Suena a universidad de garaje o una de esas carreras técnicas que ofrecen por ahí. Ni lo uno, ni lo otro. Telectrónico fue uno de los programas de concurso más populares de la televisión colombiana en los años ochenta cuando se pusieron de moda los videojuegos.

Para que se ubiquen en el tiempo, el Telebolito estaba de salida en el mercado y el Atari 2600 era la sensación del momento (lo que es hoy el X-BOX o el Wii). Pero, para jugar Pac-man, Combat o Space Invaders (conocido como "marcianitos"), tocaba ser amigo del que tenía Atari en el barrio o capar clase para ir a las maquinitas de Uniplay en Unicentro.

Pero la televisión colombiana puso las maquinitas al alcance de todos con Telectrónico. Era 1984 y el estudio de grabación se abarrotaba de concursantes que querían enfrentarse entre sí. Todos querían conocer y probar las consolas de videojuegos Atari 2600 e Intellivision (competencia de Atari) que incrustaban en una escenografía futurista, como del año 2000.

Pero lo más recordado de este programa era la sección "Telepaw", donde televidentes (o telesocios) de todo el país tenían la oportunidad de jugar vía telefónica Asteroides, el juego más popular de la época.

La mecánica era sencilla: pararse frente al televisor y por teléfono, mediante un poderoso grito de ¡Paw! disparar y destruir asteroides. Para explicarlo más fácil (¿o más enredado

), por activación de voz se disparaba. Es decir, cada ¡Paw! era un disparo.

Claro, todavía tengo la duda si para la época se contaba con esa tecnología o alguien estaba pegado a la palanca del control oprimiendo el botón rojo cada vez que se gritaba ¡Paw, paw! Estoy casi seguro de que aplicaban la segunda opción.

Pero yo quería participar, y siguiendo el "sabio" consejo televisivo "mientras más cupones envíes, más posibilidades tienes de ganar", arranqué cuanto cupón encontré en revistas de consultorios. Escribí y envié a las oficinas de la programadora RTI cientos de cartas con los datos personales. Y para "tener más oportunidades" echaba mano del hoy desaparecido papel carbón para sacar copias.

Sagradamente, de lunes a viernes entre 5:30 y 6:00 p.m., sintonizaba el canal Dos y me sentaba a esperar la bendita llamada. Muchas se frustraron porque mi vieja no soltaba el teléfono o simplemente porque el recibo no estaba al día.

Hasta que un viernes, nueve meses después de enviar 37 cupones y 112 cartas (en realidad 56, las otras 56 eran copias), la anhelada llamada entró. Al otro lado del teléfono una mujer se identificó como productora de RTI. Me dio las pautas de siempre: que le baje volumen al televisor, que se ponga cómodo, que hable duro, etc. Y después de unos segundos soltó la llamada al aire.

Vino el caluroso saludo del presentador de Telectrónico, el costeño Reynaldo Moré (q.e.p.d.). Lo cierto es que el cable del teléfono no alcanzó a la alcoba de mis viejos, donde estaba el televisor. A ciegas y a la orden de disparar de Moré comencé a disparar, o mejor, a gritar como loco ¡Paw, paw, paw! hasta acabar con todos los asteroides habidos y por haber.

¡Y gané! Nunca supe cómo. Habría que preguntárselo a la delegada de Rifas, Juegos y Espectáculos del Distrito Especial. Eso sí, todavía sigo esperando mi premio que era una réplica del robot Fluorito. ¡Paw, paw!

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