Le hice un pase a Nonato y salí corriendo para recibir de nuevo la pelota. La pared vino muy fuerte, no alcancé, pero continué corriendo. Rebotó hacia Da Mata, que mandó un sombrero lindo, a la medida. Cuando la pelota llegó por encima, yo no la esperaba por arriba y me tuve que girar para ver dónde estaba. No me daba tiempo de controlarla. No tenía otra opción. Me acomodé. Pateé, medio de chilena, medio de tijera. Tuve mucha suerte: podría haberla mandado muy lejos, pero hice el gol…

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No era cualquier gol. Era el gol que coronaría el más reciente cuento de hadas del fútbol mundial. Gracias a él, Wendell Lira, ahora jubilado del fútbol a causa de varias lesiones, se convirtió en la estrella de uno de los eventos más importantes del deporte, los premios de la Fifa, en Zúrich, Suiza, y regresó a su casa con dos victorias. La primera, el Premio Puskás, que reconoce el gol más bonito del mundo. La segunda, una goleada por 6 a 1 sobre el entonces campeón mundial de fútbol en videojuegos, en una actividad paralela a los galardones de la Fifa. Esas dos conquistas cambiaron su vida para siempre.

El sueño de todos

Su historia es la misma de tantos jóvenes brasileños. En Goiânia (estado de Goiás, en una zona central de Brasil), Wendell y sus dos hermanos fueron criados solamente por su madre, Maria Edileuza, quien logró garantizarles comida sobre la mesa y lo necesario para ir a la escuela. Mientras trabajaba como empleada doméstica o vendía empanadas, el chico se la pasaba jugando con la pelota. Quienes lo veían en la cancha decían que era el más talentoso de la región. Un día, fue observado por algún cazatalentos y en pocos años pasó a ser la joya de la categoría infantil del Goiás, el club con más títulos del estado, conocido como el “Esmeraldino”.

“Con 15 años ya entrenaba con el equipo principal —recuerda—. Tuve un comienzo de carrera muy promisorio”. El estreno oficial fue en 2006, a los 17 años. Entró en el segundo tiempo en la derrota por 2 a 1 del equipo reserva del Goiás frente al Itumbiara, por el Campeonato Goiano. En aquel momento, era el crack junior del equipo. Además de quedar de goleador del Campeonato Brasileño Sub-20, con siete goles en ocho partidos, fue escogido como el Jugador Revelación del torneo.

El buen desempeño le garantizó una convocatoria para la selección brasileña Sub-18. Viajó a la Copa Sendai, en Japón, al lado de jugadorazos como Alexandre Pato (quien pasó por el Milan y el Chelsea, y ahora está en el fútbol chino) y Willian (una de las figuras actuales del Chelsea y de la selección de mayores de su país). Wendell hizo un gol y Brasil salió campeón. “Puedo decir que dejé mi nombre marcado en la historia de la Selección, por lo menos un poquito —comenta con orgullo—. Hace poco fui al Museo de la Confederación Brasileña de Fútbol y pude ver el trofeo”.

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Su carrera estuvo a punto de dar un giro drástico en ese momento, pero no. Pato, artillero del torneo, sería comprado por el Milan en 2007, pese a que la primera opción del club italiano había sido Wendell. Pero la oferta de seis millones de reales (casi dos millones de dólares, a cambio de hoy) no sedujo en el momento al Goiás, que apostó por retener el talento de su joven figura. Un mes después, el atacante sufriría el mayor revés de su carrera: el rompimiento del ligamento cruzado de la rodilla derecha.

“Él era un jugador muy bueno, rápido y habilidoso —recuerda Geninho, el entrenador que lanzó profesionalmente a Wendell—. Jugaba en dirección de gol todo el tiempo. Era muy centrado, no se deslumbró cuando se volvió titular, cumplía bien las órdenes... Fue una pena que hubiera tenido tantas lesiones”. “En la época, encaré bien la cirugía en la rodilla, con tranquilidad —recuerda—. Sin embargo, no sabía que me traería tantos problemas”. Después, Wendell pasaría por una secuencia trágica de lesiones. Llegó a estar un año y medio sin pisar una cancha y cuando volvió ya no era el mismo. Ganó peso y perdió agilidad. Tuvo que dedicarse al gimnasio, a los ejercicios de fuerza.

De ser la gran revelación del fútbol goiano pasó a ser prescindible y fue prestado al Fortaleza, que se encontraba entonces en la categoría C brasileña. Estuvo apenas cuatro meses, en los que no logró afirmarse en el equipo, y, de regreso a Goiás, se rompió nuevamente el ligamento cruzado. Estuvo inactivo durante otro año, en recuperación, hasta que se le acabó el contrato.

El sueño que tenía desde niño, el de ser un futbolista profesional consolidado, estaba cada vez más lejos. “Cuando salí del Goiás, pensé por primera vez en parar de jugar —dice Wendell—. El problema no era jugar en un equipo pequeño, era no tener un buen desempeño. Esa es la mayor tragedia por la que puede pasar un futbolista, sentir dolor todo el tiempo y no rendir en campo”.

De 2012 a 2015, deambuló por clubes poco conocidos. Jugó en el Atlético Sorocaba, de São Paulo, y el URT, de Minas Gerais, y también en Trindade, Anapolina y Novo Horizonte, donde disputó la tercera división goiana, hasta llegar al equipo donde fue más feliz: en el Goianésia, Wendell tuvo dos temporadas exitosas y llevó al club a dos semifinales del campeonato del estado. La segunda vez, ya había abandonado el fútbol, pero fue invitado a volver al equipo para el campeonato del estado Goiás de 2015. Firmó un contrato de tres meses. Era su última oportunidad de brillar. Y brilló.

El 11 de marzo, poco después de que el estadio principal de la región, el Serra Dourada, cumplió 40 años, Wendell hizo el gol más famoso que se marcará jamás en esa cancha. En una noche lluviosa, frente a un público de apenas 342 personas, al minuto 28 del partido, vivió el momento más importante de sus 27 años. La victoria de 2 a 1 sobre el Atlético-GO fue apenas una anécdota al lado del golazo que coronaría su errática carrera.

El más bonito del mundo

A partir de 2012, Wendell Lira tuvo una vida profesional desorientada. Variaba entre contratos cortos en clubes pequeños y periodos de “todero” trabajando con amigos. Para sobrevivir cuando no tenía equipo, llegó, incluso, a ser vendedor de bayetillas. “Cuando jugaba, sentía dolor en la rodilla y cuando no tenía club, necesitaba arreglármelas en cualquier empleo”.

A pesar de los problemas de dinero, Wendell y Ludymila, su novia desde los 17 años, se casaron. En mayo de 2013, nació la primera —y hasta ahora la única— hija de la pareja: Marcela, hoy de 3 años.

Pese a que la carrera como futbolista de Wendell iba en picada, los negocios familiares parecían prosperar. En 2014, su madre tomó las riendas de una cafetería a punto de cerrar. Ella la administraba y pagaba el alquiler a cuotas de acuerdo con las ganancias que fuera dando. Wendell dejó la pelota y fue a trabajar como cajero. Y el negocio prosperó. Él cree que se debe a un milagro: “En un mes, el local ya nos estaba dando ganancias y hoy mi mamá tiene a tres personas trabajando con ella”.

Estuvo ausente de la cafetería durante los tres meses de contrato con el Goianésia, cuando marcó el gol inolvidable. Luego, firmó con el Tombense, de Minas, pero estuvo apenas un mes allá. Después de eso, dividía el tiempo entre la cafetería y un trabajo de acondicionamiento físico en la clínica deportiva de un amigo; aunque había decidido abandonar la carrera definitivamente, se mantenía en forma, esperando, quién sabe, una buena propuesta.

El 6 de noviembre, mientras hacía terapia de fortalecimiento muscular, el celular comenzó a timbrar. “Me entraron muchas llamadas, no las contesté porque creí que eran para cobrarme deudas pendientes”, comenta, medio en serio, medio en chiste. Pero quienes lo llamaban eran periodistas. Querían declaraciones: su gol había sido escogido por la Fifa como uno de los diez más bonitos del mundo. “Me puse muy feliz, aunque en ese momento no entendía la importancia”. Una semana después, recibió una propuesta y firmó con el Vila Nova, un club tradicional de su ciudad.

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En la misma clínica de acondicionamiento físico, el 30 del mismo mes, recibió una noticia aún mejor: un desconocido llegó a abrazarlo y le informó que su gol había sido elegido entre los tres finalistas del Premio Puskás de la Fifa. Sus rivales eran Alessandro Florenzi, de la Roma, y el gran Lionel Messi, del Barcelona. Por primera vez en años, el fútbol logró que Wendell llorara de alegría.

Como el premio sería elegido por voto popular, Wendell llegó a la premiación en Zúrich esperanzado. Los brasileños hicieron una campaña intensa en internet para que la gente apoyara al goiano. Y dio resultado: fueron casi 750.000 votos para él, lo que representaba el 47 % de los 1,6 millones de sufragios online.

“Estaba muy nervioso —confiesa—, pero aproveché para saludar a Messi, a Cristiano y hasta al holandés Edgar Davids, que era mi ídolo cuando yo era niño”, recuerda. Sí, estaba muy nervioso. Por eso, para que se relajara, su traductor —Wendell no habla inglés— le sugirió aceptar la invitación para jugar un partido del videojuego oficial de la Fifa contra el entonces campeón del mundo, el árabe Abdulaziz Alshehri. La organización del evento invitó también a Messi y a Cristiano, pero ambos se negaron.

Y Wendell masacró a Alshehri: 6 a 1. “Nadie esperaba ese resultado —comenta—. De repente, comencé a hacer un gol tras otro, todo el mundo se reía y el árabe se puso nervioso. Es una historia escrita a mano por Dios: ese juego era lo menos importante de la noche y se convirtió en uno de los momentos más importante de mi vida”.

Horas después, el futbolista japonés Hidetoshi Nakata anunciaría su nombre como vencedor del Premio Puskás. Sin discurso preparado, Wendell Lira besó a su esposa, subió a la tarima, se esforzó para no llorar, dio las gracias y citó un pasaje de la Biblia que habla de David y Goliat.

Hola, soy Wendell

Poco después de que el goiano desconocido venciera en Zúrich al campeón mundial del videojuego Fifa, en Porto Alegre, Brasil, el abogado y empresario de fútbol Felipe Carvalho pensó en una idea para un negocio poco convencional: crear un canal de YouTube en el que Wendell Lira jugara Fifa mientras daba consejos sobre el videojuego.

Para ese momento, sin embargo, parecía una idea imposible. El aún jugador tenía contrato por un año con el Vila Nova y todas las luces del fútbol por fin le apuntaban. Lo que el empresario no sabía era que el propio Wendell ya había contemplado tener un canal en YouTube y que había ganado algunos trofeos en torneos regionales de fútbol virtual. Sí, para ese entonces ya era conocido como un crack de los videojuegos.

Además, su paso por el Vila Nova estuvo marcado por un problema de cálculos renales y, claro, por lo de siempre: la falta de continuidad. Estuvo apenas tres meses y se fue sin recibir un centavo. Cuando Felipe Carvalho supo sobre la salida de Wendell del equipo, lo llamó. Tenía una oferta por parte del Cruzeiro de Porto Alegre (por favor, no confundir con el Cruzeiro de Belo Horizonte, bicampeón de la Libertadores). Pero la respuesta del jugador fue un sonoro “no”: “No quería jugar más fútbol, sufrí demasiado en el Vila Nova y estaba seguro de que era el fin de mi carrera”.

Aun así se sentaron a hablar y salió la idea del canal de YouTube. “Wendell se animó y dijo que quería oír más sobre la propuesta”, comenta Felipe, quien tenía al principio la intención de mantener al futbolista en el Cruzeiro. Pero el ganador del Premio Puskás solo aceptó la propuesta de ser youtuber y anunció su jubilación definitiva de las canchas para dedicarse a su nueva carrera.

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Se mudó a Porto Alegre y montó un estudio de grabación en su casa. Desde ahí graba los videos de su canal, WLPSKS, la sigla para “Wendell Lira Puskás”. En menos de un mes alcanzó 100.000 inscritos y hoy, con apenas cinco meses de actividad, son más de 285.000. El video más visto llegó a las 760.000 reproducciones, un número que solo alcanzan celebridades de talla mundial. El actual youtuber y gamer tiene un sueldo que dobla el que recibía en el Vila Nova y, encima, es el dueño del 30 % de la marca WLPSKS.

En diciembre de 2016, Wendell Lira ganó el torneo Hero League y terminó el año en la sexta posición del ranking suramericano de la Fifa y en el puesto 55 entre los más de ocho millones de usuarios registrados en el juego. El desempeño es resultado de la dedicación intensa: además de las tres horas diarias que dedica a grabar los videos, entrena por lo menos más de cinco horas al frente de su PlayStation 4. El resto del tiempo lo pasa con su esposa y su hija.

Pero Wendell sabe que así como hoy ha vuelto a triunfar —aunque sea fuera de las canchas—, mañana pueden volver los tiempos difíciles. Con una historia de tantos altibajos, es bueno estar preparado para todo, hasta para volver a la cafetería de su madre. Por ahora prefiere aprovechar lo que le dejó aquella noche de los premios de la Fifa en Zúrich, haber vencido a dos grandes: a Messi en el Puskás y al campeón del mundo de videojuegos.

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