A mediados de los sesenta me nombraron concertino de la Filarmónica de Londres y, la verdad, como sí les sucedía a los músicos pop, uno no trataba de conseguir que los Beatles lo contrataran para tocar en sus discos. Yo había conocido a Paul McCartney en una fiesta de la escritora Penélope Mortimer y cuando le dije que era violinista comentó que estaba pensando en hacer trabajos con cuerdas. Yo no había prestado mucha atención a lo que ellos hacían, lo único que recordaba era "She love you, yeah, yeah..." . Un par de años después, un conocido dedicado a contratar músicos para grabaciones me propuso hacer un trabajo con los Beatles. Por una parte, me acordé de la cordialidad de McCartney y, por otra, se trataba de una buena 'chisga'. Como los Beatles solían grabar pasadas las doce de la noche, recibíamos doble paga. Por Eleanor Rigby, en la que tocamos de dos a tres de la madrugada, me dieron 300 libras. Vivía en un apartamento con calefacción central y pagaba 50 libras de arriendo. Esa sola grabación me aseguró un techo por seis meses.
Recuerdo una noche en que llegamos a los estudios de Abbey Road a las 11 de la noche. Era una orquesta grande -hasta ahora solo habíamos tocado en pequeños grupos-, pero esta sí era considerable. Nadie nos decía nada, no nos traían partes. Subí a la cabina de sonido y ellos estaban allí discutiendo. Lennon y McCartney eran los que más hablaban, tarareaban, ordenaban. George Martin, el productor, escuchaba y hacía anotaciones con las que, en cinco minutos, escribió la partitura y las partes. Me quedé atónito con el talento y la rapidez de aquel hombre. No recuerdo quién fue el director musical, lo cierto es que no le gustó lo que habíamos hecho y hubo más discusiones. De pronto bajó Martin y nos dijo: "Quiero que cada uno empiece a tocar cualquier cosa... lo que deseen. La condición es que nadie interprete lo mismo". Eran las tres de la mañana, pero con todo y el cansancio le hicimos caso. Así era tocar con ellos.
Sé que trabajé en las sesiones del Sgt. Pepper's y estoy seguro de que hice algo en el Abbey Road... Durante años ni siquiera escuché el disco. Una novia me lo regaló porque yo le había comentado de mi trabajo en él. Era el único que tenía pero lo perdí.

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