Varios años después se me acercaron George Clooney y la gente de Warner Brothers con la idea de convertirlo en una película. Cuando hablé con Clooney, no me dijo mucho, solo que quería comprar los derechos de mi libro. La gente que trabaja en esta industria tiene maneras de saber qué historias están comenzando a sonar, y tratan de obtenerlas antes de que sean publicadas para poder acercarse a los autores. Pero normalmente solo las agregan a su montón de proyectos. En el caso de Argo, ya la historia había estado circulando por varios años.

Participé en la grabación de la película, considerablemente, durante varias semanas. También pasé mucho tiempo con el guionista y algunos de los miembros del equipo de producción, incluyendo a Ben Affleck. Viajé a Los Ángeles o a donde me necesitaran; muchas veces estuve en las locaciones durante la grabación de la película. Y luego de que estuvo lista, Ben Affleck y yo pasamos algún tiempo promocionándola. 

Hay que tener mucha suerte y ser muy hábil para lograr hacer una película. Hay algunas partes distintas a la realidad, algunas cosas fueron modificadas para que fuera más emocionante. Como la espera en el aeropuerto después de salir de la embajada. En la realidad, fue más una cuestión de sentarse a esperar que saliera el vuelo, pero, cuando estás haciendo una película, tienes que mostrar algo de acción para transmitirle a la audiencia la experiencia. Así que perdoné a Affleck por haberle agregado ese drama en el aeropuerto. Hubo muchas cosas que se hicieron sin preguntarme, y yo me enteré de esos cambios cuando vi la película. Pero no tuve problema, es entendible. 

La película me gustó, es buena. Y me parece fantástico que haya ganado el Premio de la Academia. Estuve en los Óscar y fue muy emocionante. Después de la ceremonia fuimos a celebrar a una fiesta con Ben Affleck y George Clooney. Pero después de eso perdí el contacto con ellos. Con quienes sí mantengo buena relación es con las personas que rescatamos. Nos llevamos muy bien y nos reunimos a menudo. Ellos también participaron durante la producción de la película, pero de una manera mínima. Iban a ver cómo iba la grabación y también fueron al estreno. Nadie se quedó por fuera. Algunos de los diplomáticos involucrados tuvieron más protagonismo que otros pero, igual, hay suficiente mérito para todos. 

Cuando me fui a Irán, mi esposa no sabía a dónde estaba yendo, sabía que era un sitio peligroso pero también sabía que no podía decirle exactamente a dónde iba. Además, el presidente Carter me mandó un telegrama clasificado deseándome suerte. Es muy raro que el presidente esté tan cerca de una operación que se involucra de esa manera. Carter estaba muy enterado de los detalles. 

Cuando volví de la misión, recibí la Estrella de Inteligencia, pero tuve que devolverla, porque todo era secreto. Tampoco pudo ir nadie de mi familia a recibirla conmigo, pero yo le conté a mi esposa. Para que te den una Estrella de Inteligencia, tienes que hacer algo extraordinario, pero también muy peligroso. Cuando Bill Clinton desclasificó la operación en los años noventa, volvieron a darme la Estrella. Y todavía la tengo, claro. Es un orgullo. 

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