"La reina de la tecno-carrilera". Suena barato pero pesa y cuesta demasiado. Fea, gorda, boleta. Escuchar esto duele, pero esa es mi realidad y gracias de verdad, porque me han hecho un gran favor.
Cuántos rebeldes sin causa, periodistas con ganas de figurar, o los gomelitos que se las tiran de irreverentes, han utilizado mi nombre para quedar bien y ponerlo como ejemplo de lo que, según ellos, no se debe hacer, como vestirse mal, estar gorda, operarse, maquillarse demasiado, casarse, separarse, cantar carrilera o ranchera y ser para ellos una mujer estrato uno, popular o guisa, como dicen por ahí. Déjenme darles las gracias. Qué fuerte me han hecho. Ahora me siento más orgullosa de ser quien soy.
¿Mal vestida? ¿Por qué? ¿Porque no me gasto 500 mil pesos en un par de jeans que tienen en la etiqueta el nombre de un diseñador que ni siquiera sé pronunciar ni es de este país? Lo siento, no me fijo en la marca, ni en el precio de las cosas cuando me gustan. Simplemente tengo lo que quiero y me hace sentir bien.
¿Gorda? ¡Sí! Por más que me opere, haga dietas o lo que sea, nunca voy a ser flaca, pero yo no vendo calendarios. Mi trabajo es cantar, mi vida es cantar, por eso no me importa tener el abdomen plano para ponerme una ombliguera y un jean descaderado. Me siento bien como estoy. Desafortunadamente, para promocionar un producto como una hamburguesa o un cigarrillo ponen a una mujer en hilo dental y venden, pero ese no es mi trabajo.
¿Operaciones? Muchas. Para ser sincera me hice los párpados, los senos y tres lipos. Ahora lo que quiero es quitarle volumen a mi busto o si no ¿para qué se inventaron las cirugías plásticas? Para nadie es un secreto que me operé. De hecho, mucha gente me vio ante las cámaras en la recuperación de una de mis operaciones. Lo peor de todo es que en ese momento mi ingenuidad me llevó a pensar que ese sería el fin de las críticas acerca de mi cuerpo, pero no, no es fácil. Para unos, es estar rebuena, para otros, es estar out.
Soy mujer. Por eso me encanta maquillarme, porque es parte de mi esencia, porque me enseñaron a jugar con muñecas, porque uso ropa interior sexy, atrevida y no uso ropa interior de hombre ni salgo con la cara lavada como ellos. ¿Saben por qué? Porque ellos son ellos y yo sigo siendo mujer.
Me casé y me divorcié del hombre que fue el amor de mi vida. Que me haya equivocado o no es algo que dejo en manos del destino. Es el riesgo que quise asumir. "¡Qué horror, pobrecito, lo dejó estando él en la cárcel!". Sí, fui yo quien tomó la decisión, pero decirles el porqué no puedo, lo siento. "Fue lo mejor que pudo hacer, separarse de ese señor". ¡Muchas gracias!, es lo único que puedo contestar con una sonrisa.
Cantar carrilera me ha convertido en el símbolo de todo lo que tiene que ver con el mal gusto y lo popular. Lamento desilusionarlos: ¡todos somos populares! El más adinerado, el mejor vestido, la más hermosa y esbelta mujer -y hasta las familias estrato 20- son populares, ¿o es que los ricos no desayunan huevos con pan igual que los pobres? La diferencia la hace un poco más de sal pero es lo mismo, aunque la sal sea light.
O, ¿por qué los que se creen el cuento de ser de mejor familia tienen que salir los fines de semana a compartir una picada? Porque es la gente pobre, fea y popular la que sabe preparar esas delicias. No hagan mala cara cuando escuchen una ranchera: después de tres guaros en la cabeza nos la sabemos y la cantamos de arriba abajo, así sea una boleta.
Somos populares por el solo hecho de ser colombianos, por nacer en un país en donde somos libres de pensar, actuar y vivir como queremos. Por eso soy así, y soy feliz.
No es fácil ser lo que uno quiere. Todas las profesiones tienen ventajas y desventajas. Nada es completo, sobre todo cuando se es una cantante de música popular, porque en este país cada uno tiene un Inri que cargar por el concepto equivocado de los demás. Todo en la vida requiere un sacrificio para obtener una recompensa y yo tengo más de lo que puedo pedir: mi propio ángel guardián, que desde el cielo me cuida, y mis hijas, que son mi voz.

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