En realidad, más que de imagen, soy asesora general de Wilson, a quien conozco desde hace más de 20 años, cuando llevaba el pelo largo, usaba chanclas, parecía hippie y era el típico corroncho costeño en la capital. Comenzó a trabajar en el Instituto de Crédito Territorial muy joven y se vinculó al sindicato de la institución, iniciando así su carrera como líder sindical. Ya para 1998, cuando incursionó por primera vez en la política lanzándose a la Cámara, Wilson tenía claro que debía adquirir una identidad pública propia, un distintivo personal que lo ayudara a diferenciarse de los demás. ¶ Así fue como empezó a vestirse como lo hace actualmente, con trajes formales y sombreros de diferentes colores. El actual representante a la Cámara por Bogotá tiene muchos trajes completos de corte clásico, varios de tonos muy claros y también blancos, que definitivamente le sirven para hacerse notar en la capital. Todos los trajes, además de sus camisas, son hechos a la medida por el mismo sastre que conoce desde hace mucho tiempo.¶ Se podría decir que su imagen ha ido evolucionando. Al principio usaba chalecos y alguna vez intentó llevar paraguas, elemento que dejó de usar pronto porque le parecía que se veía chistoso; yo, particularmente, le decía que parecía Pepe Grillo. A partir del atentado que sufrió en diciembre de 2000, en el que recibió más de 50 disparos que le hicieron perder por lo menos 10 centímetros de hueso de la pierna derecha, Wilson usa en el respectivo zapato una plantilla más alta para nivelar y corregir su pie defectuoso. Por esa razón también usa zapatos hechos a la medida, claro, por necesidad ortopédica más que por vanidad masculina. ¶ En cuanto a sus famosos sombreros, valga decir que tiene más de dos docenas de ellos, cada uno guardado cuidadosamente en su respectiva caja de cartón para conservarlos en buen estado. Algunos los ha adquirido en sus viajes al exterior, pero la gran mayoría los ha comprado donde siempre, en almacenes que quedan cerca de la Plaza de Bolívar. Su sombrero favorito es uno negro de estilo ‘gardeliano‘ que en algunas tarjetas lo hemos puesto como símbolo para los saludos y agradecimientos. ¶Como muchas veces le piden de regalo los sombreros que usa, siempre lleva uno extra para ponerse inmediatamente. Al comienzo la gente lo molestaba por lo llamativo que se veía, pero a estas alturas ya logró consolidar su imagen mediática. Nadie le puede tomar del pelo por usar sombreros, porque él es de muy buen humor y hasta ahora en el único sitio en el cual se despoja de este accesorio —por protocolo— es en las sesiones del Congreso, ya que solo los representantes de nuestros ancestros indígenas pueden usarlo.

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