Hace dos años empecé a salir con una niña que era médica y le pregunté sobre la vasectomía, y me dijo que ella tenía un muy buen amigo urólogo que me la podía hacer. Le pregunté cómo se llamaba y me dio el nombre de mi vecino, y le dije "ni por el putas". Qué mamera que el vecino me vea el pipí. Entonces me dijo que lo hiciera con el mejor amigo de él, Gustavo Trujillo, a quien conocía también. Lo llamé, me dijo que fuera a consulta. De esa llamada a la consulta me demoré seis meses tomando la decisión. Yo nunca pensé en consecuencias como que nunca se me iba a parar o que no me iba a funcionar. Todo el mundo me decía que no me la hiciera porque qué tal que un día me casara y la señora quisiera hijos. Por ese lado pensaba que igual me la iba a hacer porque ya no quería hijos, no por la responsabilidad o la plata, sino porque un hijo toma mucho tiempo y dedicación.

Cuando fui a la consulta, Gustavo me dijo de qué se trataba, que la gente pensaba que la vasectomía era reversible, pero no. Solo un porcentaje muy bajo de los hombres puede hacerlo, porque hay ciertos factores de microcirugía que no son reversibles, es decir, depende de cada proceso individual. La única cosa que le pregunté fue que después de la vasectomía, qué pasaba, qué me iba a salir. Me dijo que lo que uno eyacula es líquido prostático. Simplemente dejan de salir espermatozoides, lo que sale es menos espeso, mismo color, mismo olor. Por eso lo volví a pensar seis meses, hasta que me decidí. Gustavo me explicó dónde se cortaba y cómo era todo. Es muy sencillo. Si un hombre se pone boca arriba, el pipí debe quedar mirando hacia la cara. Donde se acaba el pipí y empiezan las huevas es como un espacio que es nada. Ahí abren. Me dijo que eso no dolía, pero no le creí. Me dijo que era ambulatorio, que me la hacía en el consultorio. Hasta que fui un viernes. A la operación me acompañó mi hermana. Me demoré solamente siete minutos, desde que entré al consultorio hasta que salí, incluyendo la anestesia y todo. Me demoré tan poquito que mi hermana pensó que me había arrepentido.

Antes de empezar la operación me tocó afeitarme, cosa que fue horrible porque eso no es liso, y a uno le toca templárselas para un lado. Pero lo hice. Eso afeitado se ve inmundo, me sentía como un actor porno. Me acosté, me quité todo y solo me dejé la camiseta. Él me puso el pipí hacia arriba, me lo amarró con una cinta, como hacia el ombligo. Me preguntó si me importaba que entrara el residente, porque ellos aprenden mirando y le dije que no importaba. Entró una hembra, una de esas viejas en esas baticas de médicas que se ven divinas. Pero ya qué, yo la saludé normal y todo empezó. Gustavo me explicó que el conducto por donde va el canal seminal es un tubito que va a una vena, a una arteria y al conducto seminal. Lo que se hace es cortar ese conducto, entonces me dijo que después tenía que ponerme calzoncillos como los de Homero Simpson, porque como antes tres cosas agarraban la hueva y ahora solamente dos, podía molestar la vena y la arteria. La anestesia es horrible (yo nunca me había operado), las huevas me estaban hirviendo, yo le decía "man, se me están quemando", pero solo fueron dos segundos. Abrió y no sentí nada. Pero todo el tiempo le estaba explicando a la pasante, y era horrible porque yo oía lo que estaba pasando. Hubo un punto en que le dije "man, explíquele con señas". Yo todo el tiempo me tapé los ojos, pero oía todo. Yo sentí todo, pero como una reacción del cuerpo, nada doloroso. A uno ni siquiera le ponen puntos, apenas una especie de microporo. Me pude ir manejando. Durante algunos días uno no puede caminar, lo mejor es que no cuelguen, y tiene que tener hielo todo el tiempo. La sensación posoperatoria es como un capadón jugando fútbol. Y no se pueden tener relaciones durante un mes. El sábado estaba viendo televisión, y puse una película medio porno y se me paró. Un dolor impresionante, casi me muero. Cambié inmediatamente el canal y me puse hielo. El miércoles me fui para Peñalisa de fin de año, y ya se había acabado el antibiótico, bebí, bailé y al otro día me molestó un poco. Ahora está perfecto, funciona normal. Tengo 35 años, salgo con una mujer que también tiene un hijo y me siento satisfecho con mi decisión.

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