Hace años me gané el apodo de “la computadora humana”, pues no solo soy el calculista más rápido del mundo, sino que tengo seis récords Guinness: desde predecir las fechas de un millón de años hasta memorizar 152.202 decimales del número pi.?La primera marca la batí en 1989, cuando saqué la raíz 13 de un número de 100 cifras en 0,15 segundos, menos de lo que usted se demora leyendo una palabra corta. Ese récord lo tenía un holandés que había hecho el cálculo en 28 segundos. Para que se dé una idea, sacar la raíz 13 de un número es más complicado que sacar su raíz cuadrada. Logré también memorizar un número de 220 dígitos después de verlo una vez.?Usualmente doy la respuesta más rápido que una calculadora. Por eso, en España me dieron el título de “Calculista del Siglo”. Sí: soy bastante veloz y, según los psicólogos que conocen mi caso, una de cada mil millones de personas cuenta con esta habilidad.? Habrá notado que lo mío son los números. Lo supe desde que aprendí, a los 7 años, a manejar el ábaco, ese instrumento con bolas de madera que se usaba para sumar, restar y multiplicar antes de que apareciera la calculadora. De tanto practicar, empecé a ver los números y resultados en mi mente, lo cual me ayudó a estimular la lógica y la memoria. Y me volví un experto: a los 12 años ya me había inventado mi propia fórmula para multiplicar.? El truco que creé es sencillo. Se lo voy explicar con la tabla del 5, la más fácil: tome el número que quiere multiplicar por 5, divídalo en dos y agréguele un cero; así obtendrá el resultado. Le doy un ejemplo: 100 por 5 da 500, ¿cierto? Con mi método, usted puede llegar a ese número final así: divida 100 en 2, eso le da 50; agréguele un 0 y listo, le da 500.? Mi técnica enseña las tablas de multiplicar del 1 al 100, no al 10. Hay que empezar por la del 5, y pasar a la del 6, después a la del 4, luego a la del 7… es necesario olvidarse del orden tradicional, pues lo que hice fue crear un lenguaje personal para todas las operaciones. Yo calculo diferente a como enseñan en los colegios, incluso distinto a las calculadoras. Por eso, rara vez utilizo una. Tampoco hago operaciones en papel.?Desde niño aplico la nemotecnia, una técnica de memorización que se basa en recordar a través de imágenes. A cada número le tengo una letra, a veces una oración. Un ejercicio que recomiendo es reaprender el abecedario, dándole a cada letra una palabra, que en su cabeza se convertirá en una imagen: Adán para la A. En mi caso, cuando pienso en la palabra chocolate veo a Adán dándole una barra de chocolate a Eva. Todo empieza por relacionar las cosas. No es repetir, es ver por dentro.?Nunca estudié en la universidad; soy una persona tan común y corriente que el único título académico que tengo es el de bachiller. A los 16 años comencé a jugar fútbol profesional, después de que me gané el premio al Deportista del Año en mi pueblo natal, Málaga, Santander. Luego logré un cupo en la selección departamental, pero me lesioné y abandoné el deporte. ?A partir de ese momento me dediqué a ser un calculista: viajaba por la región, de pueblo en pueblo —Carcasí, Miranda, Enciso…—, enseñando mis técnicas mentales. Pero lo que en realidad me abrió las puertas y me dio a conocer fue una entrevista con el diario Vanguardia Liberal, de Bucaramanga. Gracias a esa publicación, aparecí en el programa Animalandia, con Pacheco, en 1981. Por esa época tenía unos 25 años. De ahí en adelante me empezaron a invitar a conferencias en países como Japón, Alemania, Brasil y Argentina. En Buenos Aires, incluso, estuve participando en SuperCerebros, un programa de National Geographic.? Ahora tengo 59 años y vivo en España, donde trabajo con colegios y universidades, como la Complutense de Madrid. En Bucaramanga queda una corporación que lleva mi nombre, allí les enseñamos a los niños cómo aprender las tablas de multiplicar de manera más fácil. Quién sabe: hasta de pronto alguno de los alumnos llegará a predecir las fechas de más de un millón de años en el calendario y me quitará uno de mis récords. Eso sería buenísimo.?

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