Tuvo a bien la revista SoHo invitarme a un recorrido por el mundo play. Debo decir que mis referentes por el mundo del glamour, las buenas maneras y la etiqueta son uno lejano y otro cercano. El lejano me viene de una tía por la línea materna de nombre Wenceslao Ruth Díaz Calleja o la niña La, de Coloso, Sucre, colindante con los célebres Montes de María. Ella era toda elegancia, conocedora de las últimas tendencias de la moda; era una suerte de representante de la aristocracia colosuana (algo debo tener de la tía La).El referente cercano lo tengo por mi sobrino Luis David Devos Borja, médico joven, quien aspira a dedicarse a la cirugía del embellecimiento, informado de las marcas y las modas, pichón de comerciante de artículos play en el famoso Bocagrande de Cartagena. Es un perfecto filipichín de 1,55 de estatura, eso sí tan elegante que me recuerda a Rin, Rin Renacuajo. Vamos con el periplo.

La primera parada fue donde el señor Ricardo Pava, quien es diseñador de la gente bonita del mundo play. La pinta propuesta fue una camisa blanca, suéter con cuello en V de color violeta (el color favorito de los virgo como yo), bufanda y un jean azul pegado al cuerpo con el cual me sentí ahorcado, como los toreros cuando saltan al ruedo, con todas las vergüenzas expuestas al público. Como complemento, el señor Pava me mostró un saco cruzado de seis botones, bien cortado y de buen paño de color vino tinto. Se me vino a la cabeza la imagen de José Mendoza, corroncho total, oriundo de Tierra Alta, Córdoba, que trabaja en la Procuraduría para más señas, que alguna vez tuvo un saco igual como el de un miembro de la orquesta de Pérez Prado, el de "mambo, qué rico el mambo". ¡Quite de mi vista esa tentación, señor Pava!

El señor Pava, para darme tranquilidad, me informa que él aconseja al senador Armando Benedetti, quien también usa saco cruzado de seis botones y a mi compañero de comisión Eduardo Crissien, alias 'Tito', quienes después de oír tales consejos compran la ropa en la Florida, Estados Unidos, porque de apoyo a la industria nacional… También me dice el señor Pava que ha vestido a otros personajes como a un ex alcalde de la capital (con tortuga y tal), pero recordé que en un artículo de una revista nacional lo calificaron como el peor vestido y a mí el más elegante (¡no faltaba más!). Me sorprende el método de mercadear del señor Pava que, sin embargo, es exitoso y muy bueno. Cosas del mundo play.

La parada siguiente fue donde Humberto Quevedo, el estilista que tiene su salón cerca del parque de la 93. Me sorprende encontrar a ellas, ellos, los otros y las otras un sábado por la tarde en que durante cinco o seis horas consienten su esqueleto: cortan el pelo, hacen uñas, aplican mascarillas, pintan cejas, masajes integrales, rasuran por todo lado para quedar listos para la próxima rumba en el mundo play. No se cansan.

Humberto (el tufo delata que la fiesta fue hasta altas horas de la mañana) dice que no me corta el pelo (lo cual me alivia porque cualquier tratamiento capilar cuesta mínimo 60.000 pesos, lo que en la Soledad —mi barrio— apenas llega a 6.000), me aplica un champú para cabello grasoso y me echa un polvo con efectos algo milagrosos (se guarda el secreto de su mezcla y la marca); me aconseja que no me lo bañe tres veces a la semana sino solo una vez para que conserve la grasa natural, porque cabello propiamente dicho no tengo, apenas unas mechas. No quiero ni imaginarme como Pedro el escamoso con los pelos brillantes por la grasa…

La siguiente estación fue en el bar-restaurante La Puerta Grande, y para evitar una cantaleta me acompañó mi mujer. La comida, excelente (sé algo del arte culinario porque cuando salga de circulación, mi oficio será atizar el fuego y sofreír cebollas). En la barra del establecimiento se pueden observar los licores que exhiben. Todos de marcas conocidas —cuando se trata de mamar ron, los costeños de eso sí sabemos—; este local es presa también del juego de la propaganda de las marcas para descrestar calentanos, como diría una amiga mía. Whiskys que yo tomaba en el pasado porque eran más baratos que el Tres Esquinas. Luego pasamos al bar, el barman me cuenta que los viernes los clientes van a la hora del almuerzo y muchos se quedan hasta el amanecer; son jóvenes entre 25 y 30 años, profesionales exitosos, en mangas de camisa (algunos), otros con trajes que parece que han copiado de mi nuevo estilo play; sonrientes con sus brackets; el pelo tratado con gel; pantalones descaderados; bien informados sobre las novedades de internet, de las tecnologías del entretenimiento, desde luego de la actualidad de la bolsa y de los chismes de la farándula criolla, sus modas y las marcas famosas que usan, así sean de las auténticas o falsificadas por los chinos, como los relojes Rolex . El mundo play. Nada de llevar a la diversión el trabajo o los asuntos aburridos.

La última parada fue en un bar de la calle 85 entre 14 y 15 ubicado en una bella terraza propia de este verano sabanero, adornada de muchas matas. Su nombre es Armando Records. Me llamaron la atención los mosaicos del piso como para una casa restaurada del barrio San Diego en Cartagena, que contrasta con los azulejos oscuros de las paredes del bar, dando lugar a un ambiente algo extravagante. La atención, buena. Buena música seleccionada por jóvenes profesionales (allí fue en el único lugar donde fui reconocido) porque los diseñadores y estilistas insisten en que mi sombrero no es play (lástima, porque este adminículo es parte de mi encanto). El sitio se recomienda.

Después de más de seis horas de experiencia play hago comparaciones, primero con mi vida: lo que se me ocurre es pensar si mis ingresos de congresista, esos mismos que todo el mundo critica, por lo vagos que creen que somos, dan para mantener una vida play. Salta la pregunta: ¿cuánto gana un play, para gastar los juernes, viernes y sábados, ¿estarán los que se la pasan con un solo trago en la mano toda la noche que se aguara tanto, que terminan es poniéndole más agua para que se vea lleno? De verdad prefiero invertirlo en mi familia, en mis vinos y mercar para que mi nevera siempre esté llena.

Un sábado por la tarde, en mi cotidianidad, es una reunión con comunidades, tratando de que las escuchen para que las ayuden a resolver un problema, o con mis amigos (uno de ellos, José Mendoza, con su saco vino tinto, residuo de la ropa que recogemos para regalar a necesitados, no de Ricardo Pava), ellos a mamar ron y yo con mi dosis personal de copas de vino, hablando de los hijos y de política donde yo soy el experto. De verdad la vida play tiene su encanto, pero a mi edad me quedo con lo mío.

Terminado el periplo y ya en el asfalto con los ojos bien abiertos y las anteriores reflexiones, pienso que el 46% de los colombianos son pobres y que tenemos nueve millones de indigentes, más los que se crean con Familias en Acción, Guarda Bosques, subsidio para la tercera edad, uso del Banco de la Mujer, todos excluidos de las delicias del mundo play… ¡hmmm!… Vaya, vaya, los espejismos del mundo play.

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