Hace 11 años mi amigo y socio Juan Pablo Pedraza y yo, decidimos montar un taller. Muy lentamente el negocio fue creciendo hasta que ampliamos la bodega para que le cupieran cinco carros. No teníamos buena clientela pero nos manteníamos. Fue entonces cuando una mujer llegó al taller para hacer revisar su vehículo. Una bujía no funcionaba bien, lo que hacía que su carro anduviera con tres pistones. Le recomendamos cambiar las cuatro bujías y le dijimos que, en caso de hacerlo en nuestro taller, todo le saldría por 25.000 pesos, incluyendo la mano de obra. Lo que no sabíamos era que se trataba de una periodista de SoHo que estaba haciendo un experimento periodístico. Le había dañado una bujía para que el carro pareciera averiado y así identificar en qué talleres bogotanos engañaban a los clientes cobrándoles cifras irrisorias por daños sencillos. Nosotros le dictaminamos lo que creímos era el daño y le cobramos lo justo. Fuimos los únicos honestos de una prueba que incluyó más de diez talleres. Cuando la nota salió publicada, en la edición 41, se nos abrieron las puertas: una gran cantidad de gente empezó a llamarnos e importantes proveedores a buscarnos. El humilde taller JPP se convirtió en JPMS. Ahora tenemos 15 empleados directos y 33 indirectos, hay espacio para 30 carros dentro de la bodega y atendemos hasta 40 clientes por día. Muchas mujeres llegan aquí porque confían en nosotros y algunos talleres vecinos, que en su momento nos odiaron, vienen buscando asesoría.
 
Vea el especial de ¿en qué talleres tumban? en la edición 41

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