Yo trabajaba en la empresa de mi papá, de la cual mis hermanos y yo somos accionistas. Esas fueron las capitulaciones que mi exesposo tuvo que firmar, sobre las acciones de la empresa. Entre los documentos legales, como era un negocio de familia, se nos pide a mí y a mi hermana que con cualquier persona con la que nos casemos debe firmar las capitulaciones.

Él lo sabía desde el día uno. Cuando hablamos del matrimonio formalmente con nuestros papás ese fue un tema que tocamos y mi novio aceptó sin ningún problema. Como es abogado, mi papá le pidió el favor de que él mismo hiciera los documentos y redactara lo que necesitábamos, y él accedió. Nunca se opuso. Las capitulaciones, para el que no lo sepa, son unos documentos que uno hace ante un notario sobre ciertos bienes que uno no quiere que entren en la sociedad conyugal, es una forma de proteger el patrimonio familiar anterior al matrimonio. Muchas empresas se han acabado por las esposas o esposos de los dueños.

Durante los nueve meses de preparativos, mi papá me recordaba constantemente lo de las capitulaciones, yo le decía a mi novio pero él siempre respondía que no tenía tiempo, se hacía el loco. Me decía que lo iba a hacer pero nunca lo hizo. Dos días antes de casarnos, me puse brava y por fin me mandó el documento por internet. Le recordé que teníamos que llevarlo a una notaría y me dijo que sí, pero que al otro día, el día antes del matrimonio. Ese día no trabajé, además porque tenía una gripa espantosa, pero él sí lo hizo medio día. Le pedí que me recogiera, pues él estaba en mi carro, y me respondió que no, que nos viéramos en la notaría. Llegué con una prima que había llegado de Estados Unidos, y justo antes de entrar salió el personaje y me dijo que no podíamos firmar porque ese tipo de documentos toca llevarlos con 15 días de anticipación (al matrimonio). Como abogado supongo que sabía eso. Le dije que si no firmábamos no me casaba, yo ya tenía muchas dudas con respecto a él. Fuimos a otra notaría y la señora que nos atendió se dio cuenta de mi angustia, y nos ayudó. Nos dijo que teníamos que ir a firmar al día siguiente, el día del matrimonio. Como no tenía más opciones, al otro día salí de la peluquería temprano, arreglada y con velo fui y firmé los documentos, dos horas antes de casarme. Él lo hizo un poco más tarde que yo. 

Solo cuando me separé, a los seis meses, me di cuenta de su interés por el dinero y los bienes. Él en este momento no reconoce que eso era lo que quería. Nunca mencionamos el tema, pero cuando arreglamos nuestro divorcio el manejo de la división de bienes fue absurda. Aunque esa fue una de las razones de nuestra separación, no fue la única. Tiempo después logré que la Iglesia me anulara el matrimonio. Así que ahora puedo decir con toda tranquilidad que soy soltera, no separada. Y mi familia y yo estamos tranquilos de tener nuestro patrimonio familiar protegido; si no se hubieran firmado las capitulaciones, en este momento él sería parte de la sociedad, recibiría utilidades y participaría en las reuniones de accionistas, algo nada agradable para nosotros ni positivo para la compañía, la cual queremos conservar por muchas generaciones más.

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