El doctor Carlos Pol Bravo, además de la veintena de diplomas que cuelgan apretujados en las paredes de su consultorio en Bogotá que lo certifican como psiquiatra, master en sexología y director científico de la Central Médica de Sexología, tiene sobre su escritorio un arma de doble filo; una espada ropera decorativa española, símbolo y cicatriz de un viejo amor. Un certificado más de experiencia.

Me siento en la silla negra de cuero del paciente y el doctor saca de una de las gavetas de su escritorio un frasco de perfume, hace tres apliques en sus manos, las frota y acaricia su cuello: “No soy hipócrita, no me gusta la hipocresía, por eso me aplico perfume delante suyo. ¿Le gusta cómo huele?” me pregunta con su marcado acento catalán. A su lado derecho está Deisy: joven, embarazada y silenciosa. Ella escucha, teclea en el computador y sabe exactamente lo que quiere el doctor sin necesidad de una sola palabra. Un buda del sexo con asistente. Huele a madera ácida, sí, huele bien.

“El sádico y el masoquista solo obtienen placer a través del dolor. Infligiéndolo en su pareja o en grupo que es el sádico, o recibiéndolo que es el masoquista. Y eso los ubica en la parafilia como única vía de excitación para llegar al orgasmo. Y se llaman sadomasoquistas por la unión de las dos palabras, es decir, que disfruta de las dos formas de parafilia”, y pica el ojo izquierdo mientras comenta.

“Tanto el sádico como el masoquista encuentran su fuente de inspiración en el fetichismo, pues el sadismo necesita de elementos para producir dolor. El más elemental es el manual: una cachetada o una nalgada, el famoso spanking. Ya después se entra con fustas, esposas, látigos de seda, látigos de cuero o látigos de vidrio sintético, que no dejan huella”

¿Y la humillación?

“En muchas ocasiones la humillación entra en el juego sadomasoquista. Es una manera válida siempre y cuando sea un juego erótico y no una realidad punitiva ilegal como la agresión sexual o la violación. La humillación no es una parafilia. Las parafilias, que se deben tratar médicamente, son formas de conducta sexual desviada como el fetichismo, el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo, el voyerismo, la gerontofilia o la agalmatofilia, que son los que se excitan con los maniquies de las vitrinas o se masturban frente a estatuas. La única forma de llegar al orgasmo de un parafílico es a través de una filia.”

Entonces el protagonista de 50 Sombras de Grey, una de las películas más taquilleras con un recaudo de 311 millones de dólares hasta el momento, tema que ha salido hasta en la sopa y tiene a más de una excitada, es un desviado...

“El muchacho siempre entró al sexo a través del sadismo y el masoquismo porque su conductismo fue impuesto, según el guión de la película, y yo no soy crítico de cine solo lo comento desde la parte psiquiátrica…Entonces el protagonista fue inducido a esas “artes” por una amiga de su madre cuando era pequeño. Tema interesante porque estamos hablando de una patología mental, además que debe ser tratada porque es grave. Hay que dejar claro que el sadomasoquismo es una forma de parafilia bárbara cuando no es controlada.

¡Ojo! Que la frontera con la ilegalidad en el sadomasoquismo es muy sutil. Cuando los rituales o códigos del ‘hasta aquí llego’ o ‘eso no quiero’ no se respetan, ya no es juego erótico, es agresión sexual real.”

Mientras el doctor Pol me explica que el personaje de Christian Grey es un enfermo sexual digno de tratamiento psiquiátrico, del que muchas mujeres con pésimo gusto se enamoraron (y no lo digo por el actor que lo interpreta, Jamie Dornan, ni la parafilia, allá cada quién con sus mañas, sino por la bajísima calidad cinematográfica, literaria y sexual del asunto) Deisy le pone un vaso de coca cola al doctor y vuelve a su lugar, en silencio.

El doctor bebe del vaso, mira hacia el ventanal del consultorio que da a un árbol frondoso en la calle y con ritmo pausado me dice que el hombre es más cobarde que la mujer, que la mujer es fuerte pero más sutil y la única forma que ha encontrado el hombre para intentar dominarla estúpidamente, a través de la historia, ha sido con un machismo social forzado y mal llevado.

Fueron los egipcios de la época Faraónica los primeros en practicar el sadomasoquismo sin ningún tapujo como los romanos, contrario a como se practicaba en la época Victoriana, en Inglaterra, donde lo hacían como mecanismo de “educación” con doble moral: “porque te has portado mal, toma tu nalgada”. Hipocresía sexual que se ha extendido en el tiempo y se mantiene en muchas sociedades que, como afirma el doctor Pol con el ojo izquierdo cerrado ahora con un poco más de fuerza: “Ha sido lo peor que ha podido ocurrir para la vida sexual en todas las culturas”.

“Hay muchas prácticas sadomasoquistas absurdas y canallezcas, de agresión y destrozo (con sangre y heridas a carne viva que generan placer al parafílico) que se diferencian a una figura de juego erótico, como la que presenta la película 50 sombra de Grey, y esa es ficción. Odio la ficción. No podemos permitir que la ficción se convierta en realidad… El arañazo, el mordisco en el cuello, los moretones no son sadomasoquismo, no nos engañemos, esas son marcas de placer, aceptadas y causadas durante la excitación (recordemos el Koka-Shastra o el Kamasutra que hablan de las marcas del amor), no hay patología.”

¿Puede el sadomasoquista amar a una persona que no practica el sadomasoquismo?

“El sadomasoquista evita el contacto sexoafectivo, la unión de la emotividad y la sexualidad, porque es parte de su patología y solo acepta el placer a través del dolor (no hay amor). Ahora, si un sadomasoquista se enamora de alguien que no practica el sadomasoquismo, va a sufrir. Tiene que buscar con quién hacerlo y es común que pase en esta patología. Si no hay confianza en la pareja, va a ser muy difícil de llevar”, responde al tiempo en que Deisy le trae un segundo vaso de coca cola.

No sé si sea malo el sadomasoquismo…

“Ni bueno ni malo, es una parafilia con complicidad que puede pasar por un plato fuerte del erotismo. Pero, si el sadismo es constante y exagerado puede que no mate físicamente pero sí el sentimiento de pareja, porque se cae en el aburrimiento, se puede quedar en el golpe a secas, en la caricia por la caricia (es limitante).”

El sexólogo alemán Richard von Krafft-Ebing fue quién inventó la palabra sadomasoquismo, en el siglo XIX, y la aplicó en medicina y psiquiatría en su libro Psicopatía Sexualis: ‘sadismo’ por las obras del Marqués de Sade y ‘masoquismo’ por el escritor Leopold Sacher-Masoch que exaltaba el dolor como forma de placer en su libro La venus de las pieles.

“El sadomasoquismo no es para nada una practica novedosa”, afirma el doctor, “se practica con frecuencia en el Norte de Europa, Estados Unidos y España, donde hay clubes especializados en sado. En Colombia existen algunos lugares pero soterrados, como pasa en general en América Latina por la cultura de terror al hablar de sexo.”

No se justifica entonces que la imagen de una cenicienta erótica, como la que ofrece el personaje de Anastasia Steele, dé para tanta lora cuando todavía, siquiera, se habla abiertamente de sexo sin vicios de moral. “No vale la pena descubrir América cuando hace muchos siglos está descubierta. Tampoco vale la pena salirnos de la sexualidad normal por una película que no da para tanto”, y pica su ojo, ahora con un poco de burla.

¿Y el amor, doctor?…Bueno, sobre la punzante historia que adorna el escritorio de Carlos Pol y se le aguan los ojos, la que tal vez Deisy ya conoce, hablamos después.

@AspasiaSegunda

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