Para mí, el Síndrome de Down (SD) es ni más ni menos que una alteración cromosómica, por tanto una diferencia más en el ser humano y no una enfermedad ni algo que duela. Otra cosa es que pueda tener algunos trastornos asociados, pero no siempre, por ejemplo, en mi caso, no tengo nada cardíaco, pero sí osteoporosis, que suele ocurrir cuando tenemos una cierta edad, y astigmatismo (uso lentes con frecuencia) pero no son cosas que duelan ni que se noten especialmente, lo tengo y punto. Cuando tengo la gripe o cualquier enfermedad tengo los síntomas comunes y no necesito ningún cuidado especial.


Donde puedo tener más dificultades, como cualquier SD, es a nivel físico, lo mío no es el deporte y soy bastante torpe para correr en los deportes de coordinación (tenis) o equilibrio (esquí). El único deporte que me sale bien es la natación, que además me gusta. En cuanto a la motricidad fina, los llamados trabajos manuales como pintar, dibujar o cortar, no son lo mío, ¡pero escribir sí! Hago la letra pequeña, pero eso es deformación universitaria mía.

 

Yo fui consciente de que era SD cuando pequeño, me lo explicó un profesor de la Universidad de Málaga (Miguel López Melero); yo, como no me enteraba, le pregunté si era tonto, si podía seguir estudiando… Me dijo que sí, y que siguiera adelante.
A nivel emocional que me digan NO, no me gusta y me pregunto, ¿por qué no? Y si me lo prohíben, hago táctica de guerrilla, no lo tomen a mal, o sea hacer esas cosas a escondidas, “legales”. Cuando me gusta una mujer suelo expresarlo y lo suelo hacer, aunque suene antiguo, piropeándole. Cuando me acerco, me sale la masculinidad (no quiero decir más). 


Yo creo que he podido hacer tantas cosas por una mezcla de factores. Por un lado, factores innatos como mi interés por el aprendizaje, mi buena memoria, mi capacidad de expresión, pero sobre todo los factores educativos, ya que desde el principio tanto mis padres como mis profesores han confiado en mí y en mis posibilidades, y eso me ha dado mucha autoestima. Además, mis padres nunca me han sobreprotegido y, sobre todo, nunca me han puesto limites a priori, era yo el que decidía lo que podía aprender o no. Mis aspiraciones para el futuro son las de cualquier persona: tener independencia, trabajo, pareja y familia.


Creo que el resto de chicos no han llegado no porque sepan menos que yo, sino porque no se les ha sabido estimular; padres que le ponen voluntad pero creen que su hijo solo va a aprender lo básico, a pesar de sus esfuerzos. Padres que siempre subrayan lo que no va a aprender y que, al final, sin querer, tienden a sobreprotegerlo. También hay profesores que tiran enseguida la toalla, como hay ausencia de profesionales que les ayuden, muchas veces porque los propios padres no quieren esforzarse más. Por eso, el trabajo que vengo haciendo con la Fundación Adecco trata de sensibilizar a los empresarios y a la administración pública para que no tengan miedo a la hora de contratarnos, que se atrevan a hacerlo, que nos vean como personas útiles y rentables, ya que podemos aportar mucho. 


Recientemente, en la Comisión Europea en Bruselas, para el Día Internacional de las Personas con Discapacidad (3 de diciembre), hice una ponencia sobre ciertos derechos que hay que seguir potenciando, como el acceso a la cultura y el ocio, al empleo y, lo más importante, la educación. Las legislaciones que favorecen nuestra contratación son apenas una de las tantas herramientas que debemos potenciar para que más personas tengan un lugar de trabajo.


Tengo muy buenas memorias de Colombia por el estreno de Yo, también, una película que, además de demostrarme una nueva habilidad como actor, me ha servido para conocer otras realidades. Ahora, a través de Conexión Global y Fundación Adecco, tenemos la firme propuesta de regresar con otras ambiciones, sensibilizar y formar al tejido empresarial colombiano para que sea una realidad común la incorporación laboral de las personas con discapacidad. Si todo sale bien, en 2011 estaremos en ciudades como Medellín, Cali, Montería y Bogotá para transmitir nuestras experiencias, casos de éxitos y abrir el debate sobre las posibilidades que tenemos las personas con discapacidad en tan hermoso y, déjenme decirlo, sabroso país.

 

*Pablo Pineda

 Primer licenciado europeo con Síndrome de Down Diplomatura de Magisterio en Educación Especial Licenciatura de Psicopedagogía. Concha de Plata, mejor actor, Festival de San Sebastián 2009 por la película Yo, también

 

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