Louis Van Gaal fue el entrenador que me permitió jugar mi primer partido con el FC Barcelona. Solo por eso le estaré eternamente agradecido, aunque de él recibí tantas lecciones inolvidables que le debo mucho más. La verdad es que veo las imágenes y no me reconozco. Y todo lo que vino después… a veces lo pienso y no me lo creo.

Yo desde niño quería, básicamente, ser futbolista, y del Barça. Recuerdo cuando vinieron a ficharme. Tenía 12 años. Era el niño más feliz de Terrassa, la ciudad donde vivía, a pocos kilómetros de Barcelona, pero le pedí a mi padre que no se lo dijera a nadie. Me daba miedo que me trataran distinto. No quería ni salir de casa con el chándal del Barcelona para que nadie pensara: “Qué chulito es ese niño”. Así que tardé bastante en decirlo. Creo que solo lo supo el Cholo, mi compañero de pupitre.

Solo con haber jugado un partido con el equipo habría sido feliz. Pero he jugado más de 700. Es muy fuerte pensar que nadie ha jugado más que yo, y estoy seguro de que tarde o temprano alguien me superará. No creo que ese dato sea lo más importante de mi carrera. Ni siquiera los títulos ganados. Lo importante es la experiencia vital.

Evidentemente es un orgullo haber jugado tantos partidos, pero al final lo que me ha permitido es haber vivido muchas cosas y haber conocido a personas que forman parte indisoluble de mi vida. A veces vuelve por la ciudad deportiva algún excompañero y, cuando lo saludo, saludo a un amigo. Me pasó hace poco con el francés Giuly. Pensé: “Era mi compañero, pero es que es un amigo”.

He vivido con jugadores y entrenadores, y también con la gente que rodea al equipo, como Carlos Naval, el delegado; como Chema Corbella, el utilero, personas que el público no conoce tanto, pero que me han ayudado a crecer, con las que he llorado y he reído.

Cuando jugué el partido 700, me hicieron muchos reportajes, y leí que he ganado 22 títulos con el club. Sinceramente, por mucho que un futbolista compita para ganar, si algo me llevaré algún día del fútbol son relaciones personales, amigos.

Acabamos de despedir a Tito Vilanova, con eso lo digo todo. Ese dolor es para siempre. El de las derrotas pasa, porque en un club como el Barcelona el fútbol te da revancha a los tres días. La muerte no. Y lo de Tito es tan injusto... Todos sabrán de qué hablo, porque el cáncer se ha llevado a tantas personas insustituibles que no resultará difícil entenderlo. Bueno, pues ese dolor demuestra que la carrera de un futbolista, por encima de todo, son relaciones humanas. Nos pagan mucho, somos muy famosos, pero a la hora de la verdad lo que te llevas en el corazón son afectos, una vida de experiencias al lado de personas.

Futbolísticamente he vivido lo peor y lo mejor de la historia del Barça. Durante cinco años transitamos por un desierto absoluto. No ganábamos nada, cambiaban de presidente cada tres días, un entrenador tras otro. Era desesperante, frustrante. Es increíble llegar al club de tu vida y pasarte cinco años sin títulos. Me comía el coco. Yo, que viví la época del dream team de Cruyff como un chaval de la cantera, es que no me lo podía creer. Muchas veces lo hablamos con Puyol. Fue desesperante.

Pero incluso de aquellos momentos guardo grandes recuerdos. No sé, pienso en el entrenador Serra Ferrer y recuerdo que, aunque no jugué mucho con él, siempre fue de cara, me enseñó cosas, me trató bien. O de Antic, en uno de mis momentos más difíciles, que me dio otro rol táctico y me acercó más al área para buscar el último pase y el gol.

Al final, todo cambió. Llegó Rijkaard y ganamos otra vez la Liga y la segunda Copa de Europa. Y luego apareció Pep Guardiola, que había sido mi compañero, y llegamos a la excelencia. Ganamos, que a fin de cuentas es lo que importa cuando juegas en el Barcelona.

De todos los títulos, me quedo con las tres Champions. La primera no la jugué, pero me ayudó a pensar que tenía que aprender, que no lo sabía todo. Las de Roma y Wembley fueron espectaculares. Creo que no he sufrido una derrota más dolorosa que la Intercontinental en Yokohama, contra el Internacional de Porto Alegre. Nos hacía mucha ilusión, porque no la teníamos, ya que el dream team había perdido contra el San Paulo. Luego ganamos una final espectacular, contra Estudiantes de La Plata, de manera agónica, y otra contra el Santos, con una superioridad brutal.

Goles he marcado unos cuantos, aunque a veces pienso que hubieran sido más de haber tirado las faltas y los penaltis. Da igual, los tiraban Rivaldo, Ronaldinho, Messi… ¡y a esos no se les tose! No olvidaré nunca el que le marqué a mi amigo Iker Casillas en el Bernabéu, al final de la temporada 2003-04. Creo que marcó un punto de inflexión en el equipo, porque aunque no ganamos nada aquel año, empezamos a creer en nosotros y al año siguiente logramos la Liga.

Durante todo este tiempo, lo que más me ha preocupado es honrar esta camiseta, más allá del juego y de los títulos, que, por supuesto, siempre he querido ganar. Uno juega como sabe y vive como quiere, y yo he vivido con la intención de que, siendo jugador del Barcelona, no me pudiera reprochar nada. He intentado no manchar esta camiseta, por respeto absoluto al club y a su afición. Es algo que me ha obsesionado. Y, aunque es verdad que estuve a punto de irme al Milan, ahora lo pienso y soy muy feliz de haberme quedado. El Barça ha sido mi vida y estoy muy orgulloso. Solo espero haber estado a la altura.

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