Lombards puede ser su destino. Ubicado en toda la mitad de París esta plaza es un excelente lugar para amanecer rumbeando. Tras pagar un cover de 100 francos, turistas y parisinos bailan y beben hasta el amanecer (11 p.m. a 5 a.m. 19 de Lappe, Île de France 75011 —cerca a la estación del metro de La Bastilla—. Tel: o33 0 149 52 53 10. info@partis-touristoffice.com ).

Oktoberfest, Munich
La mejor manera de describir el Oktoberfest es pensando en un jardín de buena cerveza en la mitad del caluroso verano europeo. Aunque no necesite excusa alguna, acá todo vale como pretexto para probar una o dos —docenas— de las cervezas alemanas.
¿Le suena? (2 al 19 de agosto. 21,Spiridom–Louis–ring, Munich Upper Bavaria, Bavaria, Alemania; Tel: 49 0 89 3067 0. info@olympiapark-muenchen.de ).

Velfarre
Velfarre es la mejor prueba de que no todo en Japón es pequeño. Tras pagar un cover que, además de ser más barato para las mujeres, incluye tres tragos, usted podrá ver cómo las puertas de la discoteca más grande de Asia —y posiblemente del mundo— se abren. En Velfarre los habitantes de Tokio reinventan las noches diariamente y entre música que va desde el new wave de los 80 hasta los ritmos más discotequeros se acoplan a la ‘hora zanahoria’ japonesa. (Jueves y domingo de 6 a 12 p.m. y viernes y sábados hasta la 1 a.m. Velfarre Blgd 7-14-22Tokio, Japón. Tel: 81 0 3 3201 3331).

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