Por A, Aprender jugando, que no es ni lo uno ni lo otro. Y Almuerzos de trabajo: la versión adulta de ese mismo síndrome que consiste en hacer, muy mal, dos cosas a la vez.
En B van los Bazares a beneficio de una buena obra. Compiten, con la misma letra e idénticos propósitos, Banquete, Becerrada y Bingo.
Con C, dos sustantivos femeninos se pelean el primer puesto: Celulitis y Citología. El orden de los vocablos no altera el resultado.
La Ch es para Champaña al clima, servida en copas irrompibles como coctel de bienvenida en el hotel, con 35 grados a la sombra. Y lo peor es que uno se la toma porque se la cobraron en el Plan Todo Incluido, mientras la habitación que uno también pagó sigue ocupada todavía.
Por D, Diapositivas del viaje del vecino a Machu Pichu, con música andina de fondo e interesantes comentarios de la gira, a cargo del desenfocado protagonista de las filminas. Cuando se traba por quinta vez el carrusel y prenden la luz para arreglarlo, ya todo el mundo está dormido.
Por E, Encuestas de opinión. Las opiniones que uno tiene, si acaso, se reflejan en los márgenes de error.
Por F van volando los Funcionarios de Codensa. Ni siquiera los Funcionarios de la DIAN los superan en velocidad y diligencia. Con unas horas de retraso en el pago del primer y único recibo de la luz, nos dejan en tinieblas. ¿No sabrán ellos lo que es un retraso?
Con G de Género, la costumbre de referirse a los niños y las niñas y a los compañeros y las compañeras. Para que todos y todas se sientan incluidos e incluidas, se puede hacer interminable el camino entre dos puntos, sin tener que decir nada.
La H es para Halloween y sus efectos secundarios: la quema de pólvora con el trancón monumental de Bogotá, en medio de un aguacero inexorable. Los disfraces de poliéster que venden en los almacenes de cadena. Y el apestoso olor de ciento un dálmatas mojados pidiendo dulces en la puerta de tu casa, después de haber metido sus patitas en los charcos.
Con I de Intensidad, los niños Índigo. En otros tiempos, a un niño índigo le decían ‘chino inquieto‘. ¿Qué será de nosotros cuando crezcan todos esos inteligentes individuos, recién descubiertos por la ciencia?
Con J, Julio Iglesias, padre e hijo. Jorgito Bush y su papá. Y algunas entrañables parejas nacionales que no digo, para que el ingenioso lector descifre el acertijo.
En K, los Kilos de esa báscula que siempre dice la verdad. Y los Kilómetros eternos de la autopista norte los domingos, sin poner segunda, después de tomar Kumis en Sopó.
Con L, la Lista de los Libros más vendidos; encabezada, inevitablemente, por las memorias de un ex presidente. También la Lista del mercado o de los útiles; las Listas Negras, la Línea de Atención al Cliente y la Letra Menuda de promociones y seguros, siempre precedida por aquella odiosa frase: ‘aplican restricciones‘.
Con LL, la Llamada en espera. Cuando alguien nos somete al martirio de ese timbre en las orejas, no cabe duda: ¡prefiere hablar con otro!... También se atravesó una Llama de Machu Pichu que hizo salir corrida la diapositiva del vecino. (Y un libro de memorias de otro señor cuyo apellido comienza por la LL... ).
Con M, definitivamente, Madrugar. Solo peor que eso y con la misma letra, conjugar Melgar en temporada alta, media o baja.
La N es para Navidad, sobre todo en nuestros tiempos, cuando Noel y Nieve nos atacan desde agosto.
La Ñ está vacante. El lector puede añadir aquí una ñapa.
La O es para esos Órganos que incluyen ritmos de salsa, vals, merengue y zamba. (Peor si el organista canta). Y todavía peores las Orquestas que nos obligan a vociferar el nombre propio y nuestro oficio a ese atractivo vecino de la mesa. Cuando por fin los músicos descansan, estamos afónicos, sin tema y con dolor de oído. ¡Y el vecino ya se ha ido!
Con P, Positivismo. (A los Proactivos Publicistas que piensan que el vocablo es sinónimo de optimismo desbordante, les aconsejo consultar un diccionario). También con P, los Puntos que premian tu fidelidad en el supermercado y que te obligan a comer el doble para reclamar esa vajilla que siempre se ha agotado cuando llegas, o que jamás alcanzas a merecer con tu fidelidad y tu puntaje.
Con Q, Que me presenten a una persona, personalidad o personaje por tercera vez. Que tenga que decir, de nuevo, mucho gusto. Que sepa que a la cuarta, quinta y sexta vez ocurrirá lo mismo. (La única excepción que confirma esta regla, sucede en vísperas de elecciones).
Con R, el Recurso empresarial de llamar Recurso Humano a lo que antes se llamaba Gente. Y la Reingeniería, cuyo nombre hace temblar a todos los Recursos Humanos de la empresa.
Con S, va Shakira, no por ella, sino por su figura de cera, recientemente inmortalizada en un museo de la cadena de Madame Tousseau.
Con T, Terapia de pareja. Equivalente a trabajar, trabajar y trabajar lo que tal vez no tiene arreglo.
La U es para la fobia de Unicentro: destino inexorable todos los años, el Día de la Madre o el 24 de diciembre a mediodía, con la mitad de los regalos sin comprar y buscando un hueco para dejar tirado el carro.
Con V, Vinagre balsámico, por los efectos de una sobredosis. Al comienzo daba un toque exclusivo a la ensalada pero después se convirtió en el lugar común de la gastronomía de zonas rosas. Solo nos falta en la bandeja paisa.
Con W, Walter Mercado, no solo por la línea astral, sino cuando me miro en las vitrinas después de salir de la peluquería y veo que me hicieron un peinado parecido.
Con X, las incógnitas de cálculo y todas sus variables asociadas en problemas matemáticos, desde las tablas de multiplicar y la regla de tres simple, hasta los planos cartesianos. Nunca logré saber quién era ese tal X por el que preguntaban en el Icfes.
Con Y, la Y del mismo plano cartesiano. La variable que te falta si alguna vez lograste descifrar quién era X.
La Z es para Zanahoria cortada en tiritas y acompañada con apio y dip de queso crema, como plato único en lanzamientos o cocteles. Una receta nutritiva, ecológica y económicamente correcta que no logra engañar al hambre ni a los invitados. O dicho de otra forma, un detestable ejemplo de lo que algunos denominan ‘la relación costo-beneficio‘.
Ahora, con la A, le toca el turno de inventar su Abecedario al desocupado lector. Aunque funciona como placer solitario, se aconseja involucrar a tantos jugadores y jugadoras como sea posible. Apto para viajes largos en carro, veladas en fincas sin televisor, fiestas navideñas, reuniones familiares, consejos y otras actividades comunitarias. Como suelen decir los proactivos publicistas, ‘aplican‘
algunas restricciones y censuras.

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