Se retira Daniel Samper de la dirección de SoHo y, como si no hubiese excedido ya el cumplimiento de su deber, como si no fuera ya icónica e histórica su obra, nos regala en la edición de los 15 años a manera de epílogo, de rúbrica, en forma de pousse-café, de palmadita en la cola, su último gesto, nos entrega su cuerpo viringo. Cierra un ciclo dejando —como los grandes de Millos— su piel en el partido final. Estoico. Exhibiendo un cuerpo indiscutible, bajo una calvicie precoz y remedos de pelo que no alcanzan a ser castaños ni amarronados. Nos deja una expresión tragicómica de cejas crispadas, unos ojos todo menos locuaces bajo unas gafas de Harry Potter. ¿Qué más podíamos pedir los miembros de la comunidad de esta revista?

Doce años atrás, todo era noticia y tormenta: Patricia Castañeda, apenas conocida, confesaba que había besado en un bar a otra mujer. ¡Qué escándalo! ¿Cómo así? ¿Hay mujeres que se besan sin ser lesbianas? La W hizo una entrevista. La opinión pública debatió. El gran mérito de esta revista 15 años después: el beso de dos mujeres ya no es noticia. Aun si una de ellas es Natalia París. Nada es tan grave ni tan superfluo, ni las modelos que se desnudan, ni las que sin ser modelos lo hacen, ni las que desnudan su mastectomía.

Vuelvo a la foto de Daniel y me erizo con esa ingenua desnudez hecha gesto de valientes. ¿Se animará Fidel Cano a hacer lo propio en El Espectador? Porque, Fidel, una cosa es hacer “Redacción al Desnudo” y otra, más agalluda, hacer un desnudo. Mi consejo, si quiere intentarlo: usted sí depílese. Es lo único. Comience por la cejas. ¡Anímese, Fidel! Pero no una depilación brasileña, ¡ojo!, esa dejémosela a Jairito Dueñas cuando salga en su Cromos.

Daniel no se afeitó, pero se las apañó para liderar una de las revistas más leídas del país en un país donde no se lee. A fuerza de conceder páginas a las mejores plumas de Iberoamérica logró exorcizar el demonio de la actualidad y la noticia para hablar de la gente y de la vida: tanto y tan poco como eso.

Observa uno en la foto —no todo es perfección— su rodillijuntismo: malformación que nos recuerda su caprichoso apego a los principios. Se notó en La última cena y el vía crucis no solo recreado por una mujer, sino, para colmo de muchos, una que tenía tetas. ¡Blasfemia! Se oyó el eco en la caverna. La apuesta artística terminó en ofensa. Apareció la misma lógica que llevada a un extremo resultó en el ataque al semanario Charlie Hebdo; en este caso, en vez de Mahoma el problema era Jesús. Daniel dejó, a quienes se opusieron, hablar sin censura en la revista. Enfrentó las acusaciones. El enemigo era un desconocido, un tal Alejandro Ordóñez. Ganó Daniel y su capricho por demostrar que no por incómodas o estúpidas las ideas y las expresiones se pueden censurar. Ganó la sociedad a la que hacen más fuerte las palabras que se dicen que las que se callan; más las ideas que se expresan que las que se reprimen. Ganó una revista donde ocurre algo que cuesta tanto entender: que al final nadie tiene del todo la razón. Y consolidó una revista sin seudónimos: con nombre propio el crítico y el criticado. En fin, una revista en la que citar o no la Biblia no termina en un despido como en El Colombiano.

No puedo dejar de ver la foto de Daniel que he mantenido como imagen de protección de pantalla en mi computador y me embeleso por esas tetillas violáceas que recuerdan la mortadela Zenú y que se lo quedan mirando a uno, donde vaya, como los ojos de la Mona Lisa. Y vuelvo a la revista que logró ser lo que los medios tradicionales no han podido: una colección de sátira indiscreta, de humor desafiante, de hipérboles que comúnmente terminan bajo la tachadura de los editores. La resucitación del reportaje y la crónica para contar historias inconvenientes, describir lugares recónditos o personajes oscuros. Reinas, modelos, víctimas, motiladas, enanas, fisiculturistas, senadoras y transexuales expresando en libertad la presencia de un pezón en su pecho.

Se va Daniel y le deseo suerte como rector de la Universidad de La Sabana y asesor de Viviane Morales. Nos quedamos con su cuerpo posando como defensor central en la barrera de un tiro libre. Mirada al frente. Pecho henchido. Sus manos cubriendo ese par de berenjenas, esas nueces que hay que tener muy bien puestas para hacer la revista de la que hoy se aleja.

@ElNegroUribe

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