Fue una pesadilla de tres días de la que aún le cuesta trabajo hablar. Tanto que a finales de noviembre pasado una recaída de la lesión de Radamel Falcao García llevó a Soner Ertek a enviarme un mensaje de texto para aplazar de nuevo nuestro encuentro.

—¿Una entrevista esta semana no sería echarle leña al fuego?

Ha pasado casi año y medio desde la ruptura del ligamento de su rodilla y el delantero colombiano, hoy en día en el Manchester United, aún no logra recobrar del todo la forma. Tampoco ha podido superarlo Soner Ertek, el profesor de colegio y jugador aficionado que, sin maldad alguna, le causó la lesión. Recostado en el espaldar de un banco del parque de la Tête d’Or, en Lyon, la ciudad donde vive, y con el rostro iluminado por una sonrisa cortés, Soner Ertek dice que de esa horrible experiencia lo único bueno que le quedó es que ahora comprende a las personas que estallan por culpa del acoso.

—Aún siento una picada en el corazón cada vez que escucho el nombre de Falcao —dice.



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Miércoles 22 de enero de 2014. Chasselay contra Mónaco. Dieciseisavos de final de la Copa de Francia. Para Soner Ertek, jugador amateur de 29 años, defensa de la cuarta división, el encuentro contra Mónaco era un ‘regalo’ que lo enloquecía de alegría. Él, un muchacho de la región de Ródano-Alpes que solo había conocido las canchas comunes y corrientes del mundo aficionado, podría por fin tocar la gramilla del estadio Gerland, la casa del Olympique de Lyon, club del que es hincha. Como si fuera poco, su admirado Ludovic Giuly (exjugador del FC Barcelona, del PSG y de la selección francesa) jugaría a su lado, pues había vuelto para terminar su carrera en su tierra.

—Ese partido habría podido convertirse en el más bello recuerdo de mi vida deportiva —dice Soner.  Y, tras una pausa, continúa—, pero no. Fue todo lo contrario.



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Ha llegado el día D. Ertek y sus compañeros hacen todo lo posible para que la emoción no los desconcentre. El entrenador asistente les prohíbe mirar el calentamiento de los adversarios, con los que ni siquiera pueden intercambiar palabras. También por órdenes del cuerpo técnico, antes de salir al campo los jugadores del Chasselay tienen que enterrar bien profundo la idea de que, 90 minutos más tarde, podrán quedarse con la camiseta de Moutinho o de Toulalan, dos de los jugadores insignia del Mónaco, uno de los clubes más famosos del fútbol francés.

La primera media hora de juego transcurre sin problemas. Soner evoca esos minutos como si hablara de un partido visto en televisión: “El nivel, la rapidez, la limpieza de los pases… Se veía que técnicamente había una distancia que nos separaba de ellos. Una especie de aura se desprendía de Falcao y de algunos de sus compañeros, pero nosotros, de verdad, estábamos entregándonos al máximo”.

Ertek juega ese día de defensor central, su posición favorita. Según Landry Ndzana, entrenador del Villefranche, el club —también de cuarta división— con el que Ertek firmó el verano pasado, es ahí donde se siente más cómodo: “Tiene un buen sentido de anticipación, es firme en los duelos y, a pesar de no ser muy alto, es bueno en el juego aéreo”.

Chasselay aguanta la presión hasta el minuto 30, cuando, gracias a un pase de Valère Germain, Falcao, invisible hasta entonces, anota un gol sorpresivo. El colombiano parece poseer el secreto para marcar ese tipo de tantos. “Estaba solo en ese momento, lo que prueba que no había marca individual ni ninguna táctica especial para anularlo”, dice un sonriente Soner, que, apenas diez minutos más tarde, ejecutará esa barrida que recordará una y otra vez.

Es una entrada en la que solo pretende cortarle al colombiano la ruta hacia el gol, pero su muslo toca la rodilla izquierda del delantero del Mónaco, que no se levanta del suelo y debe abandonar el campo de juego. “Sinceramente, en ese momento ni siquiera pensé que lo hubiera tocado. ¿Era la presión del partido? No sé, pero yo le entro para evitar que dispare y, en el calor de la acción, ni lo siento. Él la juega bien, pone el pie en oposición y busca provocar el penalti”, dice Ertek.

Nadie imagina en ese instante que el atacante no podrá volver a las canchas hasta la Emirates Cup, el 2 de agosto, siete meses después. El incidente parece tan banal que durante el medio tiempo los compañeros de Soner le preguntan por el momento de la barrida solamente para saber si Falcao había fingido.

Se acaba el partido y el Chasselay pierde por tres goles. Y es al salir de la ducha cuando uno de los jugadores le pregunta a Ertek: “¿Escuchaste lo de Falcao? Parece que la cosa está fea”. Una multitud de periodistas se abalanza sobre el jugador en la puerta de los camerinos. “Entonces comprendí que no me buscaban precisamente por mis cualidades como defensa”, cuenta.

En el video de sus primeras palabras, que circulará por internet durante semanas, Soner, a punto de llorar, explica su desconcierto. Dice que si hubiera sabido lo que pasaría, habría dejado que Falcao anotara. Confiesa ante las cámaras que si la lesión es grave no se lo perdonará en el resto de su vida.



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En la recepción que se celebra tras el partido, patrocinadores, amigos y familiares comparten un momento de pura alegría. Pero Soner está en medio de la gente como un zombi. Con la mirada perdida, no deja de preguntarse qué pasó y qué va a pasar. Toma el bus que lo lleva de vuelta a su casa y descubre que el teléfono celular se ha convertido en un enemigo que lo amenazará durante semanas: “No paraba de sonar y de vibrar. Entraban muchas llamadas y correos, pero sobre todo notificaciones de Facebook. Eran desconocidos con nombres que parecían ser en español y que querían agregarme como amigo”.

Soner, que sigue sentado en el banco del parque, juguetea con el teléfono en sus manos mientras lo dice. Parece como si el aparato estuviera listo para sonar otra vez, como si estuviera preparado para comenzar a enloquecerlo de nuevo.



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Ertek recuerda la noche del miércoles 22 de enero de 2014 como un infierno. Frente a la avalancha de nuevos “amigos” colombianos, elimina su cuenta de Facebook, pero aun así el teléfono no deja de timbrar. Algunos de los que lo llaman son conocidos; otros, periodistas. “Así fue hasta el viernes. Me tocaba cargar la pila del celular tres veces al día”.

Ni siquiera el teléfono fijo para de sonar y eso es lo que más preocupa a Selvinaz, su esposa: “No contestábamos, pero veíamos bien claro que las llamadas provenían de Colombia. Llamaban hasta tarde. Le dije a Soner que apagara los teléfonos”. Y a él le cuesta trabajo conciliar el sueño: “Sentía algo muy raro, como si el corazón me apretara”.



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Al día siguiente, tras una noche corta, el profesor emprende camino hacia la escuela primaria donde trabaja, en los suburbios de Lyon. No puede imaginar ni por un segundo lo que pasa al otro lado del planeta. Cuando llega a su destino, son los padres de los estudiantes los que se lo hacen saber. Le dicen que en Colombia Soner Ertek es el nombre más mencionado en Twitter. Él nunca había escuchado hablar de Twitter. “En ese momento, a las 8:00 de la mañana, comprendí que iba a ser horrible y, sinceramente, durante dos días lo fue”.

Selvinaz le prohíbe a su marido que se meta a internet para ver lo que está pasando. Ella, sin embargo, decide hacerlo a escondidas. “Vi la foto de Soner puesta junto a la de un jugador colombiano que fue asesinado. El título era ‘El hombre más buscado de Colombia’. Guardé la imagen, pero no se la mostré. Estaba muy preocupada. Pensaba que podría pasarle lo mismo a él”.

Soner se ha convertido en el enemigo público número uno para los colombianos. Los fans de Falcao postean atrocidades en Twitter: “Si yo fuera Ertek, me suicidaría”; “Si las Farc quieren recuperar nuestra confianza, que se encarguen de Soner Ertek”. En la emisora Radioactiva lo imitan para burlarse de él con Edith Piaf como música de fondo: “Yo soy el suplente del suplente del titular”, dice un locutor. Y la prensa indaga sobre su vida: “Cumplirá 29 años el 9 de febrero, pero no tendrá nada que festejar”, escribe el diario Ouest-France. Además, el columnista Héctor Abad Faciolince, en El Espectador, lo convierte en la encarnación del Mal, con una inmensa M: “A lo largo de nuestra vida, todos encontramos algún Soner Ertek. El jugador de ajedrez derrotado que da vuelta al tablero, el interlocutor que intenta ganar un debate con alaridos”.

En un país privado de mundiales desde hace 16 años, y que vive el fútbol con una violencia inaudita, la pasión se descarrila.

A pesar de todo, Soner logra encontrar un momento de reposo. Como todas las mañanas, en el salón de CE2, el equivalente francés a cuarto de primaria, la clase comienza con lo que él llama “la charlita”: “Durante cinco o diez minutos, los alumnos hablan de lo que hicieron la tarde anterior, de lo que vieron en la tele, de lo que leyeron”. Los estudiantes llegan ese día con dibujitos y poemas de apoyo. Le hacen muchas preguntas sobre el partido, pero casi no hablan de Falcao. Soner dice que le sienta bien esa ingenuidad de los niños y vuelve a sonreír.

Luego de las clases, la tormenta comienza de nuevo. Tiene más de 100 llamadas perdidas en su celular y unos 20 mensajes de voz de desconocidos que dicen cosas como: “Buenos días, soy fulanito, trabajo para tal canal o tal emisora, ¿podemos hablar?”. Al final de la tarde, en el entrenamiento, hay periodistas por todas partes. El presidente del Chasselay y Ludovic Giuly están furiosos porque la práctica debe interrumpirse para que Soner salga en vivo en la cadena France 3. La segunda pregunta de la periodista es: “Escobar fue asesinado tras marcar un autogol, ¿usted cómo se siente?”.

—Qué lindo se estaba poniendo todo —bromea Ertek.

Al día siguiente, el frenesí mediático no se detiene. (Demasiado) amable, Soner le contesta a todo el mundo. “Estaba cansado, hastiado. No tenía apetito, todo era insípido. La pizza, el pan, todo me sabía igual. No logré poner las cosas en perspectiva sino tres días después. Alguien se lesiona por algo que hiciste y eso duele en el alma. Así te digan que no fue tu culpa, te preguntas por qué todos hablan de eso y te dices que sí, que tal vez sí eres culpable”.

Su esposa lo desconoce: “Hace chistes todo el tiempo, pero en ese momento estaba muy triste”. Para tranquilidad de la pareja, llegan numerosos mensajes de apoyo que alivian un poco al jugador. Muchos son correos electrónicos enviados al Chasselay. “Recibieron muchas cartas, la mayoría positivas. Me las entregaron y eso me hizo bien”, cuenta Soner.

Le llegan, también, palabras amables de gente del mundo del fútbol. Los exseleccionados franceses Frank Leboeuf y Willy Sagnol lo llaman en vivo desde un programa de radio para decirle que no tiene por qué sentirse culpable. Y ciertos actos de simpatía lo sorprenden: “Soy de origen turco y me enteré de que algunos entrenadores de equipos de tercera división de allá dijeron en la televisión: ‘Si tiene miedo de que en Francia su equipo no lo proteja, puede venir a jugar aquí’. Mis primos me enviaron pantallazos de esas declaraciones, fue increíble”.



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El mundo mediático está hecho de tal manera que la calma regresa después, casi de forma brutal. Y Soner puede volver a dormir: “Logré poner tierra de por medio. Fue un episodio fuerte, una experiencia de locos”.

Todo va bien hasta el 2 de junio, cuando Falcao anuncia que se perderá el Mundial. Soner se entera al subir a su carro, después de un partido con sus amigos. “Cuando cogí el teléfono, vi muchas llamadas perdidas de un periodista que conozco en Lyon. Entonces lo llamé y me contó que Falcao no iría a la Copa Mundo, que la cosa había empezado a ponerse fea en las redes sociales, que tenía que cuidarme, que fuera a ver a la policía. Estaba más angustiado que yo. ‘No, no voy a volver a caer en eso’, me dije. De hecho, fue menos violento que la primera vez y logré ignorarlo. Pude decirles ‘no’ a los medios”.

En Twitter, el odio colombiano se esparce de nuevo, pero un trino de Falcao posteado a finales de febrero y sacado de nuevo a la luz por esos días calma a muchos de los hinchas: “Soner Ertek, gracias por tus mensajes. No te sientas culpable por lo que pasó. Así son los accidentes del fútbol”. Soner lo conserva en su celular como un tesoro.

Desde entonces, Ertek ha retomado el curso de su vida. Aún es profesor, pero ya no juega en el Chasselay: firmó el verano pasado con los vecinos de Villefranche, que, como su antiguo equipo, también participa en la Copa de Francia. “Es un superclub”, dice. Allá es uno de los que llevan la batuta, “un líder pendiente de los demás y que siempre está de buen humor”, según su nuevo entrenador. El traspaso no tuvo nada que ver con la historia de Falcao. Soner lo jura: “Tenía la impresión de haber cumplido un ciclo, lo mismo pensaba el técnico”.

Ertek estuvo pendiente del Mundial y le encantó ver que los colombianos llegaron a los cuartos de final sin Falcao. Solo en raras ocasiones piensa en el doloroso episodio que lo hizo famoso, aunque Selvinaz nota que “cuando mira el programa Téléfoot y escucha que dicen ‘Falcao’, su rostro se transforma de repente”.

La vida de Soner Ertek sí cambió tras la lesión del colombiano: no hay una sola semana en que no le hablen de ese tema. En el supermercado lo abordan con frecuencia. Y en Villefranche lo llaman, a veces, “Señor Falcao”, siempre con una sonrisa. Otra consecuencia, que le parece chistosa, es que nunca en la vida irá a Colombia. “Seguro que es un país hermoso, pero creo que no sería bienvenido”.

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