Cuando Higuita dijo que el verdadero autor del famoso escorpión en Wembley no había sido él… sino Dios, sentí pánico.

Pobre Dios, tan ocupado y metido en nuevos y más exigentes compromisos. Qué tal que en ese momento lo hubiese llamado un asesor para pedirle que atendiera un tsunami en la China. El escorpión famoso se habría convertido en un gol de Inglaterra. Es decir, habríamos quedado como un rabo.

Peor aún lo de la Operación Jaque. Dos testigos intachables, Uribe e Íngrid, dijeron que el héroe era Dios. De parte de Íngrid, el asunto es explicable. Una persona creyente, en medio de esa situación tan singular, acude por reflejo a la divinidad. El Presidente, a su vez, entonó varias oraciones, siguiendo sus convicciones y enviando un mensaje bíblico a la ciudadanía. Es claro que a él no le gustó la sentencia de la Corte Constitucional que desconsagró la Nación al Sagrado Corazón.

Pero lo mismo dijo el general Montoya y se arrodilló. Ahí del pánico pasé al espanto. Quienes creíamos que el éxito se debía a la pericia de una fuerza élite, quedamos pasmados. Los secuestrados estuvieron en las manos ignotas e impredecibles de una divinidad lejana. Por cierto, ¿supo Dios lo del peto de la Cruz Roja? ¿Servirá la intervención divina como disculpa ante el CRIC?

No conozco el organigrama divino, pero me preocupa la congestión. Se apela a Dios para los más diversos asuntos. El pobre debe vivir tremendamente ocupado en los grandes oficios cosmológicos, como para tener que intervenir en el resultado del partido Chicó-América, el reconocimiento de una pensión del ISS (realmente el único tema que anula su carácter todopoderoso ya que ni Dios mismo es capaz de vencer la arbitrariedad de esa institución), la extracción de las amígdalas al sobrinito enfermo y el próximo examen de trigonometría.

Es que así como la descentralización, que encontró su apoteosis en 1991, se ha ido debilitando a fuerza de consejos comunitarios, también se nota un proceso de centralización divina. Los santos, encargados en el pasado de atender la mayor parte de las peticiones de los humanos, de modo que a Dios solo llegaban los reclamos verdaderamente estratégicos, han ido perdiendo prestigio.

Recuerdo que camino a mi Colegio de Nuestra Señora a presentar el tenebroso examen de física con el profesor Hernando Barco, paré en la Iglesia de los Agustinos a comprar panecillos de San Nicolás de Tolentino, el protector de los estudiantes estremecidos. La cosa fue ineficaz. El profesor me preguntó por la ley de Kirchhof, precisamente el pasaje del libro de física de Alonso y Acosta que me había saltado.

Otro caso de frustración. Dice el santoral oficial, hablando de Santa Eduvigis, que "alcanzó de su esposo licencia para vivir en castidad y el buen Enrique, a imitación de su esposa, se obligó también a guardarla. Casi treinta años vivieron estos consortes como ángeles. Luego de la muerte de su esposo, se hizo religiosa". ¡Y ahora pretenden consagrarla como la patrona del Viagra!

¿Y qué tal Santa Francisca Romana? Según el mismo santoral, "a Francisca le agradaba mucho dedicarse a la oración, pero le sucedió muchas veces que estando orando la llamó su marido para que la ayudara en algún oficio, y ella suspendía inmediatamente su oración y se iba a colaborar en lo que era necesario. Veces hubo que tuvo que suspender cinco veces seguidas una oración, y lo hizo prontamente. Ella repetía: Muy buena es la oración, pero la mujer casada tiene que concederles enorme importancia a sus deberes caseros". Ahora sus seguidores piensan exaltarla como patrona del Ayudante de Cocina.

El campeonato lo tiene San Sabas. Vuelvo al santoral y juro que lo que sigue es textual: "El emperador ofreció a los visitantes que pidieran los regalos que quisieran. Cada uno pidió para sí mismo lo que quiso, pero Sabas dijo que él no deseaba nada para su uso personal, pero que lo que pedía era que el emperador no ayudara a los herejes y que concediera varias ayudas que estaban necesitando mucho en Palestina, y que pusiera un puesto de policía cerca de donde estaban los monjes para que los defendieran de los asaltadores. Todo esto se lo concedió el mandatario".

Y no pude encontrar a Santa Yidis…

Entonces, ni modo. La gente va directamente a Dios. De milagro —literalmente— la Virgen conserva algunas funciones. Pero pocas. ¡Pobre creador! Siento cierta conmiseración por Él. Debería tomarse unas vacaciones, pero millones de humanos no lo dejan.

Y lo malo es que no hay en la nómina celestial un encargado de lo que llamábamos Tiempos y Movimientos. O Visión Estratégica. Por ejemplo: en el caso de Íngrid, hubiera sido mejor que, en vez del rescate exitoso, hubiera logrado evitar el secuestro. Cuánto nos hubiéramos ahorrado.

Tal vez en la antigüedad eran más sabios. Había un Dios para cada cosa. Esto permitía una mejor planificación. Ceres se ocupaba de las cosechas y no tenía nada que ver con los desarreglos amorosos. Eros les trabajaba a éstos y se olvidaba de la guerra. Mercurio ayudaba a los comerciantes y a los empleados de DHL y no tenía nada que ver con las tempestades. Y así…

Yo propongo el politeísmo. De lo contrario, ahí sí vendrá la hecatombe con reelección a bordo.

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