Con mi esposo llevo 28 años de casada: nos separamos a los 12 años de estar juntos, duramos alejados cuatro años y pico y desde que decidimos volver a compartir nuestras vidas han pasado otros 12. Resulta que cuando uno decide casarse, uno deja de ser dos para convertirse en uno y es fundamental luchar por esa unión, así eso no sea fácil.

Conocí a Álvaro porque empezamos a trabajar en un gimnasio juntos. En el momento no fue un flechazo de amor, fuimos amigos, pero luego se fue dando ese acercamiento y enamoramiento. Duramos tres años y medio de novios y después nos casamos. Mi marido era una persona con la que había tenido un noviazgo, de la que verdaderamente estaba enamorada, pero que en realidad no conocía.

A los tres años de habernos unido tuvimos nuestra primera hija. Yo soy una madre muy sobreprotectora y de alguna manera descuidé mucho a mi esposo. El pasar de esposa a madre se me convirtió en un caos en el que no podía estar al mismo tiempo con mi esposo y mis hijos. Ahora me doy cuenta de que fue un error. Comenzó una época de mucha discordia, de problemas: él empezó a salir y a tomar mucho, iba a reuniones con otras personas y yo me enfrasqué mucho en mi casa, me quedé como la mujer víctima del marido. Nuestro matrimonio iba mal y empezamos a buscar numerosas ayudas para que no se dañara. Después de buscar alternativas, llegó el momento de la separación, y él se fue. La ruptura fue un trago muy amargo, muy doloroso.

Después de nuestra separación, él rápidamente empezó a compartir su tiempo con otra mujer. Yo, por mi lado, también salí con gente y busqué la compañía de amigas que quizás no me dieron los mejores consejos. En el entretanto tuvimos tres intentos de volver, pero ninguno duró más de un mes. Así que decidí buscar ayuda para mí, por mi dolor, por el perdón, porque un corazón herido no perdona. Di con un grupo de gente muy linda que ayudó a que mi herida empezara a sanarse. Decidí que iba a bendecirlo. Álvaro me empezó a notar muy cambiada, muy distinta, con un tono de voz diferente, yo lo estaba amando de la manera que Dios quería que lo amara. 

Resulta que él se había ido a vivir a Manizales y estando allá tuvo un accidente tenaz, le tuvieron que hacer una operación muy delicada de la rodilla y tuvo que venir a Medellín tres veces a cirugía. En la última operación, que fue la cuarta, yo ya estaba en este proceso personal, así que le ofrecí que se quedara en la casa, porque en últimas era su casa también. Le dije que se hospedara allí para la convalecencia, él estaba casi inválido, y entonces yo lo atendía, lo abrigaba, fue un momento muy difícil. En esa época se dio un proceso muy lindo y como a los cuatro meses de eso las cosas volvieron a fluir. Él empezó a recibir ayuda de las mismas personas y decidimos que íbamos a trabajar juntos como pareja para mantener nuestra unión.

El volver a estar juntos y unidos en medio de dificultades, de la escasez y de problemas es como volvernos a casar. El matrimonio, más que un ritual físico, más que un ritual social, es estar uno con el otro en medio de todo. Hoy creo que el amor verdadero no es un sentimiento, es una decisión: yo decido amar a mi esposo como él es y lo acepto.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.