¿Se acuerda de Natalia, la mayor de las hermanas Franco en Padres e hijos? Seguro que sí: nadie puede negar que en algún momento estuvo enganchado a esa serie de televisión, que duró 16 años al aire. Pues bien, nos dimos a la tarea de averiguar qué pasó con Tania Robledo, la actriz que la interpretaba. Resulta que luego de retirarse del programa —y de su paso por Clase aparte, otro éxito de los noventa— se desapareció del radar hasta hace unos cinco años, cuando se regó el cuento de que andaba protagonizando películas eróticas en México. ¿Existen esas cintas? Aquí se lo aclara ella misma, que habla del tema sin callarse nada.

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¿Qué pasó después de Padres e hijos?
Dejé el programa para irme a México a estudiar Actuación. Viajé a finales de 1999, pero fue tenaz porque todos mis años de carrera en Colombia no sirvieron de nada allá y tuve que empezar desde cero.

¿Fue difícil adaptarse, entonces?
A la vida, no, porque soy mexicana, nací allá: mi padre es de Michoacán y mi mamá, de Palmira, Valle. Pero sí fue complicado adaptarme a algunos manejos, a unas mafias que hay en México para poder meterse al medio y trabajar. Ha sido muy difícil entrar en ese círculo tan cerrado.

¿Qué fue lo primero que hizo en México?
Comencé con uno que otro comercial, y ya he hecho muchísimos. Mientras tanto, seguía intentando que me dieran la oportunidad de actuar, pero no ocurría nada. Iba a diario a una empresa de televisión muy famosa, buscando en todas las producciones, pero no me resultaba. Entonces empecé a buscar por otro lado y salió lo de las películas. Pero lo cierto es que la vida del actor está lejos de tener ese glamour que la gente cree. Para mí todo ha sido guerreadísimo.

Esas películas han dado mucho de qué hablar… ¿son porno?
No. Son unas películas que se llaman videohomes, las ponen unas dos semanas en el cine y las llevan como enlatados para el público mexicano en Los Ángeles. Son cintas de acción, pero tienen escenas eróticas. La diferencia es que no todo gira alrededor del sexo: hay mucha sangre, muchos policías y ladrones, muchas pistolas. Sí, también hay escenas eróticas. No te puedo decir que es sexo explícito, pero son escenas fuertes. Hacerlas ha sido chévere, hasta cierto punto, pero también me ha traído problemas.

¿Qué problemas?
Que se han vendido como si fuera porno, y no lo es. Y bueno, tengo una hija de 17 años y una mamá chapada a la antigua. También tengo un padre que es militar en México y que se molestó por eso hace años. Desde entonces no ha querido hablarme. Pero también digo “¿qué hago?”. Soy actriz, he dedicado mi vida entera a esta carrera, estoy en esto desde que tengo 14 años y tengo que trabajar…

¿Qué dice su mamá de esas películas?
A ella le conté, pero sin consultárselo. Solo le avisé, porque la primera película fue una excelente oportunidad: era una cinta grande llamada El garabato. Invitaron a una cantidad de estrellas y yo me sentía muy apoyada.

¿Y ahí había escenas eróticas?
Sí, varias. Hasta tenía que darle un beso a una compañera, pero la escena no salió al final. Nunca había besado a una mujer en mi vida, me pareció que es una sensación como más suavecita… ¡Uno acostumbrado a tantos rufianes!

¿Cuántas películas fueron?
En total han sido diez. Todas con desnudo. La última, que se llama Puras mentiras, fue hace dos años, y fíjate que en esa película yo ya estaba friqueada con toda esa cuestión de que era actriz porno, de que se puteó la niña y eso, entonces estuve superincómoda. Me tapaba en las escenas, no quería mostrar, hasta que el productor me dijo que esos desnudos tan tibios no servían. Y hasta ahí llegó la cosa.

¿Siempre se intimidó?
Haciéndolo, no: he notado que soy muy desinhibida. Pero ya cuando te ves en acción, es otra cosa. Cuando me invitaron a la première de El garabato, se me subió la presión, sentí un calor en el teatro y tuve que salir a echarme agua en el baño. Fue terrible.

¿La reconocen en la calle por esas escenas?
Me contactan más por redes sociales, porque estas películas las repiten todo el tiempo en canales como Cine Latino, Cinema Dinamita… entonces me escriben muchísimo. Pero la gente en la calle, no.

¿Y qué dicen en las redes?
De todo: hay hasta propuestas de prostitución... Me toca bloquear mucho, hay cosas muy desagradables. Me dicen cosas como “ay, se dañó la niña” y eso, pero no es así, es mi trabajo y ya. Voy y me alquilo a un personaje y doy lo mejor de mí, pero no hay nada más allá. Ni siquiera besos con lengua en las escenas, pues eso es una regla de los actores.

¿Haría más películas de ese estilo?
Siempre está la propuesta de estas personas, pero quién sabe. Dije que no quería, pero si no lo hago… No sé, tengo la propuesta, lo estoy pensando.

¿Qué está haciendo ahora?
Estoy con una obra de teatro, eso es lo que me ha mantenido viva. Es un monólogo de una actriz que en 20 años de carrera nunca ha tenido una oportunidad real y tiene una frustración terrible, entonces empieza a beber en escena y a contar sus cosas. Se llama Las penas saben nadar y ha ganado varios premios internacionales.

Es un poco lo que le pasó a usted, ¿no?
Pues la obra no la escribí yo, es de un autor cubano. Lo que hice fue adaptar el monólogo a mi experiencia, y ha sido un trabajo muy difícil y comprometido. Es pura parodia, me burlo de lo que dicen de mí.

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