Los críticos musicales suelen estar en desacuerdo en muchos temas, y más cuando se trata de elaborar listados. Sin embargo, desde hace por lo menos 30 o 40 años coinciden en un punto: que el álbum Sgt. Pepper‘s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles, es el mejor de la historia del rock. (Covers que marcaron la historia del rock)

El mejor: ese es un criterio subjetivo. Lo que no se discute es que la publicación de Sgt. Pepper‘s, el 1 de junio de 1967, fue tan determinante que marcó un antes y un después, no solo en la historia del rock, sino también en la industria de la grabación. Desde el mismo día en que se puso a la venta, la crítica señaló el salto de gigante que significaba este álbum. En la semana que salió al mercado, el diario The Times, de Londres, le dedicó un muy extenso artículo que manifestaba su calidad y relevancia. Kenneth Tynan, crítico teatral británico, lo calificó como “un momento decisivo en la historia de la civilización occidental”. En 1974, la revista británica New Musical Express lo designó como el mejor disco de la historia, galardón que ratificó la revista Rolling Stone en su encuesta de 1987 y, de nuevo, en su listado de 2003.

A pesar de no haber contado con ninguna canción que se utilizara como sencillo para promocionarlo en la radio, el álbum lideró durante 27 semanas la lista de éxitos en el Reino Unido y durante 15 más la de Estados Unidos. Vendió más de 32 millones de copias en todo el mundo y en la gala de los Grammy de 1968 se llevó cuatro premios.

¿A qué se debe la importancia y la atracción de este álbum? Son muchas las razones. El Sargento Pimienta es un álbum pionero por varias cuestiones. Por un lado, su aspecto exterior. Por primera vez se publicaron los textos de las canciones en la funda de un álbum. La sola portada, concebida por el artista pop Peter Blake, exigió una puesta en escena de imágenes de personalidades en tamaño real, entre ellos Bob Dylan, Albert Einstein, Aldoux Huxley, Mae West, Karl Marx, Marlon Brando, Oscar Wilde, Lewis Carroll, Marlene Dietrich y Dylan Thomas.

Pero mucho más impactante que el empaque resultó ser el contenido. Nunca antes la casa disquera le había dado a un grupo carta blanca para grabar un álbum. Mientras que cuatro años atrás los Beatles tuvieron que grabar las canciones de su álbum Please Please Me en dos sesiones, en esta oportunidad se tomaron cinco meses, que comenzaron el 24 de noviembre de 1966 y terminaron el 21 de abril de 1967. 

Los Beatles siempre habían contado con el apoyo de su productor George Martin, quien además era un músico muy culto. Martin les había ayudado a plasmar sus ideas, ya fuera con arreglos para instrumentos de cuerda y viento o, como también sucedió en esta oportunidad, convirtiendo el estudio de grabación en un instrumento musical. 

Era un proceso muy dispendioso. En 1967, los estudios más avanzados contaban con grabadoras de solo cuatro pistas, lo que significaba que debían grabar aparte los distintos instrumentos y, a medida que iban avanzando, transcribir a una sola pista lo que ya habían grabado para dejarle espacio a nuevos instrumentos. Los efectos de sonido disponibles eran muy pocos y llevar a la práctica muchas de las ideas planteaba retos —como manipulación de cintas magnetofónicas, por ejemplo— que hoy se resuelven con gran facilidad gracias a los computadores y los sintetizadores. (Lo que usted no sabía de John Williams (el de la música de Star Wars))

Si los Beatles hubieran querido tocar alguna de esas canciones en vivo sin las capas de sonidos y efectos de estudio tan familiares para quien conoce este álbum, habrían sonado completamente diferente. Pero eso no importaba en ese momento. Por un lado, los Beatles se habían aburrido de tocar en vivo y habían dado su último concierto público en agosto de 1966. Además, a partir de 1965 —en gran parte gracias a ellos— el rock había comenzado a abrirles sus puertas a nuevas posibilidades. La psicodelia tomaba cada vez más fuerza entre los sectores vanguardistas tanto de Londres como de la Costa Oeste de Estados Unidos, y con el Sargento Pimienta los Beatles se conectaron de manera inmediata con lo que estaba sucediendo. Ya no era un conjunto de música pop que componía canciones para adolescentes histéricas. Ahora eran artistas. Con este álbum declararon oficialmente inaugurado el llamado “verano del amor” y la psicodelia, al menos por unos meses, pasó a ser parte de la corriente principal de la música pop.

Resulta imposible no relacionar el Sgt. Pepper‘s con el LSD. El sonido de varias de las canciones del álbum, las letras, incluso los uniformes militares en colores muy vivos que lucían en la portada, eran alusiones, así fueran ambiguas, a esa nueva cultura. 

Equivocadamente se le ha considerado como “el primer álbum conceptual de la historia del rock”. Para comenzar, la idea de hacer un disco en el que todas las canciones estuvieran unidas y de alguna manera contaran una historia ya la habían plasmado dos grupos de Los Ángeles. Por un lado, los Beach Boys, con su álbum Pet Sounds, publicado en 1966, que de hecho inspiró a Paul McCartney para intentar algo similar con Sgt. Pepper?s. Además, The Mothers of Invention, el grupo que lideraba Frank Zappa, había lanzado ese mismo año Freak Out, que también es un álbum conceptual.

La idea inicial de McCartney de hacer un álbum de ese estilo quedó plasmada de manera muy tímida al comienzo y al final del álbum, ya que no hay silencios entre las dos primeras y las tres últimas piezas del disco. Pero en realidad se trata de una colección de canciones muy variadas, que hablan de temas nada relacionados entre sí y que se pueden oír de manera independiente. (Galy Galiano El día que canté para Pablo Escobar)

Este aniversario, cinco décadas después de su aparición, muestra que la música de los Beatles sigue muy viva, no solo entre los eternos admiradores del grupo, sino también entre las jóvenes generaciones.

En la semana de la celebración del cincuentenario, se editó una nueva versión de aniversario, coordinada por el productor Giles Martin, hijo de George Martin. Su primer gran atractivo es una nueva mezcla en estéreo, algo que no se realizaba desde 1967. Eso le ha dado nueva vida al álbum, puesto que en aquellos tiempos al estéreo se le prestaba muy poca atención, ya que la mayoría de las personas tenían equipos de sonido monofónicos.

Pero no solo estará a la venta el álbum remezclado. Una segunda opción es la edición de lujo, que consta de dos CD —o dos vinilos— y trae además versiones inéditas de las canciones.

Y para los más estudiosos se preparó la edición de superlujo, con cuatro CD y dos DVD. Esta trae la nueva mezcla en estéreo, la mezcla monofónica de 1967, dos CD con 33 tomas alternativas de las canciones del álbum, dos DVD/Blu-ray y un documental inédito de 1992 en el que se cuenta cómo fue la grabación del álbum. Esta edición también ofrece dos afiches, tarjetas postales y un libro de 144 páginas con textos y fotografías.

Liverpool también conmemoró al Sargento Pimienta, con el Sgt. Pepper at 50: Heading for Home, un festival de arte, baile, música, poesía y teatro en el que participaron diversos artistas internacionales.

Cincuenta años después, el Sargento Pimienta sigue vivo. Tan vivo que ha hecho posible en estos días una explosión de nostalgia —y también de mercadeo— muy pocas veces vista. (Lo mejor (y lo que nadie le contó) de los Stones por Latinoamérica)

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