El 18 de abril de 1970, el futuro de The Beatles era incierto. Ese viernes, el semanario New Musical Express publicó una entrevista de dos páginas con Paul McCartney. El artículo salió bajo el nombre “Question Time With Paul” e incluía un antetítulo que rezaba: “Dos páginas con el Beatle ermitaño”. El artículo mostraba la opinión del músico sobre John Lennon y el agente de la banda Allen Klein, comentarios sobre su álbum debut en solitario, lanzado el día 17 de abril, el origen de las canciones y su futuro como artista. Hasta este punto, nada inusual. Lo que llamó la atención a los editores del semanario es que el bajista aceptó la entrevista siempre y cuando él formulara las preguntas. El material que recibieron fue revelador. 

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—¿Planea grabar un nuevo álbum con The Beatles?

—No —responde.

—¿Marca su álbum debut el inicio de una larga carrera en solitario?

—No lo sé, el tiempo lo dirá, pero el hecho de que lo haya grabado sin The Beatles lo explica todo —señala.

—¿Es una ruptura permanente por diferencias personales?

—Hay diferencias personales, diferencias en cuanto al manejo de los negocios, diferencias musicales. Pero, principalmente, me alejo del grupo porque estoy pasando mejores momentos en compañía de mi familia —dice Paul.

—¿Es posible que la dupla Lennon/McCartney vuelva a componer canciones?

—No —concluye.

En el resto de preguntas, McCartney da algunas claves de dónde, cómo y por qué decidió grabar un disco en solitario. Si la prensa inglesa necesitaba los argumentos suficientes para dejar de especular en torno al futuro del grupo, “Macca” había dado todas las claves necesarias en esta autoentrevista. Pero aún faltaba una pieza fundamental en el rompecabezas de The Beatles: las Get Back Sessions o Let it Be, para algunos especialistas, como el escritor Walter Everitt, “el inicio del fin del grupo por cuenta de la injerencia de Yoko Ono en las sesiones del último disco”. El ambiente no era el mejor y se notaba un desgaste emocional con futuro incierto. Para prevenir una confrontación directa con sus compañeros, a finales de 1969 y tras la publicación de Abbey Road, Paul McCartney se recluyó en su granja de Mull of Kintyre, Escocia, para compartir con su familia y experimentar con una grabadora Studer de cuatro canales en la que grabó todos los instrumentos que le dieron vida al homónimo álbum McCartney.

Aunque a finales de ese año Let it Be iba muy avanzando, Paul estaba inconforme con la dinámica dentro del grupo, hecho que se acentuó cuando John Lennon lanzó en diciembre el álbum Live Peace in Toronto, una especie de declaración de independencia de facto, sin anuncio público oficial y en el marco de un feroz activismo por la paz de la pareja Lennon-Ono (Give Peace a Chance). Así que Paul estaba preparado para crear canciones con ideas para sí mismo sin el apoyo de una banda, solo él en su estudio en compañía de Linda, su esposa, y de su pequeña hija Mary. En enero de 1970, McCartney, Harrison y Starr regresaron al estudio a terminar I Me Mine y Let it Be. Lennon estaba concentrado en su relación con Yoko y la banda era su última prioridad. “Iban juntos a todas partes y se vestían igual, como gemelos, con el pelo cortado de la misma manera”, comenta el biógrafo de McCartney, Peter Ames Carlin. Aunque McCartney nunca lo dijo, se sentía traicionado. Lennon lo había dejado por una mujer, y esta mujer estaba acaparando toda su atención. Así que ante la ausencia de Lennon, Paul tomó las riendas de The Beatles en todo el sentido de la palabra. Pulió las canciones, mejoró algunas mezclas, hizo cambios en arreglos, supervisó el diseño de la portada a partir de unas fotos que tomó Linda y fijó una fecha para lanzar el álbum. Aunque Allen Klein y la banda esperaban que el disco saliera antes que el debut de McCartney, Macca se salió con la suya. Pegó primero y dejó al grupo en stand by. El 8 de mayo de 1970 apareció finalmente Let it Be, cuya etapa final estuvo llena de imprevistos, malentendidos y disputas por la mezcla y los arreglos arbitrarios que hizo el productor Phil Spector. Fue la estocada final que necesitaba McCartney para dejar definitivamente al grupo e interponer una demanda en la que exigía “disolver la sociedad en todos los aspectos que los unía”. Alimento para la ira de Lennon.

En diciembre de ese año, durante una entrevista que le concedió a Jan Wenner de la revista Rolling Stone, Lennon no escatimó en describir a The Beatles como “unos grandes bastardos que habían saqueado al mundo como cosacos”. Y fue más lejos cuando le preguntaron por el debut de McCartney: “Es pura basura, me sorprendió que fuera tan poca cosa. Es un gran relacionista público, pero con ese trabajo me decepcionó”. Fue el inicio de una feroz batalla a través de canciones (How do you Sleep, de Lennon, incluida en Imagine, vs. Too Many People, de Macca, que aparece ram), declaraciones y puyas en medios, y todo eso ayudó a erosionar las relaciones que por años los unieron. Atrás quedaron los días de gloria, la década del setenta había empezado con el final de una de las relaciones más prolíficas en términos de creación artística. Harrison, Starr, Lennon y McCartney tomaron caminos opuestos en el rock. El mundo de la música, la prensa, sus seguidores, tenían que aprender a vivir sin ellos, sin sus melodías magistrales, sin sus temas memorables y con la falsa esperanza de alimentar, año tras año, una posible reunión.

Beatles, solos

Los cuatro Beatles produjeron grandes obras en solitario a lo largo de los primeros seis años de la década del setenta. Ringo se apuntó con dos álbumes sólidos, Beaucoups of Blues (1970) y Ringo (1973), donde vienen la memorables I’m the Greatest (un regalo de Lennon a Starr) y It Don’t Come Easy; Harrison creó tres obras maestras sacadas de otra dimensión y en las que quedó demostrado su talento como compositor y arreglista: All Things Must Pass (1970), Living in the Material World (1973) y Dark Horse (1974); Lennon usó el activismo, la guerra de Vietnam, el pacifismo y ser chivo expiatorio del fbi y Nixon para producir clásicos del panteón del rock, como Imagine (1971) y Mind Games (1973), sus discos más sólidos de la década. Los altibajos en su relación con Yoko Ono y un affaire con su secretaria May Pang en 1974 afectaron su producción. En ese periodo sin Yoko, Lennon trabajó junto a Ringo para el álbum Goodnight Vienna, hecho que suscitó rumores en la prensa sobre una posible reunión de The Beatles. Aunque hubo un breve jam junto a McCartney, que apareció casualmente en los estudios en Los Ángeles, el hecho solo les dio insumos a la prensa y a los biógrafos. Así lo recuerda Peter Ames: “La tarde avanzó y Paul se sentó al piano y tocó algunas canciones populares. Ringo se sumó en un taburete y cantaron juntos. Risa va, risa viene, hasta que John entró en la habitación y los vio durante unos minutos. Súbitamente se retiró molesto al patio. Al cabo de un rato, Paul salió del estudio y le dijo a John que sería bueno verse nuevamente. John solo dijo vale”.

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McCartney, aunque intentó ser el hombre orquesta con sus dos primeros álbumes, decidió apostar por una banda, el espacio en el que más cómodo se sentía. A finales de 1971 apareció Wildlife, acreditado a la banda Wings, el primer vuelo de Paul junto al guitarrista Denny Laine, el baterista Denny Seiwell y Linda en los teclados. Con Wings, McCartney creó, según expertos, como el periodista Greil Marcus, “las obras más sólidas de un exbeatle en los setenta”. Band on the Run (1973), Venus and Mars (1975) y At the Speed of Sound (1976) es la trilogía que elevó a Macca a la categoría de estrella, gracias a canciones que lograron amplia rotación en la radio, como Let’em In, Silly Love Songs, Beware my Love, Listen to What the Man Said y Rock Show. Seis número 1 y tres discos multiplatino era lo que esperaba Paul para decirle en voz al alta al mundo “soy el rey del rock, soy el Beatle número uno”. Solo le faltaba conquistar los grandes escenarios.

Con el álbum At the Speed of Sound, lanzado en marzo del 76, Wings tuvo la oportunidad de dejar de ser una banda de pequeños recintos para tocar en grandes coliseos ante más de 50.000 espectadores, siempre sold out. Fue un punto de inflexión para Wings y para Macca significó conectarse de nuevo con su pasado Beatle. En mayo de 1976, fecha que marcó el inicio del tour por Norteamérica, en Forth Worth, Texas, McCartney sorprendió a sus seguidores al incluir en el setlist –por primera vez desde la ruptura de The Beatles– canciones como Yesterday, Lady Madonna, Blackbird y The Long and Winding Road. En el ambiente empezó a correr nuevamente el rumor de una posible reunión del grupo.

¿Vuelven The Beatles?

Durante los primeros días de la gira por Estados Unidos, McCartney recibió un mensaje del promotor Bill Sargent. Le ofreció 50 millones de dólares por una reunión de The Beatles. La noticia se filtró en los medios y no dudaron en bombardearlo con preguntas al respecto. En una rueda de prensa en Seattle dijo: “En este momento mi interés es Wings, no el pasado. Si The Beatles regresa lo haría por la música, no por el dinero, sería la peor de las motivaciones”. Toda esa oleada de especulaciones forzó una llamada de McCartney con Lennon. En un especial de 2014 de la revista Uncut, McCartney recuerda que sostuvo una charla muy amena con Lennon durante una hora. “Hablamos de música, de nuestras familias, de política, de su vida en Nueva York. Aunque sabía que él conocía de la oferta de Sargent, no lo comentamos. Ni él ni yo, no se habló del tema”. Pero la prensa es muy hábil y la conversación de Paul y John se filtró. Algunos medios publicaron noticias que hacían referencia al interés de Lennon de reformar The Beatles. Nada de eso era cierto.

El 24 de abril de 1976, un par de días antes del primer concierto del Wings Over America, McCartney fue a visitar a Lennon a su apartamento en el Dakota, muy cerca del Central Park de Nueva York. Paul Llegó muy temprano en la tarde y estuvo con Lennon hasta altas horas de la noche. Cuenta la leyenda que ese día Lennon sintonizó el programa Saturday Night Live mientras departía con Paul. En un momento del show, el presentador Lorne Michaels se dirigió muy solemnemente a las cámaras y dijo: “Tengo una oferta para The Beatles. Sé que John y Paul deben estar observando el programa. Escuchen bien, chicos: si aceptan reunirse en Saturday Night Live y tocar el habitual número musical de tres canciones de los artistas invitados, podría conseguir que la nbc les pague 3000 dólares. Se saben las letras y las canciones, no será muy complicado”. McCartney le dijo a Barry Miles, otro de sus biógrafos, que alcanzaron a contemplar ir hasta la nbc y aparecer en el programa. “Nos parecía genial, pensamos en ir caminando, medio de incógnitos, salimos del edificio, intentamos tomar un taxi, pero nos regresamos, estábamos cansados”. Philip Norman, autor del libro John Lennon, dice que esa noche fue el momento más cercano para concretar una reunión del grupo. “Lennon estaba de buen humor y se sentía a gusto con McCartney, lo extrañaba. No pasaba por un buen momento por cuenta de los líos con el fbi y otros temas emocionales, así que seguramente una posible reunión del grupo le daba algo de ilusión”.

Paul también estaba muy animado tras ese encuentro en la casa de Lennon. Sintió nuevamente conexión con él, camaradería, confianza. Decidió volver al día siguiente con su guitarra. Tenía algunas ideas que quería compartirle a John, entre ellas invitarlo a tocar con Wings y, tal vez, abrir una puerta para una reunión. Subió al apartamento sin ser anunciado por el conserje y timbró ilusionado. “¡No estamos en 1956 y apareces de pronto en la puerta, como si nada. Ya no es lo mismo, Paul!”, gritó Lennon. McCartney, algo afectado, se marchó sin decir una sola palabra. “No quise ser desagradable, pero ya no había manera de enderezar las cosas”, le dijo Lennon a la revista Rolling Stone. Peter Ames señala en el libro Paul McCartney. La biografía, que “herido o no en sus sentimientos, él seguía pensando en tocar con Lennon”. Le envió dos boletas para que asistiera al show de Wings en el Madison Square Garden el 26 de mayo. Si Lennon aparecía, lo haría subir al escenario y algo interpretarían. Pero Lennon le regaló las entradas a su empleada doméstica y cerró, de un portazo, una posible reunión del grupo. Se quedó en su casa viendo televisión.

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Al cabo de un par de meses, McCartney y Wings lanzaron –justo antes de la Navidad de 1976– el álbum triple Wings Over America. Llegó al número 1 y fue multiplatino. El mejor regalo para los seguidores de The Beatles que tuvieron que conformarse con algunas versiones en vivo de melodías inolvidables. Tal vez, no lo sabemos, pero otra historia se pudo haber escrito si Lennon hubiese aceptado tocar con Paul en Nueva York. El sueño estaba a punto de acabarse, tardó cuatro años en consumarse cuando Mark David Chapman apretó el gatillo. “The dream is over, what can I say? The dream is over, Yesterday”.

*Escritor y dramaturgo. Su libro más reciente es Piedra sobre piedra, crónicas sobre los Rolling Stones.

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