Todos esos chismes empezaron unos años después de que salí en el famoso comercial de Johnson & Johnson, en el que aparecía acostada en el piso hablando por teléfono y, al final, envuelta en una bata blanca, decía: “Señor Johnson, los grandes siguen usando mi champú”.

Cuando se grabó el comercial, yo tenía 6 años, hoy tengo 28. Como soy de Medellín, tuve que viajar por tres días a Bogotá para la grabación. Recuerdo, como si fuera ayer, que me dolían los codos por tanto apoyarlos en el piso; que la grabación se tardó más de lo esperado, porque yo no podía pronunciar la erre en la frase “no irrita los ojos y es solo para niños” (decía ‘irita’); que el teléfono por el que hablaba estaba desconectado; que me pagaron 150.000 pesos del momento; que el director del comercial me regaló un oso gigante que casi no me dejan subir en el avión de vuelta y que, cuando salió al aire, me molestaban mucho en el colegio.

Aunque esa no fue mi única aparición, pues también hice pasarela y comerciales para otros productos como Frescote, papas Jacks, Conavi y Super Ley, a los 12 años paró mi carrera como actriz y modelo. Ese ambiente se empieza a volver pesado, porque hay que hacer dieta, ir al gimnasio… cuidarse como un adulto. Yo era una niña a la que le gustaba hacer lo mismo que a las demás: jugar a las muñecas y comer dulces sin pensar en el gordo que le va a salir. Además, mucha gente en Medellín quiere tomar ese camino, por lo que la competencia es demasiado fuerte.

Mi vida, entonces, es tan normal como la de cualquier persona de mi edad. Estudié Diseño de Modas en la Arturo Tejada, y desde hace seis años tengo un negocio de calzado para hombres, mujeres y niños que se llama Cha Cha. Tengo un almacén en Medellín, y distribuyo zapatos a otras ciudades del país. Vivo con mis papás y estoy estrenando novio.

Aunque ahora me da risa pensar en todo lo que se decía sobre mí, en su momento no fue chistoso. Por ejemplo, una vez llegué de unas vacaciones y cuando la profesora me vio, se puso a llorar, pues estaba convencida de que me había ahogado. Pero la cosa se puso peor cuando crecí un poco más, hacia mis 16 años, pues se decía que andaba metida en vicios, entre otras cosas horribles. Cada vez que conseguía novio, este llegaba con un cuento diferente. Cómo sería de grave que en un punto, desesperada, pensé hasta en irme del país.

Pero no me fui y, en cambio, eché raíces con mi empresa. Hoy, la gente que sabe lo del comercial todavía me molesta a veces, incluso me reconocen por la calle, pues aunque en algún momento estuve pelirroja, no he cambiado tanto.

Finalmente, les confieso que tuve piojos cuando chiquita; que después de grabar el comercial me llegó una ancheta llena de productos Johnson que me surtió por un buen tiempo, y que ya no uso sino Dove. Pero eso sí, cuando tenga hijos, les voy a lavar el pelo con champú Johnson & Johnson, porque “no irrita los ojos y es solo para niños”.

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