Personaje público que no haya salido en SoHo está en nada… Porque si Warhol habló de 15 minutos de fama, salir en esta revista equivale a entre dos y cinco años. Cuando posé con esa tanga negra, diminuta, la fama que tenía hasta ese día se convirtió en fama y media. Y si a eso le sumamos que hice unas sugestivas poses al lado de una modelo semidesnuda y que también escribí un artículo sobre cómo tuve un supuesto encuentro erótico con una mujer en un baño de In Vitro, pues ya se imaginarán hasta dónde llegó mi fama. Esta revista que hizo el triple de tiraje con mi fotografía en portada se vio hasta en la selva y no exagero: un ex secuestrado me escribió agradeciéndome por los tacones y por la tanga. Fama, deja mucha. Mi nombre se oía como en eco: desde Julio Sánchez pasando por Juan Gossaín, hasta un señor Benavides en la radio de Córdoba hablaron del asunto. Obviamente algunos familiares ofendidos prefirieron borrarme de su lista de contactos, lo cual agradezco a la revista. De vez en cuando es necesario poner a la familia a un lado (hay unos que todavía no me hablan). Exceptuando a Mamalolo, mi abuela, quien compró casi todas las revistas que encontró en la 14 en Cali y orgullosa le iba entregando una copia de regalo a cada persona que iba a visitarla.

Salir en SoHo me quitó de encima un par de amigas escandalosas e insoportablemente pudorosas que me hicieron la vida imposible ese abril del 2003 (mi tarea fue escandalizar a la medianías intelectuales) y me dejó exclusivamente con las del buen sentido del humor, relajadas y mamagallistas. Dinero sí me dejó pocón porque las campañas publicitarias que me ofrecían eran algo vulgares. ¡Ah!, pero me desquité cobrando el triple del salario en los otros trabajos. Además que ahora me llaman de todas partes para que escriba, porque al parecer a la actriz-fan se le sumó la autora-fan.

Dejé el doble de fanáticos de todos los géneros, edades y sexualidades.  Y lo más grandioso que me dejó SoHo fueron unas fotos divinas que voy a conservar aún cuando esté vieja y arrugada, porque para allá vamos todos, voy a ser la más orgullosa de mostrarles a mis nietos que en mis veintes fui bella, interesante y polémica.
 
Vea el artículo de Patricia Castañeda en la edición 38

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