Libros, una Mac prendida y un sinfín de juguetes visten el estudio de Álex de la Iglesia. Curiosamente no hay una sola cámara, o quizás sí la haya escondida entre tanto desorden, como sea no son la obsesión del director madrileño. "Hacer el guión es lo mejor", comenta. Sin la fama de Almodóvar y Amenábar, de la Iglesia se mueve en las antípodas de sus colegas y tiene un séquito de numerosos fieles que siempre están hambrientos de una nueva película, para ellos Crimen ferpecto es una pieza invaluable del realizador más sui generis de la cinematografía ibérica.

¿Cómo es un crimen perfecto?
Los crímenes perfectos se cometen todos los días y el autor es el gobierno. Vas a un país, lo invades, matas a todo el mundo y no pasa nada. No hay que buscar responsables ni nada. Ese es un crimen perfecto. Desgraciadamente los crímenes que cometemos los seres humanos de pie, son como mi película: ferpectos. Llenos de fisuras, problemas y errores. De hecho, la película busca describir que no hay nada perfecto, que todo en la vida es un desastre. Lo único que nos queda es intentar salir vivos.
¿El cine es mejor que la vida?
Por supuesto. La vida, como decía Truffaut, está llena de tiempos muertos. Lo más terrible es que hay mucho aburrimiento. Lo bueno del cine es que ayuda a corregir algo de la vida y es entonces cuando eres feliz.
Así usted es feliz mientras hace cine...
Soy terriblemente feliz haciendo cine. Es la mejor manera de vivir, pero este trabajo también tiene un componente de sufrimiento muy grande. Lo que pasa es que es un sufrimiento que te has buscado.
¿Qué es lo que más disfruta de hacer cine?
Hacer el guión es lo mejor, porque es cuando realmente construyes la historia. El rodaje también es divertido porque supone un punto de aventura y de locura, es cuando llevas tus ideas a la práctica, ahí es cuando se ve qué tan fuerte eres. Luego viene el montaje, que significa la habilidad de hacer un buen paquete. Pero el mayor momento creativo es la escritura.
Hitchcock decía que lo mejor era hacer el guión y que rodar le aburría...
A Hitchcock le aburría porque era un tipo absolutamente cerebral. Disfrutaba pensando, y tenía claro que el rodaje era algo mecánico. Yo también creo que el rodaje es algo mecánico, en eso estoy de acuerdo con él. La película tiene que estar diseñada antes de rodar; filmar es algo más de profesional, de saber cómo llevar a la pantalla lo que quieres decir. Para algunas personas eso es aburrido, pero para mí no. Aún así, Hitchcock es el tipo más inteligente que ha filmado, incluso más que Einsenstein.
Usted maneja un humor muy parecido al de Hitchcock.
Lo bueno del cine es que construyes las cosas como quieres, entonces tienes tiempo para pensar varios niveles de interpretación. Puedes hacer un chiste del que te rías en ese momento, pero que después incomode. Eso lo manejaba muy bien Hitchcock y eso es algo que estoy intentando manejar.
Aunque sus chistes son más inmediatos.
Sí, y hacer un chiste inmediato también es complejo. Me gusta esa sensación de "de qué diablos me estoy riendo". Cuando haces una película te ríes de ti mismo y de tus problemas.
Entonces hay algo de proyección personal, en este sentido su vida ha de ser muy divertida.
Sí, intento que mi vida sea divertida a toda costa. La diversión está muy desprestigiada. La gente piensa que divertirse no es importante, que es superfluo y frívolo. Tenemos la idea de que quien se divierte es quien tiene todo solucionado o que se ha olvidado de los problemas de la humanidad. Pero para mí es un deber porque entonces haces felices a los demás. En mi lápida me gustaría que pusieran: "Se divirtió mucho".
Pero es difícil aprender a divertirse.
Es dificilísimo. Para divertirse hay que olvidar que existe el dolor, si no es imposible reír. Y para hacer eso tienes que asumir cierto grado de maldad por tu parte, de lo contrario piensas: "¿Con qué derecho me estoy divirtiendo cuando hay otros que sufren?", pero esa es la única manera de salir adelante. Hay que descubrir ese nivel de irresponsabilidad y es necesario sacarle jugo al trabajo para que tu propia diversión revierta sobre los demás. No lo digo por altruismo. Yo no hago comedias para que los demás se diviertan, hago comedias porque me quiero divertir yo.
En su estudio hay juguetes por todos lados, ¿se los presta a sus hijas?
A veces uso los juguetes, pero ahora los destrozan ellas. Aun así, es terrible cuando rompen alguno que es de colección.
¿Volvería a hacer cómics?
Me gustaría hacerlos de nuevo, pero requieren mucho trabajo y tiempo, y prefiero usar esas energías en las películas. Sin embargo, creo que algún día los retomaré.
¿Y sus estudios en filosofía dónde quedaron?
Sigo leyendo, aunque ahora solo a los griegos. Nunca los termino, tengo que reconocer que no he acabado La Metafísica de Aristóteles. La filosofía tiene algo de fantástico, hay algo de inocencia en pensar que se puede entender la realidad y eso me gusta mucho.
Pero en su cine no hay nada de inocencia.
No, no, no, mi carrera es la conclusión de una trayectoria filosófica. Es ridículo, ¿no te da la sensación de que todo es ridículo?
Eso ya me sonó medio freak.
Es que en el cine hay cosas muy ridículas. Aquellos que se toman en serio me resultan penosos, sobre todo porque tienen problemas para manejar su discurso y convencerse a sí mismos, y eso se nota en las películas. Por eso trato de mantener la decencia de no creerme mucho a mí mismo, creo que soy un tipo con suerte y poco más.
¿Y ridículo?
¡Claro!, el ridículo redime y purifica. Ya no hay posibilidad de ser ni bueno ni malo, todos somos una extraña mezcla de ambos. Todos tenemos problemas, pecados y fisuras. Eso crea un maremagno absurdo donde intentas respirar, y en ese maremagno lo más horrible es creer que las cosas tienen sentido. Quienes piensan eso son los que me dan más pena, aunque también confieso que me resultan entrañables porque todavía creen en algo y son como niños. Me encanta descubrir que alguien cree en algo, me enternecen quienes quieren hacer una película comprometida porque piensan cambiar algo. Eso es hacer el ridículo y eso redime.
En Crimen ferpecto, todo acontece dentro de un supermercado. Una lectura sociológica diría que es una crítica al mercantilismo, pero a usted no se la creo.
Sí, la película esta enmarcada en esa situación aunque podría estar en cualquier lado. Pero lo que me interesa es lo que pasa con Rafael, el protagonista. Él cree que puede tener un coche maravilloso, una mujer perfecta, un traje impecable y que si hace bien su trabajo puede recibir un premio. Y eso es mentira, la vida es un infierno. Por eso el personaje se encuentra humillado por lo más terrible y horroroso que pueda encontrar: una mujer fea, de ahí que se vuelva loco.
Decía que no se lo creía porque siento que es un comprador compulsivo.
Sí, mis desequilibrios los intento solucionar comprando, otra opción sería engancharme al crack, pero como no tengo acceso a ningún tipo de dealer, solamente llego a los centros comerciales y me gasto mi sueldo en DVD, música y juguetes.
¿En algún momento se pudo haber ido por el camino de las drogas?
Perfectamente, mi vida podría haber sido la vida de un yonqui. Necesito algo para sobrevivir y por eso decidí hacer cine. Eso fue bueno para mi familia, porque si no ahora estaría en una plaza.
¿Consumió drogas?
Para hablar de algo hay que conocerlo y sí, las consumí.
Para muchos es usted ya un director de culto. ¿Eso pesa?
Mientras no me pongan la etiqueta de director de inculto (risas). La verdad es que me halaga. Este negocio es alucinante, a mí me pagan por disfrutar, por divertirme, por hacer lo que yo quiera. ¿Encima quieres que te aplaudan? Es como si después de follarte a Charlize Theron quisieras que te aplaudieran, con tener relaciones sexuales con ella me conformo. Si puedo vivir de hacer cine, excelente, si encima la gente reconoce mi trabajo fabuloso porque, también soy un tipo vanidoso, pero no es el motor que me mueve.
¿Después de La comunidad le quitaron la etiqueta de misógino?
Es difícil que me la quiten, sobre todo porque es posible que lo sea. Adoro a las mujeres, tengo a mi esposa y mis dos hijas, pero no me han quitado el software, si veo a una mujer guapa por la calle me gusta. Y reconozco que se aprende más de una mujer que de un hombre. Lo que pasa es que soy un tipo tímido y me he sentido rechazado, eso quizá genere una cierta misoginia, más que contra una mujer en concreto contra el concepto de "mujeres". Es como si quisieras entrar a un club y tienes a un gorila enorme que no te deja pasar, al final lo que dices es ¡iros tú y tu club a la mierda!, pero la realidad es que te gustaría entrar.
¿Tuvo problemas para tener novias?
No es que tuviera problemas, sencillamente he sido un tipo tímido. Haciendo cine he dejado de serlo, normalmente todos los que nos dedicamos a la ficción hemos tenido una infancia complicada. Me hubiera gustado ser un tío más abierto, haber salido más a la calle, haber conocido más mujeres, eso me hubiera encantado. Pero reconozco que esa carencia es el motor de la ficción. Si fuera un follador nato, que no tuviera problemas de comunicación, probablemente no haría películas. Lo bueno del cine es que vehicula una enfermedad para convertirla en algo rentable para la sociedad. Si no filmara sería un serial killer.
O un vidente ocultista como su personaje de El día de la Bestia.
¡Seguro!, ya le encontraste la conexión.
Sabe, no creo que su cine sea tan fantástico como dicen, más bien creo que le aburre la realidad.
Tienes razón, todo viene de un desapego con la realidad. No estás a gusto con lo que vives porque te aburre o decepciona. Y de pronto dices "qué bonito sería si las cosas fueran de otra manera", eso es lo que genera la ficción y las historias.
Entonces en aquella escena donde una cruz aplasta a un sacerdote es una especie de deseo.
Igual, estudié en una universidad de curas y eso no se olvida (risas). Lo divertido de El día de la Bestia era contar una historia absolutamente fuera de lo normal. ¿Qué ocurriría si el hombre más separado del mundo, que vive en una universidad, tuviera que impedir el fin del mundo en dos días? Eso suena divertido. Me gustan los personajes desamparados en situaciones imposibles.
Emir Kusturica va a hacer una película sobre Maradona, ¿usted sobre qué futbolista la haría?
Me propusieron hacer una película sobre Maradona, pero la rechacé porque no lo tenía claro. Me encanta Kusturica, sobre todo la música de sus películas. No sé qué otro futbolista podría ser, Maradona es el más interesante, su vida es como la de Michael Jackson, él también es fabuloso, es un mito tan grande como Elvis. Me apasiona todo lo que ocurre, lo de los niños, que si tiene un Winnie de Poo tatuado en alguna parte íntima de su cuerpo. ¡Es genial!
¿Se arrepiente de haber rechazado la película sobre Maradona?
No, porque prefiero hacer mis películas. Lo que sucede es que me gustaría hacerlas todas.
Kusturica maneja el absurdo en un tono similar al suyo.
Sí, siento que tengo una conexión con él. Me gustaría conocerlo.
Usted también cuida mucho la música en sus películas.
Es que una película es como una fiesta, quieres que haya gente interesante para que los invitados se la pasen bien y, sobre todo, quieres que haya buena música y que pasen cosas curiosas. Como nadie me organiza fiestas, las organizo yo.
Pero los soundtracks ¿no son imposición de los productores?
Es que ahora me produzco yo. Antes me producía Andrés Vicente Gómez. A veces me encantaría que me produjeran para tener algún tipo de imposición y que me centraran la cabeza. Tener tanta libertad de alguna manera te oprime.
¿Es difícil hacer cine en España?
Si lees a los periodistas pareciera que sí, pero yo creo que no. En este momento junto con el cine argentino, me parece que el español es uno de los más saludables. En lo personal, no me resulta complicado levantar un proyecto, todo lo contrario. El cine mexicano no está mal, lo que sucede es que cuando es bueno se va a Estados Unidos.
¿Qué directores mexicanos le gustan?
Guillermo del Toro me gusta muchísimo, también Alejandro González. Vi El crimen del padre Amaro y me encantó.
¿Sigue teniendo buena relación con Almodóvar?
Para mí es como un segundo padre. Me ayudó a hacer cine, además es el director más importante de la última década. Es un tipo con una visión muy especial de las cosas. Sin embargo, lo más importante de Pedro es que es un gran tipo.
¿Con qué película se queda de él?
Sobre todo me quedo con la persona, pero de su cine creo que la mejor es ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
¿Le gusta Amenábar?
Me parece una persona inteligente y que hace muy buen cine. Igual, sus películas no encajan con mi forma de ver el mundo. Para disfrutar de su cine hay que tener una inocencia que no tengo. Estoy demasiado podrido para disfrutar de sus películas.
¿En qué momento se dio cuenta de que ya no era tan inocente y estaba podrido?
Cuando salí de la universidad me era imposible creer en nada. No creo en nada, en nadie, no creo ni en mí mismo. Hay una frase que me gusta mucho: "Antes no creía en nada, pero ahora ni eso" (risas).
¿Y eso les va a enseñar a sus hijos?
No, eso es algo que tienen que descubrir ellos. No creer en nada es un problema mío. Unamuno tenía razón cuando decía: "Dichosos son los que creen en algo". Ojalá tuviera la inocencia de creer en algo ciegamente. El absoluto escepticismo también es una visión infantil de las cosas, tampoco es muy madura. Es posible que exista algo, fíjate qué afirmación más pobre, "es posible que algo no sea mentira", pero hasta ahí. No creo que podamos afirmar más.
¿Qué le gustaría que no fuera mentira?
Me encantaría que al final nos salvara el Séptimo de Caballería, que en último momento cuando estamos con el agua al cuello, llegue alguien y nos saque del apuro. Igual es cierto que al final ganan los buenos, igual si existe el cielo.
¿Qué le diría a Dios si se lo encontrara?
Ya podrías perdonarme (risas). Siendo tan escéptico pierdes muchas partidas. Cuando era pequeño no disfrutaba de muchas cosas, porque me reía de ellas. Y ahora quiero ser niño cuando ya soy mayor. ¿De qué voy?
Eso también es duro.
Sí, vamos, no me considero una persona madura pero porque nunca me he tomado en serio. Entonces ahora que ya soy maduro por cojones, porque tengo 40 años, de pronto descubres que tendrías que haber hecho un montón de cosas para tener la cabeza mejor.
Pero así está bien, ¿o siente que ha llegado tarde a cosas?
He llagado tardísimo a un montón de cosas, también soy muy exigente conmigo, pero reconozco que de pequeño tendría que haber sido más idiota. Fui el mayor de los idiotas porque no hacía el idiota, era muy matado y no daba guerra. Luego en la adolescencia no quería sufrir el ridículo de decirle a una chica "quieres salir conmigo", y me mataba a pajas. Mi mano se erosionaba como la mano de un minero. Y luego eres mayor y mantener ese comportamiento es peterpanesco. Así que hay fisuras y desequilibrios y de ahí surgen las historias.
¿Le seduce Hollywood?
Por supuesto, me encantaría ir. A un imbécil como yo le encantaría jugar con juguetes caros, pero por otro lado no me gustaría jugar como yo quiero.
Imagínese con 20 millones de dólares para una película.
Por qué tan poco, ese apenas sería mi sueldo.

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